Entre la Gran Vía y la calle Abada se encuentra la pequeña, y para muchos desonocida, calle de Chinchilla, que en estas fechas es lugar de encuentro para todos aquellos que tienen que aguantar las colas para compara lotería en Doña Manolita. El nombre de esta calle no tiene nada que ver con roedores sino con Francisco Chinchilla, ministro del Santo Oficio y "alcalde de casa y rastro".Este severísimo magistrado que vivió en el siglo XVII tenía la tacañería y la usura como señas de identidad, y gracias a estas "cualidades", y al aprovecharse de las miserias ajenas consiguió unas tierras situadas junto al monasterio de San Martín donde creó esta pequeña calle de Chinchilla en la que levantó su lúgubre mansión.
Chinchilla fue conocido por intentar adecentar las calles de Madrid. Se encargó de castigar duramente a aquellos que se peleaban a las puertas de los mercados; persiguió a todos los bandidos que llegaban a Madrid y prohibió que se abandonaran animales muertos en la vía pública. Esta última, e higiénica, ordenanza no fue bien recibida, y tanto es así, que nada más dictarla aparecieron en la puerta de su casa infinidad de animales muertos.
Un día se encontró a dos ancianas desplumando unas aves. Al preguntarles de dónde las habían sacado, las ancianas respondieron que eran pobres y las habían cogido de “su basurero” para poder comer, igual que habían hecho con una lechuza muerta que habían encontrado allí el día anterior. Al preguntar Chinchilla "¿cuál es mi basurero?", las ancianas replicaron “la calle de su señoría”. como castigo las ancianas fueron detenidas, pero al día siguiente, junto a la casa de Chinchilla, apareció una lechuza muerta clavada con un cuchillo. Por ello durante un tiempo esta calle se llamó calle de la Lechuza.
Chinchilla es aún recordado por la orden que dio de matar a pedradas, machetazos, o como se pudiese, a todos aquellos perros abandonados que vagabundeasen por las calles. En los mentideros de la corte se afirmaba que los perros llegaron a conocer tanto al magistrado, que cuando le veían, aullaban y salían disparados como si hubieran visto al mismísimo diablo. De esta brutal ordenanza surgió el dicho que a llegado a nuestros días de “le conocen hasta los perros”.
Hata después de muerto, Chinchilla fue protagonista. Enterrado en el Convento de San Francisco, parece ser que durante veinte noches los franciscanos escucharon aterrados cómo de su nicho salían extraños ruidos. Al final dedicieron abrir el nicho, y al hacerlo surgió de allí una grave voz que les anunció que en un juicio divino Chinchilla había sido condenado a reclusión hasta la eternidad en los antros infernales. Por ello la voz instaba a que los frailes le despojaran de un sayal franciscano que le habían puesto como mortaja, ya que no era digno de ir con ella a su encuentro con Satanás. Asustados, los frailes le quitaron la mortaja y desde entonces nunca más se supo del célebre mataperros.
Curiosisimo..gracias por contarlo..así da gusto aprender. besos y feliz lunes
ResponderSuprimir¡Pero que pedazo de burros (que me perdonen, porque ellos son más inteligentes) llegamos a ser los españoles con los animales!
ResponderSuprimirNo conocía la historia, he pasado del asco que me estaba dando el personaje al canguelo por los ruidos.
¡Siempre aprendo contigo!
MIGUEL
Que maravillosa historia.... gracias!
ResponderSuprimirCarpe Diem
Menuda joyita que debía ser... si hasta después de muerto seguía dando guerra! Jaja.
ResponderSuprimirBss.
Amo la ciudad que siempre bien me acogió. Amo su historia, que tan bien cuentas y retratas.
ResponderSuprimirOjalá arda en el infierno, aunque no creo en él, el infierno, me refiero. No sabía esta historia de la calle Chinchilla, cuando pase por allí lo haré corriendo, ni colas ni nada de nada para comprar la lotería, aunque mirándolo bien, la calle no tiene la culpa, pobre.
ResponderSuprimirMucho tiempo sin venir, ahora tengo que irme, luego me doy otra vueltecita por tu Madrid, que es el mío.
Un beso, Miguel.
que interesante la historia del mataperros: menudo c....
ResponderSuprimirun saludo Miguel
Interesante historia, en manos de un buen director de cine daría para mucho!!!!
ResponderSuprimirEstá claro que eso del amor a los animales no estaba tampoco muy de moda hace unos siglos.
ResponderSuprimirMe alegra de que os haya gustado la historia.
Gracias por vuestros comentarios.
Saludos
No se como he llegado aqui. Todo lo que he leido me ha gustado mucho.
ResponderSuprimirMuero por ir a Madrid (primero tendre que ir a Logroño de donde es toda mi familia)
Muy buena!!!
ResponderSuprimirOstras, pues no sé por que pero en cierto modo (y salvando las distancias) este tipejo me recuerda bastante a Gallardón.
ResponderSuprimirIntresantísimo, por cierto.
Un saludo.