Las fotos que cuelgo en este blog son sólo una excusa para mostrar todos aquellos lugares y personajes que por un motivo u otro más me atraen de esta ciudad caótica llamada Madrid. Si quieres seguir leyendo mis historias puedes hacerlo aquí: http://en99palabras.blogspot.com.es/
viernes, 23 de diciembre de 2011
Cocido escocés
viernes, 9 de diciembre de 2011
Pánico

Para empezar bien este fin de semana -¿Ya es fin de semana o llevamos toda la semana de fin de semana?- os dejo con este artículo de Juan José Millás publicado hoy en El País.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Los mil y un olores de Madrid
martes, 20 de septiembre de 2011
En Madrid nadie da los buenos días

martes, 31 de mayo de 2011
Mejorar Madrid
Demolición del Vicente Calderón, soterrar la M-30 en esta zona, hacer más carriles-bici en la almendra central, rehabilitar plazas cercanas a la Gran Vía, reformar la plaza de España... Grandes proyectos prometidos por el alcalde de Madrid para los próximos cuatro años. Pero Madrid no solo es escaparate, ni zona centro ni ladrillo ni cemento. El Madrid que más me gustaría es este que quiere Gallardón y en el que además desaparecieran los pequeños problemas que pasan casi desapercibidos: aceras minadas de cacas de perros, parques infantiles obsoletos y destrozados, lugares oscuros y peligrosos en los que las farolas brillan por su ausencia, centenares de calles imposibles de reconocer porque no tienen la placa con su nombre, gorrillas que cobran un impuesto revolucionario... Solucionar todo esto también es mejorar Madrid.viernes, 6 de mayo de 2011
Hecha la ley, hecha la casa

martes, 26 de abril de 2011
Con dinero público
Pregunto. ¿Puede un médico de un hospital público cerrar la herida de una operación sin ningún cuidado, dando más puntos de los necesarios o sabiendo que va a dejar una cicatriz horrorosa? Puede, pero no debe. ¿Puede un maestro de un colegio público enseñar a los niños que los argumentos del machismo son adecuados para la sociedad en la que vivimos? Puede, pero no debe.
¿Puede un conductor de una empresa municipal de autobuses saltarse semáforos en ámbar, ir a toda velocidad o pegar frenazos a diestro y siniestro? Puede, pero no debe.
¿Puede una cadena de televisión autonómica pública decir en su página web que tiene un "informativo" nocturno "que analiza de forma plural la actualidad"? Puede, pero no debe.
No se puede decir que analizas lo que ocurre de manera plural cuando los propios presentadores solo comentan la actualidad desde su punto de vista; un punto de vista siempre sesgado hacia el mismo lado. Me da igual lo que opinen estos presentadores, están en su derecho.
Pero no pueden decir que es un informativo cuando lo que se emite es un programa de opinión. Pueden decirlo pero no deben hacerlo... al menos hasta que la cadena pública Telemadrid sea privatizada.
jueves, 10 de marzo de 2011
Mamá
Para hoy os dejo con un microrrelato que nos da una visión bastante real de ese barrio multicultural llamado Lavapiés. En esta ocasión no es mío sino del periodista y escritor Javier Puebla.El viejo cantante de boleros que ahora vende cocaína por los bares.
El mafioso marroquí que se casó con una española y por amor se transmutó en guardia de seguridad.
La coreana que hace un rato te vendió una cerveza en el Deli.
El punki cuarentón que se sigue soñando Peter Pan.
El poli que ha estado toda la tarde patrullando por la plaza para evitar disturbios.
La estudiante de Bellas Artes a quien aterra tener que regresar a Alemania.
El escritor de guiones que acaba de tomarse una caña en el Pakesteis después de gastarse una fortuna en el pipsou de la calle Atocha.
La mujer que espía a las parejas desde su balcón y se imagina que ella es la chica a quien hacen el amor.
Cada uno en un teléfono, en una cabina, de la plaza de Lavapiés. Cuando cae la noche. La noche. Y si se pudiera apagar el ruido de los motores, el murmullo de los televisores y las plegarias de los que rezan, podría escucharse, saliendo de sus bocas pegadas al auricular, y en muy diferentes idiomas: ruso, español, chino, árabe, alemán, serere, una palabra repetida más que ninguna otra: Mamá.
viernes, 25 de febrero de 2011
Mis calles de Madrid
Madrid me gusta por sus calles. Son sus miradas y sus sonrisas, sus maneras de caminar y seducirme, son sus besos. Plazas, calles, cavas, carreras y paseos. Son lugares marcados con las x del pirata. Tesoros. Y tengo tantos. A puñados.Tengo la Calle de los Primeros Besos. La de aquellas farolas que hacían que mis dedos hicieran sombra sobre la tela de tu vestido, y asustados de sí mismos, quisieran buscar refugio un poco más cerca de tu piel secreta. Tengo la Plaza del Banco de los Sueños, la de los partidos con paredes a los muros y regates a columpios de metales oxidados. La de “en la nochevieja del 2000 quedamos en Sol”, la de miradas de lado y poemas en papel de cuaderno arrugadas en el bolsillo. La Plaza de Quedamos después de Fama. También estaba el Parque de las Birras y de Oir a Gomaespuma, el de los Cien Duritos Entre Todos. El Césped de Iros Yendo Que Nosotros Nos Quedamos.
También tengo cariño al Paseo de las Primeras Copas esquina con la Calle de Os Quiero a Todos, con salida al Callejón del Asturias, Patria Querida. Y como no amar a esa Avenida de los Amaneceres, aunque tantas veces la hayan cambiado de sitio. O al Mercado de la Chapa del Che, o de la Cinta Pirata, o quizás de Los Polluelos de Colores, que más que cambiar de sitio, lo que cambiaba era de nombre según fuera el sueño que fueras a comprar. Y no quiero olvidar la Glorieta del Chocolate con Churros, un poco más abajo del Callejón de los Bocatas de Calamares que te Cagas.
He puesto nombre y he inagurado todas estas calles. Con amigos, miradas, deseos, amantes. Con sueños y esperanzas, tristezas y derrotas. Con días de Madrid está bajo mis pies y noches de todo está demasiado oscuro y llueve. Sólo tú y yo hemos recorrido el Paseo del Atardecer de que Azul está el Cielo, o la Calle de la Terraza del Calorcito de Finales de Marzo. Madrid me pone lugares y yo les pongo nombres. Una vez tenía una calle larga que llamé la Carrera de los Programas Dobles. Que narices Gran Vía, si yo se que se llama Avenida de Mirar a Todos Sitios.
Es mi Foursquare de los recuerdos, mi google maps privado lleno de #hastags de sonrisas y momentos. Madrid es a veces mi Cuarto de Estar, mi Biblioteca gigantesca, mi Salón de Baile, mi Palacio. Mi Terraza, mi balcón, mi ventana, mi despacho. Madrid soy yo en sus calles. Y sus calles, sus calles son todas mi casa.
lunes, 7 de febrero de 2011
Sin rastro
Para empezar la semana os dejo con este artículo, de Moncho Alpuente, publicado el pasado día 2 en El País. En él podréis ver su particular versión de El Rastro.Ponerle puertas al campo (Campillo del Mundo Nuevo) y diques a la Ribera de Curtidores para canalizar la corriente, siempre tumultuosa y caótica, del Rastro madrileño ha sido, y parece que sigue siendo, el sueño de los ordenancistas munícipes de la capital. Madrid desemboca en el Rastro; desde su pedestal el héroe de la batalla de Cascorro dirige el tráfico municipal y peatonal. Eloy Gonzalo, héroe y mártir inclusero, inventor del cóctel Molotov y patriótico suicida, fue rápidamente adoptado por el pueblo madrileño que vio en él a uno de los suyos, soldadito de a pie, miembro de la sufrida, desnutrida y mal pertrechada tropa de infantería, carne de cañón de las guerras coloniales que se perdió en Cuba defendiendo las lejanas fronteras de un Imperio decrépito y corrupto.
En su entorno bulle los domingos un enjambre de afanosos clientes, avispados comerciantes y vendedores de ocasión que rematan los restos de sus respectivos naufragios. Hace tiempo que no frecuento este mercadillo castizo y cosmopolita regido por las leyes no escritas de la compraventa transformadas en arte menor, arte del birlibirloque, retórica del regateo y oratoria de charlatán, feria popular y Patio de Monipodio, aliviadero de turistas incautos y ruta de los buscadores de míticos tesoros en pos de la leyenda urbana que tejió una urdimbre de fantásticas adquisiciones, un Goya por cuatro duros o una exquisita pieza de cerámica a precio de ganga por estar algo desportillada. Hace tiempo que no le tomo el pulso a este zoco inmutable y al mismo tiempo en continua transformación que recoge y exhibe las mutaciones que va sufriendo la urbe.
Los puristas del imposible casticismo madrileño llevan muchas décadas predicando que el Rastro ya no es lo que era, que se ha transformado en un mercadillo de ropa y artículos de primera mano y ha perdido su carisma marginal y peculiarísimo. Ya lo decían cuando, a finales de los años sesenta del pasado siglo, hippies greñudos, vendedores de incienso y otras hierbas extendieron junto a la Ribera sus tenderetes de artesanía y cuando a mediados de los setenta confluyeron allí los abigarrados punkis y otras tribus del underground con sus fanzines precursores de todas las movidas: el Carajllo Vacilón, Alucinio, Mandrágora, Bazofia o Katakumba. Ceesepe y García Álix se acodaban en la barra de La Bobia, birra en mano y por allí irían pasando en años posteriores los más conspicuos talentos de la posmodernidad rampante, de la Movida primigenia.
En estos tiempos críticos el Rastro tiene que recuperar su papel como mercado de reciclaje imprescindible, el Rastro resucita en los momentos difíciles, vía de escape, última salida, último recurso de los sin recursos, heteróclito bazar de oportunidades y saldos. El tumultuario Rastro madrileño siempre tuvo un tratamiento especial, un reglamento no escrito, el Ayuntamiento no arrendaba los espacios y los guardias de la porra se cobraban en multas cada domingo el precio del quimérico alquiler. Una vez abonada la multa correspondiente, el vendedor seguía con su puesto, había pagado su tributo semanal y los policías hacían la vista gorda que es lo suyo. La siguen haciendo hoy cuando por enésima vez, el Ayuntamiento y la Comunidad abordan un nuevo plan de ordenamiento, en esta ocasión para ajustarse a las recomendaciones europeas. "El Rastro en un limbo legal" titula su reportaje en estas páginas, María Porcel Estepa que da cuenta de las vicisitudes e inquietudes de sus comerciantes, el limbo está más cerca para ellos del infierno que del cielo porque para los burócratas europeos no existen excepciones límbicas ni peculiaridades históricas.
Las recomendaciones de la UE prestan una buena coartada para los inconfesados y latentes sueños de privatización que figuran en el horizonte de los responsables del Ayuntamiento y de la Comunidad. Los antiguos mercados de abastos, van siendo sustituidos, usurpados, por centros comerciales y franquicias, desplazando de la plaza a los pequeños comerciantes autónomos para imponer las rígidas pautas de las grandes superficies. La insaciable voracidad de los peces gordos acabará con los peces chicos y en los caladeros del Rastro se fragua la revuelta, todas las asociaciones de comerciantes de la zona se opondrían frontalmente a la privatización, avisa su portavoz. Perseverantemente enfermo el Rastro se resiste a una muerte pregonada.

martes, 25 de enero de 2011
Contaminación
Empiezo la semana con este artículo de David Trueba, publicado en El País el pasado jueves. Algunas partes no tienen desperdicio.Madrid le está fumando encima a sus ciudadanos. Lo hace cada día en índices que la comunidad europea ha calificado de ilegales. Mientras tanto, nadie avisa de que hacer deporte en la ciudad es como correr la maratón fumándose un habano. No parece sencillo que la ciudad que celebró hipotecarse a cambio de la accesibilidad en coche tenga ganas de cambiar de modelo. Capital del asma y las alergias, Madrid es una ciudad hospitalaria hasta con el enfisema, somos así.
Los medios, en cambio, se han hecho eco y altavoz de las protestas de los ciudadanos por contaminar con las lenguas del Estado el Senado, esa Cámara que tanto nos apasiona. La idea inmarchitable de que todo idioma de nuestro país distinto al castellano es un invento o una esmerada estrategia para fastidiar, regala a los nacionalismos las lenguas para tejer con ellas su dinámica acogedora frente al desprecio ajeno.
Siempre aparece la bendita excusa, más en tiempo de crisis, de que el dinero no hay que malgastarlo. Pero solo nos informan al detalle de lo que cuestan algunas cosas, no todas. Siempre ese dedo señalador del dispendio apunta contra la lengua o las expresiones artísticas. Por eso la ciudadanía preferirá gastar mil millones en un túnel para coches que 1.000 euros en un traductor.
La prensa jalea las indignaciones populares. Yo hoy no me sumo, me resto, pero si hace falta juro usar el mismo método que Mariano Rajoy con las opiniones más atrevidas de su partido: por la mañana las arropo y por las tardes me distancio.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Poema antinavideño
Como estos días estoy de vacaciones tengo que aprovechar para estar con la familia, que a lo largo del año la tengo algo abandonada. Por eso no me da tiempo a actualizar tanto como quiero, ni tan siquiera puedo dedicarme a preparar entradas nuevas. Por ello os dejo para hoy con un poema de Joaquín Sabina, publicado hace tres años en Interviú, que nos da una versión distinta de la Navidad. El poema se titula "A Belén pastores".vomito si me endosan un villancico,
el niño grande es viejo, bobo y pequeño
y el ángel de la guarda se mete un pico.
La nieve es de garrafa y la nochebuena
mala para las putas y los camellos.
La estrella de Belén… menuda faena
para los palestinos con alzacuellos.
Los mejores deseos y el alma negra,
la ternura peor que el mejor pecado,
qué espanto el arbolito y el matasuegras,
la zambomba, el turrón, la nuera, el cuñado.
Y el Gordo que tampoco toca este año
y el niño que te mete un dedo en el ojo.
Para comer las uvas del desengaño
mejor solo en la trena como el pantojo.
viernes, 3 de diciembre de 2010
El viajero en la Gran Vía
El viajero
Recibido el consuelo de sus hijos, empezó a organizar rutas en la soledad de su casa y, aunque débil, pensó que tampoco tendría que alejarse mucho: alrededor de la Gran Vía estaba el Mundo. Así fue como con unos cuantos billetes y las pastillas necesarias que había conseguido del comprensivo médico, esa misma tarde visitó tres países. Recorrió el delta del Níger y aspiró el olor a mar en los brazos de la oscura Amina, su vista se perdió en las grandes llanuras ucranianas y acarició sus trigales en el pelo de Iryna y en la piel de Wei Ling apreció la delicadeza de la porcelana china y el aroma del cerezo en flor. A la noche, agotado, pensó en los viajes del día siguiente.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Un hombre feliz
El texto de hoy apareció publicado en el periódico "Madrid cómico" en 1895. En él, el escritor Sinesio Delgado, nos demuestra que lo de la crisis no es algo de ahora, y que siempre ha habido y habrá gente que si en los tiempos buenos lo pasa mal, en los malos mucho peor no lo puede pasar. Todo ello visto con el toque de humor de la época.miseria en el país, baja en el crédito,
irregularidades y chanchullos,
desdichas y carencia de dinero...
Yo no he tenido nunca dos pesetas,
como con apetito... lo que encuentro,
me visto con los trapos que otros tiran,
junto al pilón de la Cibeles duermo.
Me importan tres cominos los apuros,
del país, de la Hacienda y del Gobierno;
los médicos mejores de la villa
me asistirán si enfermo
y en un coche gratis
me llevarán al cementerio
Dicen que será malo el año próximo:
¡yo apuesto la cabeza a que no pierdo!
viernes, 19 de noviembre de 2010
Madrid va a reventar
Aunque las entradas relacionadas con la política no son muy comunes en este blog hoy os voy a dejar con un artículo del periodista Enric Juliana, publicado en el periódico catalán La Vanguardia, en el que podemos hacernos una idea de cómo se ve fuera de la capital lo que estos días está ocurriendo en las relaciones Ayuntamiento-Gobierno central.Madrid va a reventar
La profecía del taxista fitipaldi se ha cumplido. Una noche, hace cuatro años –lo recuerdo bien porque faltaba poco para las elecciones municipales–, cogí un taxi un tanto especial. El tipo corría como un loco por la calle Velázquez, filosofando en voz alta sobre el destino de Madrid. Durante un cuarto de hora, desde María de Molina hasta las estribaciones del Bernabeu, bien agarrado al asidero, me sentí protagonista de Noche en la tierra, la película de Jim Jamrusch que retrata el mundo desde cinco taxis nocturnos. (Roberto Benigni, desternillante paseando a un cardenal por las callejuelas de Roma) Aquel era el sexto capítulo. Don Latino de Hispalis al volante. Un Valle-Inclán de Vallecas saltándose los semáforos en rojo en los confines del distrito de Chamartín.
–Le aseguro que Madrid va a reventar. Está cantado que Madrid va a reventar. El pufo será impresionante.
–Perdone, ¿por qué cree que va a reventar Madrid?
–Este tío nos ha endeudado hasta las cejas. Le aseguro que Madrid va a reventar, pero yo a este alcalde le pienso votar. Los tiene bien puestos.
–¿Cómo?
–Oiga, este hombre lleva cuatro años abriendo agujeros bajo tierra; el soterramiento de la M-30, oiga, es espectacular; lo ha puesto todo patas arriba, nos ha endeudado a tope, pero le aseguro que este alcalde acaba las obras a tiempo. Vamos a reventar, pero yo le voto. Sí, señor, a este alcalde yo le voto.
Fue una carrera alucinante. Al bajar en Alberto Alcocer me temblaban las piernas, pero había aprendido algo interesante sobre el alma de la ciudad. La potencia. La bravura. La determinación. La desfachatez. Y esa instintiva convicción de que todo sigue siendo posible en las proximidades del Estado.
En Madrid, las cosas no se diseñan, no se debaten más de la cuenta, ni se cuestionan a la barcelonesa manera –aquí una audiencia vecinal, allá el Foment de les Arts Decoratives, más allá una carta en La Vanguardia; un tema del día en el programa de Josep Cuní y una pancarta en un balcón del Eixample–, en Madrid, las cosas se dictan y ocurren. Ese es su orden.
Madrid, como profetizaba el taxista castizo y visionario, está a punto de reventar. El alcalde Alberto Ruiz-Gallardón acudió ayer a la Moncloa para que el Estado le ayude a refinanciar la monumental deuda del municipio, cifrada en 7.200 millones de euros, cuatro veces lo que deben Barcelona y Valencia juntas.
Zapatero, según la versión oficial, le dijo que no, alegando el riesgo España en los mercados, reactivado estos días por el derrumbe irlandés y el fado triste de Portugal. El rescate de Madrid en el Financial Times tendría su impacto. (Y el PSOE, no lo duden, quiere que las deudas del Partido Popular queden públicamente expuestas. Que se ventilen durante un tiempo. Ruiz-Gallardón sería temible como número dos de Rajoy en las generales.)
Hay tensión. El alcalde desmiente el rumor de que no queda dinero para pagar las nóminas. Los créditos puente crujen y hay unos bonos a devolver que están en manos de bancos alemanes.
Si usted ha comprado títulos del empréstito Castells –los bonos de la Generalitat a interés griego–, olvídese de las bravuconadas inútiles de la campaña electoral y no pierda de vista el agujero de Madrid. Se está fraguando una operación de Estado.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Madera de escritor
Hoy que para muchos es un día movido con todo el tema de la huelga general os dejo una entrada amable para olvidarnos por unos segundos de todo lo demás. Se trata de un microrrelato de Julio Llamazares en el que, para variar, no aparecen hechos históricos, ni monumentos, ni muertes, ni leyendas,... Espero que os guste.Julio Llamazares, escritor
viernes, 10 de septiembre de 2010
La mujer que dio a luz un gato
Lo cuidaba, mimaba, y confeccionaba sus ropas. Acudió a bautizar al animal y le puso por nombre Felipe. La mayoría del barrio creyó en tan sobrenatural parto, un misterio que nadie alcanzaba a desvelar. La madre hizo testamento a favor del gato, pero no resultaba válido, ya que ningún código de leyes admitía en aquellos tiempos que un animal fuera heredero de los bienes de un humano.
Al morir la mujer, se desata la polémica: es necesario cumplir su última voluntad y permitir que el felino se convierta en dueño de sus propiedades; otros pensaban lo contrario. En esas estaban, cuando un buen día el gato desapareció sin dejar rastro. Se acabó la polémica, pero no se aclaró el misterio, pues hubo quien afirmó que el felino había adquirido los mismos rasgos físicos de la mujer y que no había duda de que era carne de su carne.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Enamorado de mi banco
A continuación os dejo con "El Banco", un relato de Santiago Gil incluido en el libro “El Parque”. Quizás sea un poco largo, para aquellos que están acostumbrados a ir por los blogs casi de pasada, pero creo que merece la pena gastar unos minutos en leerlo.Un banco, ese es mi banco, y es todo cuanto tengo en este mundo. Por el día me gusta estar cerca de él para que no le suceda nada. Me fijo bien en qué se sienta y en lo que hace la gente mientras está sentada. Por las noches ya estamos él y yo a solas, y en la confidencia de la oscuridad y el miedo, y un poco también por matar el frío o el calor, nos contamos lo que ha acontecido durante el día. Realmente hablo yo sólo, pero como si fuera dos. Soy capaz de darle al banco la voz que se merece, acogedora, algo solemne, sabia, y por supuesto cómplice y cercana. Me cuenta lo que hablan los viejos cuando están toda la tarde viendo pasar el tiempo antes de llegar a la muerte diaria de sus casas, también de lo que conversan los fumados de marihuana o los borrachos ocasionales, y a veces se pone cachondo y me pide que le acaricie las maderas y el espaldar cuando recuerda los arrumacos y las frases que se repiten los enamorados mientras se meten mano y apoyan las posaderas en sus tablas.
Sólo lo pierdo de vista cuando tengo que ir a buscar algo de comida a un restaurante cercando que me guarda los restos, y cuando me entran ganas de cagar o mear. El resto del tiempo estoy siempre al acecho, vigilante de lo que pase o deje de pasar en mi banco, que es como creo que ya he repetido, lo único que me queda en el mundo. Sí es verdad que cuando a veces me duermo por el día viene la policía y me levanta de malos modos, y también me dice que me vaya del Retiro, que no quieren volver a verme por aquí, pero yo hago como que me voy y luego vuelvo, y entonces lo vigilo más de lejos. Por las noches, en cambio, como mi banco está en medio de los árboles, nadie viene aquí a molestar y puedo dormir con él tan ricamente. Dormir y también hablar, que a él se conoce que le gusta que esté yo aquí sirviéndole de médium y dándole voz y carácter a su existencia.
Realmente, hoy por hoy, me preocupa más el futuro de mi banco que el mío propio, entre otras cosas porque del mío hace tiempo que ya está todo dicho, carne de cañón, borracho con problemas mentales, uno de los tantos mendigos miserables y hediondos que aparecerán muertos en los bancos de Madrid durante los próximos años. Él, sin embargo, mientras no haya una renovación del mobiliario del parque, está condenado a quedarse solo y otra vez en silencio para el resto de la eternidad, y encima aguantando el peso y las conversaciones de todos los que seguirán viniendo a ordenar su vida en estos bancos cada vez con más personas tristes o desequilibradas sobre ellos. A mí la vida me importa un pito, pero pensando en lo que va a ser de él sí me entra un reconcome que a veces no me deja ni dormir: yo se lo hago saber muchas veces, y él calla, y se queda como si no pasara nada, cuando yo sé que también está tan preocupado y tan acojonado como yo con la que se le puede venir encima. Cuando los días me vienen muy mal dados, y les puedo jurar que son casi todos los que el destino baraja en mi contra, me abrazo a mi banco y le digo entre sollozos de borracho llorón que no le dejaré nunca. Son, lo sé, las cosas que tiene la intemperie, pero yo las cuento por si acaso, a ver si cuando yo ya no esté alguien se puede hacer cargo de estas cuatro maderas que tanto y tanto me han querido todos estos años. Mi banco está, yendo en dirección a Vallecas, a unos quince metros a la derecha del camino que conduce del Paseo de Estanque a la estatua del Ángel Caído, en medio de un castaño y de un tilo enorme que sobrepasa al resto de los árboles que hay en esta parte del parque. Debajo de las maderas, si te agachas con cuidado, podrás ver que pone Ulises y una fecha de hace dos años. Ulises, no creo que haga falta aclararlo, soy yo, y ese banco es todo lo que me queda en el mundo. Si me muero, que lo haré a buen seguro un día de éstos, les pido que me lo protejan y que vengan a darle conversación y a acariciarle de vez en cuando. A lo mejor no consiguen que les hable, pero les aseguro que les quedará eternamente agradecidos. Y yo también.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Monólogos al lado del estanque
La crisis ha llegado al parque del Retiro en forma de maná para los echadores de cartas: controlo su clientela y me parece que ha aumentado en los últimos domingos. La gente no va a que le digan el futuro cuando es feliz, que la felicidad es muy absorbente y no deja hueco más que para la dicha.
La gente se sienta o se derrumba frente al astrólogo cuando no tiene nada que perder, cuando no pueden predecirle nada peor de lo que ya le pasa.
-Vas a conocer a un señor extranjero -oí que le decía un echador a una dama vestida de negro.
Parece que los señores extranjeros pueden volver a funcionar como príncipes rescatadores. Uno creía que el extranjero estaba desmitificado desde que nos habíamos convertido en emigrantes de nosotros mismos. Pero hay quien piensa que no, que la felicidad viene de afuera, sin darse cuenta de que se puede ser de fuera habiendo nacido dentro.
Ayer, en el Retiro, a la hora del crepúsculo, mientras los brujos echaban las cartas a las señoras de negro, las familias echaban miguitas de pan a los peces del estanque.
-Parecen ratas -dijo un niño.
Es verdad, el modo en que sus cuerpos grises hervían en torno a la comida evocaba un grupo de roedores despedazando una inmundicia. Al otro lado del estanque, entre las estatuas, se apreciaba una multitud de gente quieta, como a la espera de que el crepúsculo pasara para ponerse en movimiento.
Me senté en un banco, junto al tenderete de una pareja argentina que hace guiñol. A mi lado había un tipo en chándal comiéndose un helado y sonriendo. Tenía el cuello agrietado por alguna enfermedad e intentaba cubrirse las llagas con la mano libre.
-No puedo dejar de hablar conmigo mismo -dijo.
Compuse un gesto neutral, que no invitaba a hablar, aunque tampoco a callarse. Decidió seguir:
-O sea, empiezo a hablar cuando me levanto y ya no paro hasta la noche. Es agotador.
-¿De qué te hablas? -pregunté.
-De todo. El semáforo está rojo, por ejemplo, y me digo vaya, está rojo, a esperar tocan. Entonces se pone verde y digo bueno, vamos a cruzar, que para eso hemos realizado la inversión, la espera. Entonces me fijo en alguien y cambio de conversación. Ése es igual que mi padre, digo, mi padre tendría la edad de ése si viviera. Bueno, es todo el rato así, diciéndome cosas. Resulta agotador.
El sol se había puesto a nuestra espalda; las personas perdían identidad, transformándose en siluetas. Todo continuaba en movimiento, pero a la vez todo parecía quieto, como si la gente no avanzara a pesar de mover los pies.
-Por lo visto, le pasa a todo el mundo -continuaba el del cuello agrietado-; todo el mundo mantiene un coloquio permanente consigo mismo, lo que pasa es que no se dan cuenta. Yo me he dado cuenta desde lo de la enfermedad porque cuando vas a morir te enteras más de las cosas.
En esto observé que un tipo metía en el bolsillo de otro unas pinzas largas, de madera, extrayendo con sorprendente limpieza unos billetes que recogió un tercero. Vi pasar a la dama oscura destinada a conocer a un señor de fuera; movía la cabeza como si se diera la razón. De súbito, tuve el sentimiento de que yo era real, como todo cuanto sucedía a mi alrededor en aquel crepúsculo infinito.
-Sigue hablando -rogué al sidoso, y me hundí en ese modesto bienestar que sólo proporcionan las cosas reales.
viernes, 6 de agosto de 2010
La leyenda del cazador
Esta historia está escrita por Ángel del Río, cronista de la Villa y fue publicada en la edición digital del periódico Ya. Cuenta una vieja leyenda, de esas que adornan la historia imaginativa de Madrid, que en tiempos remotos, una partida de cazadores salió a los entonces abundantes y frondosos bosques madrileños situados a extramuros de la Villa, con el ánimo de llevar a cabo una cacería de osos, de la que no obtendría carne para alimentarse, pero sí pieles para comerciar con los vecinos y rivales segovianos.
En uno de los parajes más recónditos, dos de la cazadores se dieron de bruces con una covachuela a cuya entrada andaba confiado un enorme y precioso ejemplar de oso. Los hombres se miraron y con un gesto de complicidad dispararon al unísono sus escopetas, abatiendo al plantígrado, que rodó por los suelos herido de muerte.
Mientras desollaban al animal, escucharon un doloroso rugido que procedía del interior de la cueva, donde hallaron a la osa envuelta en un desconsolado llanto, mientras cuidaba de dos pequeños oseznos. Los cazadores quedaron impactados por la escena, decidieron cuidar a la osa y para resarcirla del año que le habían producido, le otorgaron el privilegio de incorporarla al escudo de Madrid. De ahí que se diga, por esta leyenda y por otros argumentos más eruditos, que el animal que figura junto al madroño es una osa y no un oso.
La leyenda podría repetirse en estos tiempos, donde una partida de cazadores sale de montería; dos de ellos se separan del grupo para una caza más selectiva, se adentran en el bosque, que en la antigüedad pudieron ser los terrenos donde hoy se haya la plaza de Colón y la calle de Génova.
Ven sobrevolar el cielo una bandada de pájaros. A falta de presas mayores en su punto de mira, deciden disparar contra la bandada de aves, y abaten a una de ellas. Y se llevan la gran sorpresa cuando comprueban que se trata de una gaviota, un ave marina en pleno secano mesetario. Uno de los cazadores, sediento de caza mayor, justifica su frustración: “Ave que vuela, a la cazuela”. Y dan por finalizada la montería que se queda en caza menor, después de meterle plomo en las alas a la sorprendida gaviota.
Moraleja: si tiras como un idiota, en vez de cazar un oso, cazas una gaviota.

