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martes, 19 de noviembre de 2013

El primer fast-food español

La imagen está tomada en la calle del Carmen esquina con Rompelanzas. 
"Mi primer recuerdo de la Gran Vía es una sensación resplandeciente, los anuncios luminosos de la Torre de Madrid donde destacaba el color parpadeante de las pistolas Astra, el aroma de los perritos calientes de Bravo's, y esa señora exuberante en un cartel anunciando un turbador mundo desconocido: Silvia Legrand, la Perla de Cuba, estrella del cabaret J'Hay"

Jorge Berlanga, escritor y guionista 

Bravo´s fue la primera cadena “fast food” española. De todos los locales que llegó a tener solo ha aguantado a las multinacionales extranjeras el que aparece en la fotografía.

P.D. Esta entrada la tenía programada para mañana miércoles, pero hoy he pasado justo por delante de este local y he visto un carterl diciendo que el local ya estaba adquirido por otra empresa, y por debajo de los paneles que tapaban la fachada se veía cómo estaba todo el local derruido.




viernes, 27 de septiembre de 2013

La metralleta




Situada en la Plaza de las Descalzas, La Metralleta es una de las tiendas de Madrid con más solera si lo que te gustan son los discos de segunda mano. Uno de esos lugares en los que puedes pasar un rato largo rebuscando sin que nadie te agobie.





miércoles, 17 de abril de 2013

La fachada de Taboó


Las fotos se corresponden con la fachada de Taboó, sala de conciertos situada en el número 23 de la calle San Vicente Ferrer. (si deseas información de la sala pincha aquí)


En este mismo local estuvo anteriormente la mítica sala "Elígeme" uno de los locales de referencia de la movida madrileña.



domingo, 31 de marzo de 2013

Los recuerdos que han salvado al Café Gijón


El Café Gijón fue declarado en mayo de 2012 "Bien de Interés Cultural". Madrid lo protege frente al cambio de concesión que hubo de su terraza. La cafetería permanecerá definitivamente intacta gracias a las anécdotas que esconde en cada rincón. (Video de "El Confidencial Digital")



jueves, 29 de noviembre de 2012

La Central llega a Madrid


El 11 de septiembre se inauguró en Madrid, junto a Callao, la libreria La Central, que completa así su presencia en la capital después de sus tiendas en el Reina Sofía y en la Fundación Mapfre.


En esta librería, fundada en Barcelona, además de disponer de un amplísimo catálogo de libros, dispones de una sala de lectura, puedes comprar objetos de escritura y papelería, jugar al futbolín o tomar algo en su cafetería. 


Además cuenta con lo que llaman "el garito", donde no he entrado cuya función es la de tomarte una copa, incluso fuera del horario de apertura de la librería.


La librería, situada en la calle Postigo de San Martín, ocupa las tres plantas, que rodean a un patio central, de un edificio rehabilitado, construido en el año 1880, en el que se han conservado alguno de sus elementos originales como la escalera de madera o algún artesonado.


El objetivo de sus dueños es utilizar sus 1200 metros cuadrados para seducir a sus clientes con sus más de 70.000 volúmenes.  

La primera tienda de La Central abriió en Barcelona en el año 1996. Con la de Callao son ya ocho tiendas las que tiene la compañía. Su horario de apertura es de lunes a sábado de 9:30 a 22:00 h, y los domingos abre de 10:00 a 22:00 h.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

El sanatorio de muñecos


El Sanatorio de Muñecos es un taller especializado en la reparación de muñecas antiguas y nuevas. Da igual cómo se encuentra esa muñeca que te alegró la infancia y ahora te gustaríia que fuese para tu hija , aquí se encargarán de dejártela como nueva. Esta tienda está situada en la calle Preciados, frente a la FNAC, desde el año 1916, y curiosamente tiene como vecinos a una clínica dental y una farmacia.


lunes, 8 de agosto de 2011

El nuevo mercado de San Antón

Después de cinco años de obras, el pasado mes de mayo volvió a abrir sus puertas el Mercado de San Antón. Situado en Chueca, es éste otro ejemplo de esos mercados de toda la vida que cierran sus puertas para dar paso a un mercado en el que lo de menos es que los vecinos hagan su compra diaria, sino que se busca un estilo de nuevo en el que las delicatessens y los precios nada económicos se hacen los dueños (ver Mercado de San Miguel)

El mercado se divide en tres alturas, tiene 7.500 metros cuadrados y 26 puestos, entre ellos un restaurante en la terraza que te permite disfrutar de unas agradables vistas del cielo madrileño. Según algunos de los vecinos el mercado no ha pensado para nada en ellos sino que está orientado únicamente a los turistas.

Yo estuve hace unos días y como iba con bastante prisa no me dio tiempo a hacer fotos en condiciones así que os dejo con el vídeo que tienen colgado en su página web para que os podáis hacer una idea de lo que hablo.

jueves, 4 de agosto de 2011

El café de los cagones

Lógicamente nadie con ganas de prosperar en el negocio podría ponerle este nombre a un local sino que ésta era la forma que tenía la clientela de llamarle. Este lugar, situado en el 4 de la céntrica calle Carretas, se llamaba en realidad Café Pombo, y tuvo su origen en una antigua botillería del siglo XVIII.

Parece ser que la leche merengada y un sorbete de arroz con leche eran dos de sus especialidades y fue éste último el que dio orgien al apodo ya que durante un tiempo era el remedio ideal si querías pasar un par de kilos de forma rápida. Era tomarlo y padecer colitis casi al instante.

Este café fue inmortalizado por Gutiérrez Solana recordando las famosas tertulias de Gómez de la Serna, celebradas todos los sábados desde 1915 hasta 1937. Al acabar la guerra su clientela pasó a estar formada por prostitutas del cercano Café Zaragoza, al que los más ingeniosos le llamaban el Café de la Sífilis. En el año 1942, visto lo visto, el café cerró sus puertas para siempre.

jueves, 31 de marzo de 2011

La terraza del Círculo de Bellas Artes


Esta semana he podido sacar unos minutos de tiempo y al fin pude cumplir una de mis asignaturas pendientes, subir a la terraza del Círculo de Bellas Artes. Por dos euros que cuesta la entrada puedes disfrutar de una panorámica fabulosa de Madrid.

Os dejo con unas cuantas fotos hechas con el móvil para abrir boca, y os animo a todos aquellos que no hayáis subido que vayáis buscando un hueco en vuestra agenda. ¡Ah! y llevaros una cámara buena de fotos. Os aseguro que merece la pena. Yo, seguro que repito.

lunes, 17 de enero de 2011

El día que Harrison Ford despreció la tortilla española

Para comenzar la semana os dejo con este artículo, publicado ayer en La Razón, escrito por Jesús Mariñas, en el que podemos saber algo más sobre la reciente visita de Harrison Ford a Madrid.

En otro tiempo acabaríamos en el campo del honor buscando desagravio. Mientras el revolucionario Ferran Adriá internacionalizó el cuestionable cóctel de tortilla deconstruida –que tiene de tortilla lo que yo de budista–, Harrison Ford parece no haberse enterado del boom mundial de nuestra gastronomía. Mientras el cocinero catalán remata El Bulli buscando el cambio y hasta ofrece «paquetes» de grupo como masivo adiós para un máximo de cincuenta comensales por sesión, Indiana Jones casi mostró respulsión, gesto asqueado y evidente reparo cuando intentaron hacerle probar ese manjar de dioses que mi madre preparaba como nadie. Mis amigos nos llamaban «los tortilleros», por lo experta que era ella haciendo hasta una decena para la masiva comida dominguera –pobre mamá–.

Menos mal que a la exquisita Lourdes Delgado, redactora de «Espejo Público», no se le ocurrió ofrecer al actor una degustación de los huevos estrellados de Lucio cuya fórmula mantiene en secreto el castizo restaurador, tan exquisitos como el cocido de Lhardy, o la gallina en pepitoria de Ciriaca. Por hacer una gracieta y sacarlo de su impenetrabilidad sin gestos, la pizpireta Lourdes le puso delante una suculenta tortilla de la que extrajo un cuarto. Harrison olisqueó, torció el morro, miró de soslayo y su gesto casi provocó un patatús en la decena de empleados de la distribuidora que lo tomaron como agravio. Pusieron gesto de repudio, contribuyendo a la repulsa del casi setentón.

«Mister Ford, es un plato muy típico. Junto a la paella, lo más representativo de la cocina española», insistió Lourdes tortilla en mano . Pero no hubo manera y se tensó el diálogo. «Nosotros hacemos un programa matinal, el de Susanna Griso, similar al que vemos en la película que protagoniza. Mister Ford, también nos levantamos a las cuatro de la mañana y ofrecemos actualidad. Mire –y le mostró una foto del estrellón de Antena 3–: ésta es Susanna.

¿Le gustaría copresentar con ella?», bromeó. Harrison echó otra ojeada de refilón, insistió en el cansino gesto de fastidio y soltó un «no» molesto inexplicable. Le hicieron el coro los que estaban a su servicio y uno entendió cómo ha cambiado Hollywood desde que Orson Welles, Deborah Kerr, Sean Connery y Ava Gardner se extasiaban con nuestro tipismo. Él se lo perdió, porque la racial «omelette» estaba para chuparse los dedos. Igualito que Lourdes. Por cierto, cuánto podría contarnos María José Riscal de las paellas que enloquecían a Sinatra.

viernes, 12 de marzo de 2010

Un cocido en La Bola

Después de la entrada que hice hace un tiempo sobre Malacatín, y en mi interés por probar otro de los más famosos cocidos de Madrid, el miércoles pasado fui a comer junto a dos compañeros de trabajo al Restaurante La Bola.

Para el que no lo conozca, está situado en la calle de la Bola, muy cerca de la Plaza de Oriente. Su historia se remonta al año 1870 cuando Cándida Santos "La Rayúa" transformó una antigua botillería, frecuentada por obreros y estudiantes, en restaurante familar que, transcurrido más de un siglo, sigue manteniendo viva la esencia de sus inicios.

Su plato estrella es sin duda el cocido madrileño, cocinado en pucheros individuales de barro, a fuego lento, y con carbón de encina. Cuando allí llegas ya tienes en la mesa un plato con aceitunas, mantequilla y el pan. Después te sirven en un plato los fideos secos, sin caldo, y sobre ellos vierten, a cada comensal de su propio puchero, el caldo.

Para rematar la faena te echan, del mismo puchero, los garbanzos ya mezclados con la carne. De acompañamiento sirven repollo rehogado, y por último colocan en el centro de la mesa un plato con guindillas, cebolleta y tomate. Además pedimos una botella de vino de la casa (un Rioja que estaba bastante bien), tres postres de buñuelos de manzana con helado y tres cafés. Por todo ello nos soplaron 99.90 euros, es decir, algo más de 5500 pts por cabeza.

A pesar de que reconozco que el cocido estaba bastante bueno, haciendo balance creo que me fui un poco desencantado. Nos habían dicho que ponían unas cantidades de cocido bastante grandes y que era prácticamente imposible acabárselas pero la verdad es que los tres que nos juntamos nos quedamos con ganas de algo más, quizás si no hubiéramos estado antes en Malcatín la historia seria distinta.

Teniendo en cuienta esto, creo que el precio sube un poco, ya que si vas a comer cocido a un determinado sitio, a unos 33 euros por cabeza, al menos debes salir del sitio sintiendo que no eres capaz de comer más, y a nosotros eso nos faltó. Para que os hagáis una idea de la opinión de uno de mis compañeros os dejo un enlace a un comentario suyo sobre esta comida.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El paraíso de los navajeros

"Por orden facultativa compre en esta casa".
"Soy Viñas el perfumista, figura destacada en el soñador mundo del perfume".
"Señora, caballero, si aquí hace sus compras será afortunado".
"Perfumes de fantasía a granel".

Todos estos carteles, y muchos otros, se suceden sin parar en la pequeña fachada de este establecimiento situado en la calle Atocha 62, justo en la confluencia con el Pasaje Doré. Se trata de la Cuchillería Comercial Viñas, un lugar en el que junto a frascos de colonia de la de toda la vida, puedes encontrarte con el mayor surtido de tijeras, navajas, cuchillos, machetes, y similares de todo Madrid.

En sus pequeños escaparates y en los pocos metros que tiene el local nos encontramos con un verdadero santuario a los objetos punzantes, que habría hecho las delicias de todos aquellos quinquis que aparecían en las peliculas de los directores Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma o de bandoleros de la talla de Luis Candelas o el Tempranillo.

Este paraíso de los afiladores y de los amantes del pachuli, administrado por un matrimonio ya entrado en años, es uno de los pocos locales castizos que por suerte aún sobrevive al empuje imparable de los ciudadanos chinos y su obsesión por copar todos los pequeños comercios de Madrid. Merece la pena darse una vuelta por allí y recordar parte de ese Madrid que día a día se va perdiendo.

"Las tijeras que hacen su felicidad".
"Su salud depende del dentífrico con el que limpie su dentadura. Consúltenos".
"Esta casa es de fama internacional con sus navjas, tijeras y cuchillos de temple especial".


lunes, 14 de septiembre de 2009

Una peluquería centenaria

A no ser que tengas una máquina en casa o tengas algún conocido que se le dé bien trabajar con la maquinilla o las tijeras, darte una vuelta por la peluquería es algo por lo que, tarde o temprano, todos tenemos que pasar. En mi caso, desde hace ya algo más de diez años, este ritual se cumple siempre en el mismo sitio, el Kinze de Cuchilleros, una peluquería centenaria situada en la calle Cuchilleros, junto a la Plaza Mayor.

La historia de este local comienza un frío dos de enero de 1900 cuando Eladio Gurumeta, junto a ocho oficiales y un aprendiz, se dispone a abrir por primera vez las puertas de la nueva barbería encargada de arreglar las pobladísimas barbas de los madrileños de la época.

Hoy, algo más de 110 años después, y aunque el local ha sufrido alguna reforma, sigue conservando su esencia. Y es que a pesar del tiempo que ha pasado desde su apertura, el negocio apenas ha cambiado. Quizás uno de los cambios más significativos es que ahora ya casi nadie se afeita y la mayoría de los que aquí vienen lo hacen únicamente para que les corten el pelo. Eso sin olvidar otro cambio importante, y es que ahora los piojos ya no son inquilinos inseparables de los que allí acuden, algo que siempre es de agradecer.

Rafa y Alfonso, sus actuales dueños, continúan cada mañana abriendo su negocio, dispuestos a adecentar los cabellos y barbas de todo aquel que lo desee. Rafa lleva ya 46 años en este local y sus inicios en la profesión fueron idénticos a los de otros chavales de la época que querían ganarse la vida tirando de navaja y tijeras. Entonces para ser peluquero había que pasar un proceso de aprendizaje que consistía en barrer el suelo, poner los abrigos a los clientes y observar con todo detalle el trabajo de los profesionales. Todo ello sin cobrar un duro de sueldo y esperando únicamente a que los clientes se estiraran con las propinas.

Hoy El Kinze de cuchilleros, como se ha rebautizado hace poco tiempo, tiene el honor de ser la peluquería más antigua de Madrid y el mérito de haber sobrevivido a todas esas cadenas de peluquerías que día a día se abren en la capital. No hay duda de que el secreto de su éxito tiene mucho que ver con el trato que aquí recibimos, y es que al entrar ya sabes que vas a tener un buen servicio y vas a pasar un rato ameno charlando de las noticias del día, del fútbol o de lo que se tercie, sentados en sus antiguos sillones giratorios estilo americano. Y todo por diez euros y medio.