Soy de los que piensa que cuando haces una mudanza, las cajas que no desembales en la primera semana, quedan cerradas para los restos. Hace unos días abrí una de esas cajas olvidadas, y al hacerlo descubrí con alegría uno de esos álbumes de cromos de cuando era pequeño.
Al ojearlo me vinieron a la memoria un montón de recuerdos de cuando era niño, y es que el coleccionar cromos de la liga de fútbol era una de mis mayores aficiones. Recuerdo que mi padre me compraba los sobres de cromos y los acumulaba en el armario de su habitación junto a sus cartones de tabaco "Rex".
Según me los daba, iba pegando en el álbum todas las novedades. Para ello me ayudaba del engrudo que me preparaba mi madre, que salía más económico que el pegamento Imedio de entonces. Con el palo de un helado lo untaba en el cromo y así éste ocupaba su espacio correspondiente. Tras pegar decenas de cromos el engrudo se dejaba notar, y el álbum quedaba como apelmazado y con un grosor considerable.
Después de unos cuantos sobres, y unas cuantas pesetas gastadas, la colección estaba casi al completo, pero nunca la terminabas del todo. Igual que había cromos que se repetían hasta la saciedad, había otros que nunca conseguías: eran los llamados últimos fichajes.
Comprabas más y más sobres, y con decepción veías que no valía la pena seguir ya que sólo conseguías que el cromo que lo tenías repetido 20 veces pasaras a tenerlo 30 ó 40: había llegado el momento de acudir al Rastro y comprobar si allí dabas con los cromos que se resistían. Acompañado de mi padre, y con la lista en la mano, allí te juntabas con otros chavales que como tú buscaban esos cromos imposibles, o simplemente acudían allí a hacer negocio.
Hoy todo sigue casi igual. Si pasas un domingo por la mañana por la parte baja del Rastro, verás como en la Plaza del Campillo del Nuevo Mundo, se arremolinan los compradores con sus listas y los vendedores con sus tacos de cromos:
" Me falta Sergio García del Betis. ¿Lo tienes?"
"Sí. Te lo cambio por cien cromos".
Junto a los críos, podrás ver como personas que hace tiempo que perdieron la inocencia, tienen en todo este mundillo su modo de sacarse unos euros, vendiéndote el cromo que te falta al precio que se acuerde:
"¿Tienes a Miguel de las Cuevas del Atleti?"
"Pásate en media hora que te lo busco. Son tres euros".
Lo único que ha cambiado es que ya el único producto estrella no son los cromos de fútbol. Aunque siguen teniendo mucha importancia, se han visto algo relegados por los nuevos cromos de Harry Potter, Pokémon y similares.
Espero que la tradición continúe, y dentro de unos años pueda pasarme con mis hijas por allí (la que ya está aquí, y la que viene de camino) y recordar por unos momentos toda aquella infancia que por suerte o desgracia ya quedó muy atrás.

Al ojearlo me vinieron a la memoria un montón de recuerdos de cuando era niño, y es que el coleccionar cromos de la liga de fútbol era una de mis mayores aficiones. Recuerdo que mi padre me compraba los sobres de cromos y los acumulaba en el armario de su habitación junto a sus cartones de tabaco "Rex".
Según me los daba, iba pegando en el álbum todas las novedades. Para ello me ayudaba del engrudo que me preparaba mi madre, que salía más económico que el pegamento Imedio de entonces. Con el palo de un helado lo untaba en el cromo y así éste ocupaba su espacio correspondiente. Tras pegar decenas de cromos el engrudo se dejaba notar, y el álbum quedaba como apelmazado y con un grosor considerable.Después de unos cuantos sobres, y unas cuantas pesetas gastadas, la colección estaba casi al completo, pero nunca la terminabas del todo. Igual que había cromos que se repetían hasta la saciedad, había otros que nunca conseguías: eran los llamados últimos fichajes.
Comprabas más y más sobres, y con decepción veías que no valía la pena seguir ya que sólo conseguías que el cromo que lo tenías repetido 20 veces pasaras a tenerlo 30 ó 40: había llegado el momento de acudir al Rastro y comprobar si allí dabas con los cromos que se resistían. Acompañado de mi padre, y con la lista en la mano, allí te juntabas con otros chavales que como tú buscaban esos cromos imposibles, o simplemente acudían allí a hacer negocio.
Hoy todo sigue casi igual. Si pasas un domingo por la mañana por la parte baja del Rastro, verás como en la Plaza del Campillo del Nuevo Mundo, se arremolinan los compradores con sus listas y los vendedores con sus tacos de cromos: " Me falta Sergio García del Betis. ¿Lo tienes?"
"Sí. Te lo cambio por cien cromos".
Junto a los críos, podrás ver como personas que hace tiempo que perdieron la inocencia, tienen en todo este mundillo su modo de sacarse unos euros, vendiéndote el cromo que te falta al precio que se acuerde:
"¿Tienes a Miguel de las Cuevas del Atleti?"
"Pásate en media hora que te lo busco. Son tres euros".
Lo único que ha cambiado es que ya el único producto estrella no son los cromos de fútbol. Aunque siguen teniendo mucha importancia, se han visto algo relegados por los nuevos cromos de Harry Potter, Pokémon y similares.Espero que la tradición continúe, y dentro de unos años pueda pasarme con mis hijas por allí (la que ya está aquí, y la que viene de camino) y recordar por unos momentos toda aquella infancia que por suerte o desgracia ya quedó muy atrás.

































