Las fotos que cuelgo en este blog son sólo una excusa para mostrar todos aquellos lugares y personajes que por un motivo u otro más me atraen de esta ciudad caótica llamada Madrid. Si quieres seguir leyendo mis historias puedes hacerlo aquí: http://en99palabras.blogspot.com.es/
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lunes, 15 de julio de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
La Plaza de la marginación
"En el barrio la llaman Plaza de los cines Luna, incluso cuando cerraron los cines. Ha sufrido reformas y cálculos, desde poner en mitad de los bancos públicos un hierro para que los mendigos no puedan tumbarse (idea de Álvarez del Manzano), hasta querer meter bajo la alfombra de granito a los sin casa y sin rumbo. Pero nada funciona, una ciudad es también la expresión a voces de la marginación en pleno centro"
David Trueba, director de cine.
jueves, 14 de marzo de 2013
miércoles, 16 de enero de 2013
La leyenda de la calle de los Mancebos
(Todas las fotos de esta entrada están tomadas en esta calle)
La llamada Calle de los Mancebos se encuentra en el barrio de La Latina, y va desde la Costanilla de San Andrés hasta la calle de la Morería. Hay quien cuenta que el nombre de la calle se debe a que a este lugar daban los aposentos de los pajes del marqués de Villafranca, hoy sede de la Real Academia de Ingeniería.
Sin embargo hay otra leyenda que cuenta una historia mucho más jugosa sobre el nombre de la calle. Esta otra dice que el nombre se le dio en memoria de los dos jóvenes que aquí fueron ejecutados tras ser declarados culpables de la muerte del rey Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII, que había subido al trono con 11 años.
Parece ser que el 6 de junio de 1217 estaba el rey, que entonces contaba con 13 años, jugando en el patio del palacio episcopal de Valencia y de repente cayó una teja desde la torre y le mató. Deprisa y corriendo se acusó a dos jóvenes de haber arrojado la piedra por lo que se les apresó y se les trajo a Madrid donde se les encerró en la torre de la casa de los Laso de Castillo. Posteriormente fueron degollados en la actual calle de los Mancebos, y finalmente fueron enterrados en la Iglesia de San Andrés.
Debajo de este párrafo se puede apreciar parte de la muralla cristiana de Madrid edificada entre los siglos XI y XII, una vez que la villa pasó a la Corona de Castilla. Fue construida como una ampliación del primitivo recinto amurallado (siglo IX), de origen musulmán, para dar cabida a los nuevos barrios surgidos tras la Reconquista. Con el establecimiento de la Corte en 1561, quedó en desuso, demoliéndose prácticamente en su totalidad. Los restos se encuentran en los números 3 y 5 de esta calle de los Mancebos.
miércoles, 24 de agosto de 2011
La calle de la Salud
Situada entre Gran Vía y la calle del Carmen, se encuentra la llamada calle de la Salud. Para conocer el origen de este sano nombre hay que remontarse hasta la época de los Reyes Católicos cuando la peste bubónica hizo que los pobladores de Madrid cayeran como chinches. Según se cuenta únicamente aquellos que vivían en las inmediaciones de esta calle fueron los que salieron ilesos de esa epidemia y el motivo hay que buscarlo en su alimentación. Parece ser que ésta consistía en verduras cultivadas por ellos mismos y carne obtenida a partir de los animales que allí se criaban. Una vez remitió la peste, se empezó a llamar a esta zona el barrio de la Salud y con el tiempo una de esas calles alcanzó tal nombre.
sábado, 20 de agosto de 2011
La nueva Plaza de Isabel II
jueves, 23 de junio de 2011
Casa Bringas, o regateas o la pringas
La Travesía de Bringas, denominado antiguamente como cobertizo de San Miguel, es una pequeña calle situada entre la Cava de San Miguel y la calle Mayor. Parece ser que su nombre se debe a un comerciante que se instaló aquí a finales del siglo XVIII, en la esquina con la calle Ciudad Rodrigo, donde actualmente hay una cervercería.Antonio Bringas vendía alpargatas, sedas, hierbas medicinales, tabaco, pero no era conocido en el barrio por eso sino por su afán de ponerle a todos sus productos un precio desorbitado. Todo el que allí acudía sabía que tenía que echarle el mismo morro que el dueño, si no quería salir con la cartera esquilmada. Parece ser que a regañadientes Antonio siempre hacía un pequeño descuento sobre el precio original por lo que poco a poco fue haciéndose popular entre los vecinos de la época la siguiente frase: "si compras en Casa Bringas o regateas o la pringas".
miércoles, 14 de abril de 2010
La calle del azotado
En la edición impresa del periódico Qué de este lunes aparecía un artículo en el que se afirmaba que la calle de Grafal, con más de siete siglos de antiguedad, era posiblemente la más antigua de Madrid. Lo que no contaba este artículo es la leyenda asociada a esta calle.En la actual calle de Grafal, vivió hace unos siglos Hernán Carnicero, personaje que había llevado una vida plácida hasta que algún tipo de gafe se apoderó de él. Todo comenzó cuando las autoridades de la villa, debido a una denuncia anónima, supieron que Hernán le había cogido el gustillo al visitar a horas intempestivas a una de sus vecinas, Mary Gonzalbo (no se sabe si con permiso de ella o no).
Alegando que sus visitas tenían fines deshonestos, las autoridades condenaron a Hernán a ser azotado y a ser paseado en público a lomos de un asno. Para más inri la sentencia aclaraba que parte de esos azotes debía recibirlos delante de su casa. Tras una monumental paliza Hernán fue ingresado en el Hospital General donde tuvo que curarse por partida doble, ya que al daño físico recibido se le sumó el recuerdo de las burlas recibidas por parte de sus vecinos.
Al volver a casa comprobó que el asunto no estaba olvidado, y es más, las chanzas hacia él iban en aumento. Al no querer soportar más humillaciones de nadie Hernán decidió deshacerse de su casa, vendiéndola o alquilándola, pero comprobó que nadie estaba interesado en ella ya que había pasado a conocerse como la casa del azotado y por alguna incomprensible razón nadie quería vivir allí.
Harto de su suerte, una noche Hernán decidió acabar con su mal fario, y procedió a quemar su casa. Lastimosamente, el gafe seguía con él y las llamas se extendieron a las viviendas contiguas que acabaron también reducidas a cenizas. A partir de aquí la leyenda varía ya que hay quienes cuentan que Hernán fue arrestado y pasó buena parte de su vida a la sombra, mientras que otros afirman que tras comprobar el desastre causado puso pies en polvorosa, dejó al gafe atrás exhausto, y nunca más se supo de él.
Sea como fuere cuando la zona en la que estaba su vivienda se reconstruyó pasó a denominarse como calle del Azotado, y se tomó la costumbre de llevar hasta allí a todas aquellas personas castigadas por las autoridades a sufrir el mismo castigo. En el año 1747 la calle del Azotado cambió su nombre por el de calle de Grafal, en honor al Marqués de Grafal, corregidor de la villa, que vivió en este lugar.

martes, 19 de enero de 2010
Carabanchel
Carabanchel de Suso y de Yuso, Carabanchel de Arriba y de Abajo, Carabanchel Alto y Bajo, o simplemente Los Carabancheles, son algunos de los nombres con los que se ha conocido a lo largo de los años al actual Distrito de Carabanchel, constituido hoy día por los barrios de Comillas, Opañel, San Isidro, Vista Alegre, Puerta Bonita, Buenavista y Abrantes.
Los Carabancheles eran en su origen dos pueblos dedicados principalmente a la agricultura y la ganadería, que debido a sus benignas condiciones medioambientales se convirtieron a partir del siglo XIX en zona residencial y de veraneo para las familias más acomodadas de la capital. Existieron como municipios independientes de la villa de Madrid hasta hace relativamente poco. De hecho fue el 9 de enero de 1948 cuando se publicó el Decreto que autorizaba su anexión a la capital, hecho que se concretó formalmente el 29 de abril de 1948.
Su anexión se produjo cuando terminada la Guerra civil, el bando vencedor decidió que para darle más empaque a la capital y poder asemejarla a las demás capitales europeas era necesaria su ampliación. Así, en sólo siete años (1947-1954) Madrid se anexionó por este orden Carabanchel Alto, Carabanchel Bajo, Chamartín, Canillas, Canillejas, Hortaleza, Barajas, Vallecas, El Pardo, Vicálvaro, Fuencarral, Aravaca y Villaverde.
Todavía puedes encontrar en la Plaza de Carabanchel Bajo algunos recuerdos del pueblo que un día fue este barrio. Por ejemplo allí sobreviven elementos tan característicos como la iglesia de San Sebastián Mártir o el antiguo ayuntamiento. Incluso si te fijas podrás ver como en una pequeña fuente que hay en la plaza aparece una inscripción de 1936 que nos indica que fue instalada allí por el Ayuntamiento de Carabanchel Bajo.
"El buzón de las palabras" acompaña a todos estos elementos históricos. Este monumento, instalado en 2005, representa a un niño que escribe sobre una gran esfera fragmentos de “La historia interminable”. Simboliza los conceptos de tolerancia e igualdad entre los hombres, y realmente no podía haber tenido mejor ubicación ya que estos dos conceptos son inherentes al barrio. Y es que si durante la década de los 60 fue lugar de acogida para trabajadores de otras regiones de España, en su mayoría extremeños y andaluces, hoy es uno de los puntos de llegada de los extranjeros que vienen a ganarse el pan a la capital.
viernes, 15 de enero de 2010
El callejón del Gato
MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.DON LATINO: ¡Estás completamente curda!
MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO: Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del Gato.
MAX: Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta, Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO: ¿Y dónde está el espejo?
MAX: En el fondo del vaso.
DON LATINO: ¡Eres genial! ¡Me quito el cráneo!
MAX: Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de España.
DON LATINO: Nos mudaremos al callejón del Gato.
MAX: Vamos a ver qué palacio está desalquilado...
Este fragmento de la conversación entre Max Estrella y don Latino (escena duodécima de "Luces de Bohemia") se desarolla en la angosta calle de Alvarez Gato, poeta madrileño del siglo XV. Este lugar, conocido popularmente como el callejón del gato, fue el elegido por Valle-Inclán como templo del esperpento. Y es que, según el escritor, sólo gracias a la visión deformada de la realidad que nos mostraban los espejos, era posible comprender la realidad política de la España de aquel momento.
Hasta aquí acudían hasta hace unos años los niños, y los no tan niños, para verse reflejados de forma caricaturesca en sus espejos deformantes, uno cóncavo y otro convexo. Esos espejos, de cuerpo entero, hoy ya han desaparecido y tan sólo quedan allí unas pequeñas copias situadas en un local dedicado a la venta de "patatas bravas".
Aunque los espejos no sean los mismos, es posible que éste pueda ser un buen lugar para mirarnos y reírnos un poco de nosotros mismos, que siempre viene bien. Es cuestión de probar.
lunes, 28 de diciembre de 2009
La calle del Pez
Es posible que estos días hayas quedado saturado de oir como daban campana sobre campana, de cómo la Virgen se peina o de cómo bebían agua los peces en el río. Por si aún te queda un hueco para escuchar algo relacionado con los peces hoy me ha dado por recordar el origen del nombre de la calle del Pez, situada en el barrio de Malasaña.Hasta el siglo XVIII esta calle fue conocida como "calle de la Fuente del Cura" ya que aquí estaba situada una gran finca, propiedad del sacerdote Diego Enríquez, en la que había una enorme fuente. Con la llegada de Felipe II a Madrid, el sacerdote vendió la mitad de sus terrenos al monarca para que en ellos se construyeran viviendas, y la otra mitad a Juan Coronel, Marqués de Escalona.
En la parte del marqués había un gran estanque con multitud de peces, que hacían las delicias de su hija, doña Blanca. El idilio entre los peces y la niña se vió truncado cuando comenzaron las obras para construir la nueva casa de don Juan. Los albañiles utilizaban esas aguas para sus trabajos de construcción y con las sucesivas idas y venidas el agua del estanque qudó tan sucia que los peces uno a uno fueron muriendo. Llegó el momento en el que sólo quedo uno, y fue en éste en el que Blanca volcó todo su cariño.
Una vez finalizada la obra, Blanca y su padre limpiaron el estanque para meter al pez dentro, pero desgraciadamente el pez no pudo disfrutar de él ya que murió. La pena se apoderó de doña Blanca que no supo superar la muerte de su pez y acabó metiéndose a monja en el vecino convento de San Plácido. Don Juan afligido por la pena mandó esculpir un pez de piedra en la entrada de su casa, símbolo que se ha ido respetando con el tiempo y que todavía hoy se mantiene allí.
lunes, 26 de octubre de 2009
La calle más larga de Madrid
Alguna vez me he encontrado por la red algunas polémicas sobre cuál es la calle más corta de Madrid, estando la mayoría de las veces la duda entre la calle Rompelanzas y la calle Madrid. Sin embargo, nunca he encontrado discusión alguna por averiguar cuál era más larga ya que la calle Alcalá con sus más de diez kilómetros de extensión y sus más de 700 números, es sin duda la de más extensión de la ciudad.A pesar de que esto es algo sabido por la mayoría, entre los madrileños siempre ha corrido la broma que afirmaba que la calle más larga, no sólo de Madrid, sino casi de todo el mundo está junto a la Puerta del Sol.
¿Cuál es esa calle estaréis pensando? ¿Cómo se puede haber pasado el conocerla?Pues es muy sencillo, en realidad se trata de una estrella y bulliciosa calle, llena de bares y restaurantes. Se encuentra entre la calle Espoz y Mina y la calle Carretas y empieza en Cádiz (calle Cádiz) y termina pasado Barcelona (calle Barcelona)
Es sabido que entre Cádiz y Barcelona hay cerca de mil trescientos kilómetros, y aunque no llegue a superar a la Yongue Street, que va de Toronto a Thunder Bay, y mide unos 1800 km de largo, se queda bastante cerca. Son 1300 km que recorrerás en menos de un minuto a una velocidad que ni el mismísimo AVE podría igualar.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Pasas, matrimonios, bulas y faldones

Eso de que "el matrimonio es la principal causa de divorcio" es otra de las geniales frases que nos ha dejado para la posteridad el singular Groucho Marx. Claro que para llegar a esa situación de ruptura o liberación, según se mire, hay que recordar el siguiente dicho popular madrileño "el que no pasa por la calle de la pasa, no se casa".
Si sobre la frase de Groucho hay poco más que comentar, ya que se trata de un hecho irrefutable, sí que lo podemos hacer sobre la segunda. Y es que durante los años en los que sólo si te ponías delante de un cura tu matrimonio tenía validez legal, los madrileños debían pasar, sí o sí, por la calle de la Pasa ya que aquí estaba el arzobispado de Madrid, encargado de tramitar todo lo relacionado con los casorios y las formalidades eclesiásticas.
Junto a esta "calle matrimonial" se encuentra el diminuto Pasadizo del Panecillo. Ambos, calle y pasadizo, toman su nombre de las lismonas que en forma de pasas y panecillos entregaban desde el Palacio Arzobispal a todos los pobres que allí acudían, desde que así lo instituyó el arzobispo Luis de Borbón.
Además de matrimonios y pasas, en su momento también estuvo, en esta calle de la Pasa, la Comisaría General de la Cruzada, encargada de administrar la Bula de la Cruzada "Eos qui in Ispaniam", que consistía en otorgar determinados favores a todos aquellos que contribuían a la cristiana batalla contra los "malditos" infieles.
Esta calle, que rebosa historia por los cuatro costados, va desde Puerta Cerrada a la plaza del Conde de Miranda y contra lo que se pueda pensar es una vía que no destaca por su extensión en el callejero madrileño. Todo lo contrario.
Sirva para haceros una idea de su angostura este genial fragmento de "Los duendes de la camarilla" de Benito Pérez Galdós: "Rosenda la había visto salir una mañana de la Vicaría. Llevaba una falda con volantes, y tan ahuecada, que no cabía por la calle de la Pasa. Una manola que tuvo que meterse en un portal para darle paso, le dijo con desgarro insolente: «Madama, cuando paran los faldones guárdenos usté la cría...»"

Si sobre la frase de Groucho hay poco más que comentar, ya que se trata de un hecho irrefutable, sí que lo podemos hacer sobre la segunda. Y es que durante los años en los que sólo si te ponías delante de un cura tu matrimonio tenía validez legal, los madrileños debían pasar, sí o sí, por la calle de la Pasa ya que aquí estaba el arzobispado de Madrid, encargado de tramitar todo lo relacionado con los casorios y las formalidades eclesiásticas.
Junto a esta "calle matrimonial" se encuentra el diminuto Pasadizo del Panecillo. Ambos, calle y pasadizo, toman su nombre de las lismonas que en forma de pasas y panecillos entregaban desde el Palacio Arzobispal a todos los pobres que allí acudían, desde que así lo instituyó el arzobispo Luis de Borbón.
Además de matrimonios y pasas, en su momento también estuvo, en esta calle de la Pasa, la Comisaría General de la Cruzada, encargada de administrar la Bula de la Cruzada "Eos qui in Ispaniam", que consistía en otorgar determinados favores a todos aquellos que contribuían a la cristiana batalla contra los "malditos" infieles.Esta calle, que rebosa historia por los cuatro costados, va desde Puerta Cerrada a la plaza del Conde de Miranda y contra lo que se pueda pensar es una vía que no destaca por su extensión en el callejero madrileño. Todo lo contrario.
Sirva para haceros una idea de su angostura este genial fragmento de "Los duendes de la camarilla" de Benito Pérez Galdós: "Rosenda la había visto salir una mañana de la Vicaría. Llevaba una falda con volantes, y tan ahuecada, que no cabía por la calle de la Pasa. Una manola que tuvo que meterse en un portal para darle paso, le dijo con desgarro insolente: «Madama, cuando paran los faldones guárdenos usté la cría...»"

lunes, 6 de abril de 2009
Pontejos: cremalleras, historia y bostezos
Cuando era pequeño más de una vez escuché a mi madre decirme: "Voy a Pontejos con la vecina". Se trataba de una cita ineludible que se cumplía varias veces al año; después de la compra, las dos se entretenían dándole al hilo y al dedal. El famoso Pontejos, constituido por la calle Marqués Viudo de Pontejos y la Plaza de Pontejos, era y es una zona especializada en hebillas, cremalleras, automáticos, botones, hilos, y todo aquello que tenga relación con coser, zurcir y bordar.
El nombre de Pontejos se debe al militar y político coruñés, Joaquín Vizcaíno, que tuvo el honor de ser el primer alcalde constitucional de Madrid (años 1835 y 1836). Su título de marqués le viene gracias a su boda con Mariana de Pontejos y Sandoval, marquesa de Pontejos, y por tanto poseedora del titulo. Tras la temprana muerte de su esposa, Joaquín decidió incluir la palabra viudo antes de su título como homenaje a la fallecida.
Según los libros de historia, Joaquín Vizcaíno ha sido uno de los mejores alcades de la ciudad; este honor no le llega de regalo, sino gracias a las múltiples iniciativas que emprendió para conseguir que Madrid fuera una ciudad más moderna, menos caótica y menos sucia. Gracias a él se comenzaron a numerar las calles, situando los pares en la acera de la derecha y los impares en la izquierda, y se les puso nombre en sus dos extremos a cada una de de ellas
También instaló los primeros servicios públicos, mandó que se realizara un plano coherente de la capital, realizó importantes obras públicas de saneamiento y suministros y concluyó el tramo del Paseo de la Castellana que va entre Colón y Emilio Castelar. Además, fue uno de los fundadores de la Caja de Ahorros de Madrid, del Ateneo y del Casino Militar.
Tristemente su fulgurante carrera se vio frenada de forma drástica ya que un ataque cerebral le causó la muerte con sólo 50 años. Hoy en homenaje a este hombre se alza una estatua de cuerpo entero en la Plaza de las Descalzas, junto a la central de Cajamadrid. Además una fuente en la que aparece su busto se encuentra en la Plaza de Pontejos citada anteriormente.
Como se puede ver en alguna de las fotos, en cuanto llega el buen tiempo esta plaza es un típico lugar de reunión de gente con pocas cosas que hacer; que se dedican entre bostezo y bostezo a disfrutar del sol y de los transeúntes que pasan por la zona.
jueves, 2 de abril de 2009
Asfalto bohemio
Hoy me toca presentar un relato de Ana Belio, una de las primeras personas que en los inicios de este blog se atrevió a pasar por aquí y dejar un comentario. Autora del blog Esbozos, en el que entrada tras entrada nos deleita con su prosa llena de poesía, recientemente ha puesto en marcha el foro Agraba. Este foro busca ser un lugar de intercambio de ideas para todos los amantes de la literatura, y tiene como objetivo final el dar a conocer los textos de los participantes a las editoriales. En esta entrada nos habla de uno de sus rincones favoritos de Madrid, el Barrio de las Letras.
El silencio me habla con palabras entrecortadas que se mezclan en el viento de tu nombre. Hoy incluso consigo retener al silencio envuelto entre el ruido y palabras cotidianas. Cada instante es una nota, que va formando la melodía de todo aquello que se esconde en mi interior.A veces, me gustaría ser ave libre que divisa el paisaje bajo sus alas en movimiento. Ver los mares libres en toda su superficie, acariciar las montañas suavemente en sus laderas, sentir fluir por mi sangre cerrando los ojos, el compendio de colores oro y bronce que a veces nos regala la naturaleza. Verde campo, celeste del océano, el dorado de los trigales, como el color del cabello de aquel amor que una vez me robo un beso.
En la ciudad siempre veo el gris a través de mis ojos viajeros. Paseando entre las calles de la urbe antigua, aún en alguna esquina encuentras un recuerdo de lo que fue la ciudad cuando era niña.
Ahora, aquí, me enamoro del barrio de las letras. Huertas por nombre, bohemia por tradición. Sus calles sostienen la urbe, donde el resto de la ciudad acude a una cita con el jazz, el piano y ver las letras prendidas en el aire de quien sabe oler la tinta, que flota de los pensamientos. Allí el deseo nace en una conversación compartida de letras, escuchas a los ojos el deseo de encontrar el amor donde no espera. Allí, secuestras los momentos del ahora, sin pensar que llegará mañana, pero sabes que después el amanecer será en tu boca.
Allí deseo besarte, beber de tus labios el aroma de tu nombre, sentir en tus manos mi nombre enredado entre tus dedos.
Allí, paseando con tu mano buscando la mía, deseo recibirte sin pensar que muere el día.

En la ciudad siempre veo el gris a través de mis ojos viajeros. Paseando entre las calles de la urbe antigua, aún en alguna esquina encuentras un recuerdo de lo que fue la ciudad cuando era niña.
Ahora, aquí, me enamoro del barrio de las letras. Huertas por nombre, bohemia por tradición. Sus calles sostienen la urbe, donde el resto de la ciudad acude a una cita con el jazz, el piano y ver las letras prendidas en el aire de quien sabe oler la tinta, que flota de los pensamientos. Allí el deseo nace en una conversación compartida de letras, escuchas a los ojos el deseo de encontrar el amor donde no espera. Allí, secuestras los momentos del ahora, sin pensar que llegará mañana, pero sabes que después el amanecer será en tu boca.Allí deseo besarte, beber de tus labios el aroma de tu nombre, sentir en tus manos mi nombre enredado entre tus dedos.
Allí, paseando con tu mano buscando la mía, deseo recibirte sin pensar que muere el día.

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