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martes, 29 de marzo de 2011

El mural de Cascorro



Si vas cualquier domingo al Rastro podrás disfrutar de todos esos puestos callejeros en los que puedes encontrar cualquier cosa que se te ocurre. Si algo me gusta del Rastro es la anarquía existente en muchos de los puestos que allí se instalan. Además de poder disfrutar de eoss puestos, o de los muchos bares que hay por allí, si tienes tiempo puedes levantar la vista y observar un gran mural que se encuentra en una de las medianías de la Plaza de Cascorro.

El mural, ya algo descolorido, fue realizado en 1983 por encargo del Ayuntamiento, y su autor es el pintor Enrique Cavestany "Enrius". En él se representan a 36 figuras, vestidas con ropas de principios de siglo, entre las que se encuentran el mismo autor, disfrazado de carnicero, y algunos de sus amigos. Junto a ellos numerosos cachivaches nos recuerdan un domingo cualquiera en el Rastro. En fin, ésta es una excusa más para darte una vuelta el domingo por el Rastro y disfrutar de todo lo que nos ofrece.

viernes, 9 de octubre de 2009

Los personajes de Mingote pasean por Madrid

Esta misma semana publicaba, dentro de la sección Pongamos que hablan de Madrid, una frase con la que Mingote contaba, con su particular estilo, cómo veía él Madrid. En los comentarios posteriores surgió la idea de realizar una entrada con distintos dibujos que ha ido dejando este dibujante, escritor y periodista desperdigados por la ciudad. Bueno, pues dicho y hecho, aquí tenéis un pequeño recorrido por la obra de Mingote en Madrid, realizado en tres sitios distintos.

Con 90 años ya a las espaldas, Antonio Mingote nos ha acompañado durante muchos años para hacernos ver la realidad de nuestro país desde su particular punto de vista. Además de dejarnos numerosos dibujos en todas las publicaciones con las que ha colaborado, ha diseminado algunos de sus personajes por varios sitios de la capital, y ahí están al alcance de todos esperando ser admirados por los transeúntes.

La primera parada nos lleva hasta la estación de metro de Retiro donde el alcalde honorario de este parque, según decisión de Tierno Galván, nos dejó varios murales de cerámica colocados en el mismo andén. En estos murales, realizados en 1987, están juntos y revueltos, fuentes, tunos, esculturas, músicos, niños, amantes, y todos aquellos que nos podemos encontrar un día cualquiera en este parque. Aunque están al alcance de todos, por suerte se han librado de la maldita moda de las firmitas de los graffiteros.


La segunda parada nos lleva casi hasta la Plaza de España. Allí, seis años después del anterior trabajo, recibió el encargo de adornar la fachada de un edificio situado en el número 8 de la calle del Duque de Osuna, junto a la plaza de los Cubos.

Adornando los balcones del edificio, aparecen distintos personajes de este genial dibujante mostrándonos distintas situaciones cotidianas. Junto a ellos una placa homenajea a su creador "por enseñarnos con humor y amor la vida". Echándole un poco de imaginación este edificio me recuerda al que pintó Jack Babiloni en la confluencia de las calles Orellana y Campoamor.

El final del recorrido nos lleva hasta la pequeña y céntrica calle de la Sal, a solo unos pasos de la Plaza Mayor. Allí, en el edificio que hace esquina con la calle Postas, aparecen distintos personajes galdosianos, típicos representantes del Madrid más tradicional, asomados en cuatro balcones. Como puede observarse, allí no falta ni un detalle, y hasta una jaula con su correspondiente canario forma parte del curioso conjunto.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Trampantojo en la calle de la Cruz

"¿Me engañan los ojos o el deseo? Donde existió un teatro ahora sólo es calles o ¿la calle toda ahora es un teatro? ¿Me engañan los ojos o el deseo?" Estas palabras aparecen en una medianera del nº 27 de la calle de la Cruz, junto al trampantojo, realizado en 1990 por Angel Aragonés, que recoge una panorámica más o menos actual de la calle Espoz y Mina.

Allí estuvo el Corral de Comedias de la Cruz, uno de los más famosos "teatros" del Madrid de hace unos siglos. Inaugurado en 1579, fue un simple corral descubierto hasta que en 1743 se construyó el primer edificio, y allí aguantó hasta que en 1859 fue derribado. Su popularidad se debía en parte a que en él se representaban algunas obras del Siglo de Oro, especialmente de Lope de Vega y Cervantes. Sin embargo fue más conocido aún por ser el lugar preferido de Felipe IV, que acudía allí para disfrutar (en los dos sentidos) con la actriz, Mª Inés Calderón "La Calderona".

En 1627, con dieciséis años, La Calderona debutó en el Corral de la Cruz y pronto su belleza y su arte llegaron a oídos de Felipe IV, que a falta de cosas mejores en las que gastar el tiempo, acudió raudo al teatro. La belleza de la joven le cautivó y de inmediato la convirtió en una de sus amantes. De esa relación nació en 1629 Juan José de Austria, al que Felipe IV tardó trece años en aceptar como hijo legítimo. El que finalmente le reconociera no se debió lógicamente a ningún test de paternidad sino a la falta de herederos varones. De los doce hijos que tuvo en sus relaciones oficiales, sólo tres llegaron a los 18 años, y de estos el único varón fue Carlos II "El Hechizado", que no nació hasta 1661.

Más preocupado por las faldas que por el gobierno, el llamado “Rey Planeta” o “el Grande”, vio impasible como el imperio español comenzaba su inexorable declive. Queda para la posteridad una memorable frase en la que Francisco de Quevedo le comparó con un agujero: “más grande cuanta más tierra le quitan”.

viernes, 24 de octubre de 2008

Trampantojo en Montera

En una de las calles más famosas del centro de Madrid, entre proxenetas, prostitutas y cámaras de seguridad que atentamente nos vigilan, se encuentran otros dos trampantojos de Alberto Pirrongelli, -¡de quién si no!- situados uno enfrente del otro.

En la medianera del número 22 aparece una gran escalinata por la que transitan varias personas. Además, junto a varios edificios, se puede ver lo que queda de la floristería Elvira, casi tapada ya por la presencia de los inevitables tags de los graffiteros. Como marca de la casa, en uno de los balcones aparece asomada una mujer de avanzada edad.

Enfrente, en la medianera del número 26, una carroza avanza desenfrenada bajo un arco, conducida por un chófer con cara de pocos amigos. Según el autor, para este dibujo se inspiró en una antigua estampa de Madrid. De hecho, afinando bastante el ojo se pueden observar al fondo distintos edficios de la capital entre los cuales se encuentra la sede de la Comunidad de Madrid.

Estos dos trampantojos fueron creados por iniciativa de la Empresa Municipal de la Vivienda. Al menos en esta ocasión, y creo que es de las pocas veces que ha ocurrido, la calle Montera se vio favorecida con una iniciativa del Ayuntamiento. Así, cuando pasas por esta calle ya tienes un sitio a donde mirar, y poder así esquivar las miradas lascivas de las trabajadoras del sexo que aquí campan a sus anchas cargadas siempre con su inconfundible cantinela: "¡Hola guapo!".

Entradas anteriores:
Plaza de los Carros
Carrera de San Francisco

jueves, 21 de agosto de 2008

Trampantojo en la Carrera de San Francisco

A pocos metros del que ya vimos en la plaza de los Carros se encuentra este otro trampantojo situado en la Carrera de San Francisco. En este caso el dibujo se encuentra en la fachada del patio del colegio Nuestra Señora de la Paloma. El autor, Alberto Pirrongelli dibuja dos fachadas de viviendas en la que no pueden faltar los ienvitables "Pacos", y la calle que hay entre ellas. En esa calle se celebra una verbena en la que se pueden apreciar varios chulapos y chulapas, un vendedor de globos o una noria. Además, se divisan a lo lejos varios edificios y monumentos de Madrid entre los que se encuentran el Pirulí, San Francisco el Grande o la Almudena.

De nuevo se trata de otro trampantojo de Alberto Pirrongelli, que en este caso ha quedado a salvo del ataque de los grafiteros. Pirrongelli es un pintor extremeño que se ha caracterizado principalmente por ser el autor de los carteles pintados que antiguamente exponían la programación en los cines de la Gran Vía. Como esto, por desgracia, ha quedado ya en desuso, ha tenido que diversificar su trabajo, y ahora mismo es uno de los mayores exponentes de la técnica del trampantojo.

Que encaje perfectamente en el entorno. Si queda raro o no va con el estilo de la estancia, sería un trabajo mal hecho.En principio sí, pero la pregunta que debemos hacernos antes de ponernos manos a la obra es si va a aportar algo nuevo a la estancia. ,

martes, 8 de julio de 2008

Trampantojo en la Plaza de los Carros

La palabra trampantojo o lo que es lo mismo trampa ante el ojo, procede de la expresión francesa “trompe l’oeil”. Esta técnica pictórica intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos para intentar suplantar la realidad. Estos espejismos pueden ser interiores, representando ventanas, puertas, etc o exteriores, en aquellas medianerías que por una u otra razón han quedado al descubierto.













En la Plaza de los Carros el viandante despistado por un momento no es capaz de distinguir qué balcones son los verdaderos. En el trampantojo destacan dos hombres, conocidos por algunos vecinos como "los Pacos", que asomados al balcón intentan controlar todo aquello que discurre por su calle. Según el autor de la obra, Alberto Pirrongelli, estos dos hombres eran dos vecinos reales del edificio tan entusiasmados por el proyecto que le pidieron ser inmortalidos allí. En este caso la medianería quedó al descubierto debido al derrumbe de un edificio por un bombardeo durante la Guerra Civil. Además de los Pacos, nos encontramos con un gato en actitud expectante.

Originalmente en la parte baja de la fachada estaban pintados tres comercios pertenecientes a las tres entidades que habían patrocinado el mural, pero por desgracia algún grafitero desalmado ha preferido pasar él a la posteridad antes que dejarnos disfrutar plenamente de la obra.

A partir de este primer trampantojo iré poniendo mensualmente aquellos que conozco para compartirlos con los que no los conocen. Si alguien conoce alguno puede indicármelo y ya lo iré colgando.

domingo, 15 de junio de 2008

El reloj de sol de Sombrerete

Desde tiempos inmemoriales se ha medido el transcurrir del tiempo en base al movimiento del sol. De hecho, más de uno de los que lea esta entrada habrá cogido alguna una vez un palo y habrá intentado a su manera saber cuál era la hora solar en ese momento. En Madrid hay cerca de cincuenta relojes de sol, sin contar los palos de cada uno, diseminados por los más variopintos lugares.

Hoy traigo aquí el reloj que se puede contemplar en la calle Sombrerete, en pleno barrio de Lavapiés. Situado en la fachada de la Casa de la Vela, y ocupando casi la totalidad de las cinco plantas de la misma, se puede ver un reloj cuyo gnomon parte del dibujo de una mujer que se encuentra asomada a un balcón tendiendo la ropa. El reloj que le está indicando a la señora las horas que van desde la cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde, aparece adornado con distintos símbolos, y una paloma.

Bajo el reloj hay una inscripción que nos indica su origen: “CASA DE LA VELA Que el arquitecto Javier de la Vega Regatillo, enderezó y restauró a instancias de la E.M.V del Ayuntamiento de Madrid. Esta pintura-reloj solar se comenzó el día 13 de mayo dándose por terminada el 8 de julio de 1985 y se dedica a los vecinos de Embajadores. Aragonés”.