Las fotos que cuelgo en este blog son sólo una excusa para mostrar todos aquellos lugares y personajes que por un motivo u otro más me atraen de esta ciudad caótica llamada Madrid.
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Ya está aquí, otra vez más llegó la Nochebuena, día en el que según por dónde mires ves que se siguen unas tradiciones u otras. Para algunos éste es el día más apropiado para entrar en el bar a las doce o la una del mediodía y no salir hasta la seis de la tarde, como mínimo, mientras que para otros es momento de preparativos, villancicos, belenes y demás.
Por la tarde-noche hay unanimidad ya que este es día apropiado para juntarnos con la familia e intentar pasar la cena lo mejor posible, eso siempre que no te toque cenar con aquel familiar al que no puedes ni ver desde hace ni se sabe el tiempo.
Según voy cumpliendo años me voy dando cuenta de que cada vez conozco a más gente a la que estas fiestas no les gustan aboslutamente nada, y están deseando que pase tanto despilfarro, y tanta hipocresía. Por eso, creo que hoy es un buen día para conocernos más. ¿Qué significa para ti la Navidad?
Contestes lo que contestes, te deseo que disfrutes de estos días, y de los demás también.
En pocas horas, muchos críos gozarán de un día inolvidable. Con la llegada de los Reyes Magos los niños disfrutan de ser niños, y los padres se regocijan al verlos porque así también vuelven ellos a ser un poco niños. Es curioso que esta tradición tan extendida en todo el mundo cristiano tenga tan poca base histórica, ya que la única fuente bíblica en la que consta que ellos existieran fue en el Evangelio de San Mateo.
Aunque hoy cueste creerlo ese texto sólo menciona a unos magos persas que guiados por una estrella llegan a Belén donde hallan al recién nacido Jesús y le agasajan con oro, incienso y mirra. Su ascenso a Reyes llega en el siglo III cuando debido a la mala fama que tenían los magos, estos son transformados en Reyes ya que así quedaba mucho más aparente.
Lo del trío de Reyes otra milonga más. Como el texto de Mateo habla de tres presentes se supuso que eran tres personas las que los llevaban, sin embargo a lo largo de la historia su número ha variado, aunque quizás la más extendida, sin contar el reparto actual, es que había un cuarto mago, llamado Artabán. Es más, la primera vez que surge el nombre de Melchor, Gaspar y Baltasar es en un mosaico del siglo VI que se encuentra en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) donde se representan a estos tres personajes vestidos según las costumbres persas.
Con el tiempo y para seguir las conveniencias que en ese momento tenía la Iglesia, se olvidó el que fueran persas y se les hizo representantes de los tres continentes conocidos entonces (Asia, Europa y Africa). Tanto es así que Baltasar era blanco hasta el siglo XVI, momento en el que se decidió que era mejor hacerle un lavado de imagen. Metidos ya en harina la leyenda dice que los restos del trío descansan en la Catedral de Colonia (Alemania), donde está el llamado Relicario de los Tres Reyes Magos.
Pues bien, a pesar de todos los cuentos que hay en esta tradición, esta noche prepararé el zapato de mi hija (lo de la chimenea está más complicado) para que si lo desean, los Reyes lo colmen de regalos. Por si acaso cae algo yo también dejaré preparado el mío, junto al turrón y al vino dulce, y como no quiero que me vengan con historias de crisis, les dejo algunas ideas de regalos que no he encontrado en el Corte Inglés. Y para terminar de hacer puntos les dedico esta poesía de la inimitable Gloria Fuertes titulada "El camello cojito".
El camello se pinchó Con un cardo en el camino Y el mecánico Melchor Le dio vino.
Baltasar fue a repostar Más allá del quinto pino.... E intranquilo el gran Melchor Consultaba su "Longinos".
-¡No llegamos, no llegamos y el Santo Parto ha venido!- son las doce y tres minutos y tres reyes se han perdido-.
El camello cojeando Más medio muerto que vivo Va espeluchando su felpa Entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar, Melchor le dijo al oído: -Vaya birria de camello que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén Al camello le dio hipo. ¡Ay, qué tristeza tan grande con su belfo y en su hipo!
Se iba cayendo la mirra A lo largo del camino, Baltasar lleva los cofres, Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba -ya cantaban pajarillos- los tres reyes se quedaron boquiabiertos e indecisos, oyendo hablar como a un Hombre a un Niño recién nacido.
-No quiero oro ni incienso ni esos tesoros tan fríos, quiero al camello, le quiero. Le quiero, repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes Cabizbajos y afligidos. Mientras el camello echado Le hace cosquillas al Niño.
Bueno, pudimos con otro. Hoy se despide el 2008 que una vez más, como todos los años, ha venido con sus cosas buenas y malas. Como por suerte en mi caso las buenas ganaron la partida, despido el año con algo de pena, esperando que el próximo sea al menos como éste. Desearos a todos los que, de forma habitual o esporádica, entraís por aquí, que en el 2009 se cumplan la mayoría de vuestros deseos, y si son todos mejor. Además para todos vosotros, y para el mundo en general, no podían faltar dos deseos fundamentales: paz y amor.
Por ello he decidido escoger estas cuatro fotos: tres tomadas en la Plaza Mayor, y la cuarta en el Paseo del Prado. Esta última pertenece a la exposición realizada por Robert Indiana, que en el 2006 inundó de amor la capital con su obra Besos a Madrid. Para rematar nada mejor que este poema de Joaquín Sabina (¡una vez más!) titulado "Deseos para el año nuevo". En este caso también espero que se cumplan la mayoría de los deseos que este poeta en él escribe.
Que den las campanadas a deshora, que salga del armario la cultura, que el Corán no se enfade con la Torah, que apeste menos la telebasura.
Que no se canse tanto Zapatero, que siga Llamazares dando el cante, que cite con la izquierda mi torero, que cabalgue de nuevo Rocinante.
Que me saque a bailar la primavera, que se quiten la boina los catetos, que arriben a buen puerto las pateras, que se casen las vascas con maquetos.
Que Rajoy se pase al enemigo, que Rouco haga un desnudo de portada, que crezca más el coco que el ombligo, que Afrodita me inspire una balada.
Que el Atleti se apunte otro doblete, que no se mueran los muertos de hambre, que pierda su tribuna el alcahuete, que tus ojazos no me den calambre.
Que Gallardón no se pase de listo, que deserte el borrego del rebaño, que volvamos a ver lo nunca visto, que no nazca tan viejo el nuevo año.
Con la misa celebrada ayer en Colón se acabaron los tradicionales festejos religioso-navideños. Finalizados todos los acontecimientos religiosos, ¿Santos Inocentes incluidos?, falta esperar que llegue el día 31 para despedirnos del año que acaba y recibir con los brazos abiertos el nuevo que llega.
Por suerte en todo lo de las uvas y demás la Iglesia ya no mete mano, ya que esta tradición que se repite 31 de diciembre tras 31 de diciembre tiene su origen en motivos económicos y no religiosos. Todo comenzó en Elche, en 1909, cuando unos viticultores deseosos de acabar con el excedente de uva acumulado propusieron que esa noche que muere con el año se aprovechara para que la gente se comiera las doce uvas antes de que terminaran las doce campanadas que anuncianel nuevo año.
Como el empacho de comida y bebida me ha dejado un poco indigesto prefiero no llenar más líneas por hoy, y acabar esta penúltima entrada del año con el "Hip hop de Navidad" de Joaquín Sabina. Sirvan para ponerle música a este poema los "papanoeles" que "adornan" estos días una tienda de la calle Esparteros. La verdad es que viéndolos dan un poco grima (debe ser que tengo a Papá Noel algo atravesado) así que mejor imaginarnoslos con una de las caretas que nos ofrecen los puestos de la Plaza de Santa Cruz. ¡Así mucho mejor!.
La noche buena llega por las malas;
a los reyes chalecos antibalas
les piden para la cuesta de enero
los desahuciados por los mamporreros
del kapital, Obama nos ampare,
y sin embargo están llenos los bares,
apadrine a un bankero, señorita,
basta de deshojar la margarita
del siglo veintiuno haciendo trampa,
el diluvio que viene nunca escampa
y el año nuevo huele a ropa vieja
y a fachada endeudada hasta las cejas;
con la muerte de Dios y del marxismo
la democracia es menos de lo mismo,
ojo a los presupuestos del estado
que dan lo no crecido por gastado,
las doce uvas saben a veneno
cuando al abismo no se pone freno,
cada día naufraga una patera
y un tal Madoff te roba la cartera,
vuelve la crispación por el bolsillo,
la justicia se queda en calzoncillos,
la peña se encabrona pero aplaude
al capo de las técnicas del fraude,
menos el fondo sur del Barcelona
la afición este año anda tristona,
por mi parte y cortando por lo sano
Felices Pascuas, ya vendrá el verano.
Se limpian los calamares, se cortan en aros y se les echa sal. Después se pasan por harina, huevo y de nuevo harina. Se echan en una sartén generosa en aceite bien caliente. Se fríen y para acabar, toma un buen trozo de pan y colócale dentro los calamares. Listos para comer.
Esta sencillísima receta es la que más tirón tiene estos días navideños en las inmediaciones de la Plaza Mayor. Y es que además de darte una vuelta por los puestos de la Plaza, otra de las tradiciones a seguir consiste en comerte allí un bocata de calamares.
El olor característico de esta fritura invade algunas de las calles aledañas a la Plaza. Así, por 2.30 euros podrás comerte un bocadillo rebosante de calamares en uno de los muchos bares de la zona, y si encima lo acompañas de una caña de cerveza tendrás la pareja perfecta.
Haciendo caso a la gente, de todas las edades, que se agolpa a sus puertas, los bares más recomendados para cumplir con la tradición son la Campana y la Ideal situados en la calle Botoneras (puerta con puerta), así como Casa Rúa situada en la calle Ciudad Rodrigo.
Los tres son locales más bien pequeños por lo que es posible que cuando pases por allí tengas que comerte el bocata de pie en la calle o sentado en los soportales de la Plaza. No importa si es así, incluso mejor tomarlo fuera. El único pero que se puede poner está en el pan, ya que muchas veces o bien se trata de pan de ayer o bien se ha dado unas buenas vacaciones en el congelador.
Ajena a la "cocina molecular" que nos ofrecen gurús de los fogones como Arzak o Adriá, esta comida rapida y barata hace su particular agosto estos días de frío decembrino. Desconozco quien tuvo la idea de poner los calamares dentro del pan, y ni tan siquiera sé el porqué de su éxito en estos días, pero es algo que sobrevive a todas las modas, y espero que continúe durante muchos años.
Da igual si llueve, hace frío o cae aguanieve, porque allí estarán. Todos los días al llegar estas fechas podrás encontrarlas junto a la puerta de La Mallorquina. Entre las miles de personas que como posesas circulamos por allí como si fuéramos a apagar nuestros particulares incendios, se encuentran un grupo de unas quince loteras dispuestas a vendernos la suerte.
Pertrechadas con toda la ropa de abrigo imaginable, estas mujeres aguantan en sus sillas plegables de diez de la mañana a diez de la noche. "Oye, que llevo el número para acabar con la crisis", "Guapa tengo el 69 para Navidad", "El gordo para la hipoteca". Cualquier reclamo es bueno para atraer al viandante y venderle el décimo que le puede mejorar la vida. A cambio ellas reciben su comisión de dos euros por décimo vendido y alguna propina extra si el cliente si estira.
Por su aspecto, la mayoría de ellas están rondando la edad de jubilación, incluso en algún caso seguro que esa edad ya pasó. Venden números de las administraciones más renombradas (Doña Manolita, El Doblón de Oro o La Bruja de la Suerte) y aunque según se acerca el día del sorteo van subiendo los euros que acaban en la talega, su ilusíon es dar el gordo a algún cliente con buen corazón, y que éste después se acuerde de donde le vino la suerte.
La Lotería Nacional procede de una tradición napolitana y llegó a España de la mano de Carlos III. Aquella "Lotería Primitiva" consistía en tachar determinados números al igual que la lotería del mismo nombre que hoy día conocemos. Su primer sorteó se realizó el 10 de diciembre de 1763, y hubo que esperar casi cincuenta años hasta que la entonces llamada "Lotería Moderna", celebrara en Cádiz su primer sorteo el 4 de marzo de 1812.
El nacimiento de la Moderna, la de los bombos y las bolas, se aprobó en las Cortes de Cádiz el 23 de noviembre de 1811. El objetivo era recaudar fondos para la Hacienda Pública, sin esquilmar al pueblo, ya que con la Guerra de la Independencia las arcas del Estado estaban tiritando. Según se iban retirando los ejércitos de Napoleón el nuevo juego se fue extendidendo por el país, y así el 28 de febrero de 1814 se celebraba el primer sorteo en Madrid.
Mañana lunes vuelve el sorteo de Navidad y a eso de la una del mediodía podremos comprobar, un año más, como España se divide en dos, por un lado los que estarán brindando con champán y por el otro los que estarán recordando que una vez más lo importante es la salud. ¡Que los niños de San Ildefonso repartan suerte!.
Si por aquí ya asomó el árbol, era inevitable que tarde o temprano aparecieran los belenes. Su remoto origen nos lleva hasta el siglo II, ya que de esa época datan algunas catacumbas romanas en las que aparecen escenas relacionadas con el nacimiento de Jesús. Siglos después, allá por el año 1223, San Francisco de Asís organizó en el Greccio (Italia) una representación de la llegada de Jesús al mundo con la ayuda de animales y lugareños. Más tarde, en 1252, se mostró el primer belén, en la ciudad alemana de Füssen en el que ya aparecían figuras y no personas.
A España llegan los primeros belenes de las manos de los capuchinos que hacían su particular nacimiento en las ramblas barcelonesas. Sin embargo el empujón definitivo a esta tradición se produce en el siglo XVIII cuando María Amalia de Sajonia, mujer de Carlos III, encargó un belén para su hijo Carlos IV a semejanza de los que ya se realizaban en Nápoles. Desde entonces la tradición se extendió por todos los rincones del país, hasta que llegó un momento en el que en la mayoría de las casas, independientemente de la situación económica, podías encontrar el particular belén de cada uno.
Hoy día, creo que más que nada por comodidad, la tradición "belenera" ha cedido un poco al empuje de los árboles. A pesar de ello, todo lo relacionado con el buey y la mula, los pastores, los Reyes y la estrella siguen rindiendo provechosos beneficios a todos los que se dedican a ese mundillo. Por ejemplo, todos los años el mercadillo de la plaza Mayor sigue poblándose de gente que busca allí aquella figura que complete su particular escena del nacimiento. Igualmente se observa que las tiendas que se dedican a vender durante el año todo tipo de productos religiosos hacen su particular agosto durante estas fechas (foto 2 - Palomeque en c/Arenal).
Aunque en Madrid se pueden disfrutar de múltiples belenes distribuidos en distintas plazas, museos y edificios oficiales, puestos a elegir un belén prefiero imaginarme el mío propio. En él no podría faltar la "virginal" chica y su particular portal, y para adorarla reclutaría al alado repartidor de publicidad. Si los necesitas para tu propio belén búscalos por la calle Arenal, quizás sigan libres para el 24.