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jueves, 24 de enero de 2013

Los ataques del loco del bisturí en el metro


Corría el año 1959 cuando un hecho desasosegante comenzó a hacerse hueco en todas las noticias: alguien, durante la hora punta, se estaba dedicando a realizar un corte transversal en el glúteo de las mujeres jóvenes que viajaban en la línea 1 del metro. Se trataba de un corte tan leve, que las agredidas no se enteraban de lo que había sucedido hasta que un pequeño reguero de sangre comenzaba a recorrer sus piernas. Como todas las heridas eran similares, y consistentes en un corte fino y preciso por lo que al agresor se le empezó a conocer como "el loco del bisturí". 

En pocos días el número de mujeres atacadas superaba la decena por lo que la policía comenzó a desplegarse para intentar detener al autor de los hechos. El problema era que nadie era capaz de identificarle porque no se enteraban de cuando habían sido agredidas ya que en ningún momento se habían sentido agobiadas por nadie. Se llegó a decir que podía tratarse de un médico, que empapaba el cuchillo en líquido anestesiante; incluso una mujer acertó a decir que el agresor era un hombre bajo, delgado y de ojos saltones. Sin embargo todo se quedó en simples vaguedades que no condujeron a nada. Por suerte, con el paso de los días estos ataques cesaron y nunca más se supo.


miércoles, 16 de enero de 2013

La leyenda de la calle de los Mancebos

(Todas las fotos de esta entrada están tomadas en esta calle)

La llamada Calle de los Mancebos se encuentra en el barrio de La Latina, y va desde la Costanilla de San Andrés hasta la calle de la Morería. Hay quien cuenta que el nombre de la calle se debe a que a este lugar daban los aposentos de los pajes del marqués de Villafranca, hoy sede de la Real Academia de Ingeniería.


Sin embargo hay otra leyenda que cuenta una historia mucho más jugosa sobre el nombre de la calle. Esta otra dice que el nombre se le dio en memoria de los dos jóvenes que aquí fueron ejecutados tras ser declarados culpables de la muerte del rey Enrique I de Castilla, hijo de Alfonso VIII, que había subido al trono con 11 años. 


Parece ser que el 6 de junio de 1217 estaba el rey, que entonces contaba con 13 años, jugando en el patio del palacio episcopal de Valencia y de repente cayó una teja desde la torre y le mató. Deprisa y corriendo se acusó a dos jóvenes de haber arrojado la piedra por lo que se les apresó y se les trajo a Madrid donde se les encerró en la torre de la casa de los Laso de Castillo. Posteriormente fueron degollados en la actual calle de los Mancebos, y finalmente fueron enterrados en la Iglesia de San Andrés. 


Debajo de este párrafo  se puede apreciar parte de la muralla cristiana de Madrid edificada entre los siglos XI y XII, una vez que la villa pasó a la Corona de Castilla. Fue construida como una ampliación del primitivo recinto amurallado (siglo IX), de origen musulmán, para dar cabida a los nuevos barrios surgidos tras la Reconquista. Con el establecimiento de la Corte en 1561, quedó en desuso, demoliéndose prácticamente en su totalidad. Los restos se encuentran en los números 3 y 5 de esta calle de los Mancebos.




lunes, 30 de julio de 2012

La leyenda de Las Ventas del Espíritu Santo



Las Ventas del Espíritu Santo es lo que hoy en día se conoce como Las Ventas. Dice la leyenda que este en este lugar, situado en la carretera de Aragón, hubo hace muchísimos años una ermita en la que se honraba una imagen de Cristo. 

Parece ser que a esta imagen, en tiempos en los que el agua escaseaba, los labradores de la zona le pedían que intercediera para que lloviera y poder salvar sus cosechas. Así si la cosecha de ese año había sido mala, al año siguiente el Cristo les ofrecía lluvias abundantes que compensaban con creces las pérdidas del año anterior. Se cuenta que en una ocasión una terrible epidemia hizo que el todo el ganado de un labrador pereciera por lo que éste acudió a la ermita a pedirle ayuda a la imagen porque sus hijos se morirían de hambre. Al momento el Cristo le indicó al labrador que marchara a su casa porque allí encontraría la solución a su desventura. Al volver encontró a una figura celestial que le hizo entrega de dos enormes bueyes y le mostró como su granero estaba rebosante de comida.



En otra ocasión un labriego despojó con malas artes las tierras a un humilde propietario, y al día siguiente un enorme incendio arrasó todas las tierras del primero con lo que se quedó sin nada y tuvo que conformarse con cazar de forma furtiva para poder subsistir. Ese mismo cazador, un día que pasaba junto a la ermita, encontró a una paloma que estaba posada sobre la corona de espinas del Cristo, tratando de arrancar las espinas con el pico. El cazador la disparó y el tiro destrozó el rostro del Cristo. La paloma salió volando y en ese mismo instante un relámpago dejó ciego al cazador y la ermita quedó reducida a un montón de escombros. 

Tiempo después se emplazó una venta en el lugar en el que había estado la ermita, y los lugareños comprobaron cómo mientras se iba construyendo aquel lugar se posaba todos los días durante largas horas una hermosa paloma blanca, y de ahí que aquel lugar tomara el nombre de “Venta del Espíritu Santo". Con el tiempo se usó ese mismo término para aquel lugar situado junto al arroyo Abroñigal.


martes, 29 de noviembre de 2011

El crimen de la calle del Soldado

En la zona de Chueca se encuentra la calle Barbieri, llamada así a partir de 1894 en honor al ilustre músico madrileño (foto en B/N). Anteriormente la calle se llamó del soldado y este nombre podía deberse al cuartel de infantería que había en sus inmediaciones o a un hecho sanguinario que ocurrió en este lugar hace muchos años.

Todo comienza cuando un soldado del cuartel antes citado se enamora ciegamente de la quinceañera Almudena Goutili, hija de María de Castilla, una acaudalada dama. Fue verla y solicitarla que se casara con él pero a la muchacha le llamaba más el amor por Dios y la Iglesia que el que pudiera ofrecerle el osado soldado, por lo que le dijo que deseaba ingresar en el convento del Caballero de Gracia para profesar como monja.

El soldado no se dio por vencido y siguió rondándola hasta que comprendió que no tenía nada que hacer. Humillado decidió vengarse de ella y de las monjas que se la habían arrebatado por lo que el día antes de que Almudena ingresara en el convento el soldado la atacó, le cortó la cabeza, la metió en una bolsa y con ella se fue al convento. Allí dejó el regalo en el torno de entrada y dijo que era un regalo de parte de la chica.

Cuando las monjas abrieron el paquete se llevaron la sorpresa más desagradable de sus vidas al ver aquel lamentable espectáculo. El terror se desató cuando la cabeza al ver a la madre superiora, milagrosamente exclamó entre lágrimas: “Madre”. Fue la última palabra que pronunció. Poco después fue enterrada con los hábitos que no llegó a estrenar, y el soldado fue ajusticiado en la Plaza Mayor. Como castigo final le cortaron su mano derecha y tras ensartarla en un palo, fue colocada en la calle que a partir de entonces se conoció como del soldado.


martes, 14 de junio de 2011

Los hijos del caballo blanco

Aprovechando que el Rayo ha vuelto a Primera me apetece hoy contar una leyenda, de la que me enteré hace poco tiempo, que tiene que ver con el origen del populoso barrio madrileño de Vallecas.

Según cuentan las más antiguas crónicas, el origen de Vallecas se debe a una vallecana que se ganaba la vida como lechera y a un caballo. Esta vallecana contaba en sus establos con un gran número de vacas a partir de las cuales obtenía el sustento con el que poder alimentarse ella y su familia. Además en sus establos contaba con un caballo, aún más blanco que la leche que daban las vacas, cuya belleza era la envidia de todos los propietarios de caballos de los alrededores.

Corroídos por la envidia éstos fueron propagando el rumor de que la lechera, estaba tan sumamente enamorada de su caballo que no tuvo reparos en demostrarle todo su amor manteniendo relaciones carnales con él. De esa relación mitológica nació un hijo que posteriormente fue el fundador de Vallecas. Desde entonces, y aunque ahora es algo que se está perdiendo, se conoce a los vallecanos como los hijos del caballo blanco, y de hecho una peña del Rayo lleva ese nombre como puede verse en la imagen.

viernes, 14 de enero de 2011

La primera suicida del Viaducto

En el año 1874 fue inaugurado el Viaducto. Construido inicialmente en hierro, fue desde muy pronto, y hasta hace pocos años el lugar favorito de los suicidas madrileños.

La leyenda dice que la primera persona que intentó acabar su vida en este lugar fue una joven, de familia bien, enamorada de un aprendiz de zapatero. Sus padres, que esperaban algo más para su hija, se opusieron a esa relación y le impidieron continuar su relación. Fue entonces cuando la joven decidió que prefería acabar con su vida, antes que no poder disfrutar de su amor.

Decidida se lanzó al vacío pero la suerte, o desgracia, hizo que los amplios ropajes que vestía la frenaran parcialmente en su caída por lo que no falleció. Después de esto sus padres decidieron que, visto lo visto, era mejor acceder a los deseos de la muchacha y ésta se casó con su novio. Poco después una sirvienta de la calle de la Bolsa sí consiguió su objetivo. Poco he podido saber sobre esa mujer pero me he animado a escribir un microrrelato, como siempre de 99 palabras, en su recuerdo.

La joven sirvienta de la calle de la Bolsa caminaba pausadamente por Mayor. Al llegar al cruce con Bailén giró y vio aquella inmensa mole de hierros esperando su decisión.

Se acabaron las broncas de los señores; su novio del alma, aquel que le prometió amor eterno, ya podía disfrutar de la otra sin temor alguno. Avanzó unos pasos más y se asomó. Observó los interminables tejados de ese Madrid que no supo quererla y comprendió que no había marcha atrás, por una vez sería aquí la primera en algo.

Un segundo después se sintió libre como un pájaro.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El milagro de la calle del Lobo

Hace ya unos cuantos siglos, cuando Madrid aún no era ni un boceto de lo que es actualmente, ocurrió el siguiente suceso en una casa modesta y desvencijada situada en el centro de Madrid. En ella vivía un cazador que tenía el gusto de adornar cada rincón con los trofeos conseguidos en sus batidas. La palma se la llevaba la piel de lobo que tenía en la puerta de casa. Aquel lobo más que espantar lo que hacía era atraer a los muchachos del barrio que hacían apuestas para ver cuál de ellos se atrevía a coger aquella piel y ver de qué estaba rellena.

Un día que los críos vieron que el cazador se había ausentado decidieron acercarse a la casa y coger la piel. Una vez que estaba en sus manos uno de ellos, el más valiente, decidió pinchar la piel con unas tijeras y vio que estaba rellena de paja. El muchacho siguió clavando las tijeras en la piel ante el regocijo general hasta que el cazador hizo acto de presencia. Aunque los muchachos salieron corriendo el cazador cogió al muchacho de las tijeras y sin pensarlo un segundo, de un golpe seco, le clavó un enorme cuchillo en el pecho.

Cuando la madre llegó allí, avisada por los otros chiquillos, encontró horrorizada a su hijo moribundo sobre un gran charco de sangre. Desesperada, la madre cogió al niño y lo llevó ante la imagen de la Virgen de las Maravillas, rogándole que le salvara la vida. Según se cuenta la Virgen consiguió salvar al niño por lo que el suceso fue corriendo de boca en boca y desde entonces la calle comenzó a conocerse como la calle del Lobo. Esta calle situada junto a la Plaza de Santa Ana es hoy conocida como calle Echegaray.

martes, 19 de octubre de 2010

Desamor y muerte en El Capricho

Hace algo más de dos años publiqué una entrada en la que hablaba del Capricho, uno de los más bellos y desconocidos parques madrileños. Como ya se dijo en aquella entrada, a la muerte de Mª Josefa Alfonso Pimentel, duquesa de Osuna, el parque fue heredado por su nieto, don Pedro, quince veces grande de España.

Este hombre lo tenía todo, o mejor dicho casi todo, ya que le faltaba lo más importante, el amor. Poseedor de todo lo que se le antojara Pedro estaba enamorado de una de las mujeres más bellas de la época, su prima Inés, que una vez sí y otra también iba dándole largas a Pedro. Éste, decepcionado por no conseguir aquello que más deseaba decidió irse al Capricho a llorar sus penas, y para ello quiso aislarse del mundo dando órdenes tajantes a sus criados de que no fuera molestado bajo ningún concepto.

A partir de ahí se desencadenó la tragedia ya que cuando Inés se presentó en el Capricho, no sabemos con qué intenciones, los criados, cumplidores a rajatabla de las órdenes, le dijeron que debía darse la vuelta ya que don Pedro había indicado que no fuese molestado. Lógicamente ella montó en su carruaje y deshizo sus pasos. Cuando don Pedro supo que su deseada había acudido a visitarle el corazón le dio un vuelco y sin pérdida de tiempo cogió su caballo más veloz y salió tras ella. Desgraciadamente no pudo alcanzarla, en su loca persecución él cayó fulminado y murió. Parece ser que su maltrecho corazón decidió que ya había tenido suficiente sufrimiento.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La mujer que dio a luz un gato

Esta historia, contada por Ángel del Río, fue publicada en el periódico El Mundo hace unos cuantos años dentro de la sección "Misterios de la ciudad"


Se llegó a creer madre del felino. Vivía esta mujer, de salud muy quebradiza, en una calle del Rastro. Pasó dos días en estado de inconsciencia, hasta el punto de que sus vecinos la dieron por muerta. No hallando solución los médicos, se hicieron cargo del cuerpo de la mujer una serie de curanderos y parteras, que consiguieron devolverla a la vida. Según éstos, se hallaba embarazada y durante el tiempo que estuvo inconsciente, dio a luz un gato.La parturienta quedó convencida, hasta el punto de que empezó a tratar al felino como si fuera su hijo.

Lo cuidaba, mimaba, y confeccionaba sus ropas. Acudió a bautizar al animal y le puso por nombre Felipe. La mayoría del barrio creyó en tan sobrenatural parto, un misterio que nadie alcanzaba a desvelar. La madre hizo testamento a favor del gato, pero no resultaba válido, ya que ningún código de leyes admitía en aquellos tiempos que un animal fuera heredero de los bienes de un humano.

Al morir la mujer, se desata la polémica: es necesario cumplir su última voluntad y permitir que el felino se convierta en dueño de sus propiedades; otros pensaban lo contrario. En esas estaban, cuando un buen día el gato desapareció sin dejar rastro. Se acabó la polémica, pero no se aclaró el misterio, pues hubo quien afirmó que el felino había adquirido los mismos rasgos físicos de la mujer y que no había duda de que era carne de su carne.

viernes, 6 de agosto de 2010

La leyenda del cazador

Esta historia está escrita por Ángel del Río, cronista de la Villa y fue publicada en la edición digital del periódico Ya.

Cuenta una vieja leyenda, de esas que adornan la historia imaginativa de Madrid, que en tiempos remotos, una partida de cazadores salió a los entonces abundantes y frondosos bosques madrileños situados a extramuros de la Villa, con el ánimo de llevar a cabo una cacería de osos, de la que no obtendría carne para alimentarse, pero sí pieles para comerciar con los vecinos y rivales segovianos.

En uno de los parajes más recónditos, dos de la cazadores se dieron de bruces con una covachuela a cuya entrada andaba confiado un enorme y precioso ejemplar de oso. Los hombres se miraron y con un gesto de complicidad dispararon al unísono sus escopetas, abatiendo al plantígrado, que rodó por los suelos herido de muerte.

Mientras desollaban al animal, escucharon un doloroso rugido que procedía del interior de la cueva, donde hallaron a la osa envuelta en un desconsolado llanto, mientras cuidaba de dos pequeños oseznos. Los cazadores quedaron impactados por la escena, decidieron cuidar a la osa y para resarcirla del año que le habían producido, le otorgaron el privilegio de incorporarla al escudo de Madrid. De ahí que se diga, por esta leyenda y por otros argumentos más eruditos, que el animal que figura junto al madroño es una osa y no un oso.

La leyenda podría repetirse en estos tiempos, donde una partida de cazadores sale de montería; dos de ellos se separan del grupo para una caza más selectiva, se adentran en el bosque, que en la antigüedad pudieron ser los terrenos donde hoy se haya la plaza de Colón y la calle de Génova.

Ven sobrevolar el cielo una bandada de pájaros. A falta de presas mayores en su punto de mira, deciden disparar contra la bandada de aves, y abaten a una de ellas. Y se llevan la gran sorpresa cuando comprueban que se trata de una gaviota, un ave marina en pleno secano mesetario. Uno de los cazadores, sediento de caza mayor, justifica su frustración: “Ave que vuela, a la cazuela”. Y dan por finalizada la montería que se queda en caza menor, después de meterle plomo en las alas a la sorprendida gaviota.

Moraleja: si tiras como un idiota, en vez de cazar un oso, cazas una gaviota.

viernes, 18 de junio de 2010

La monja que ponía huevos

A principios del siglo XIX, el 6 de la calle Cantarranas, hoy Lope de Vega, era un continuo ir y venir de gentes. Ricos y pobres se arremolinaban allí para conseguir algún parabién de la nueva sierva de Dios, la «beata Clara». Acudían hasta consejeros de Estado, necesitados de su inspiración divina para resolver sus problemas.

Definida por sus acólitos como “portento de la fe y amiga particular de los santos del Cielo” esta experta en todo tipo de magia solucionaba todo tipo de problemas: sexuales, económicos, políticos, nada se le resistía. Incluso los más crédulos llegaron a afirmar que la “santa”, que sólo se alimentaba de pan eucarístico, era capaz de poner huevos de gallina ¿?

La afluencia de gente a su domicilio era tan grande que tuvo que “sacrificarse” y mudarse a otra casa situada en la calle de los Santos, junto al templo de San Francisco para seguir con sus tejemanejes. Realmente la encargada de tramitar "las milagrerías", y su cobro posterior, era la madre de la beata, ya que ésta bastante tenía con su estado de exaltación permanente.

Su poder de persuasióne ra tal que incluso el ilustrísimo Obispo auxiliar de Madrid pidió al Nuncio apostólico que acudiera a visitarla y más tarde consiguieron permiso del Papa para celebrar en su domicilio el santo sacrificio, y una dispensa para hacer los tres votos de monja de Santa Clara, eso sí sin la obligación de la clausura ya que sus múltiples dolencias se lo impedían.

Delatada por una de sus sirvientas al párroco de San Andrés, el 14 de julio de 1803 fue apresada y conducida a la cárcel de la Inquisición, junto a sus dos principales cómplices. La declaración de la sirvienta no tiene desperdicio: “Esa mujer no es tal santa, sino una grandísima pécora de la peor especie, hija de otra más pécora aún. Lejos de lacerar sus carnes, todos los días las baña en agua de rosas; a cada hora tiene un amante y las penitentes que le acompañan no son más que lobas de la misma camada, con su lobo correspondiente. Allí nunca se supo lo que fue ayunar ya que se dan los más abundantes banquetes”.

Pese a ello sus seguidores siguieron creyendo en su santidad, y a tanto llegó su fervor que la Inquisición tuvo que clausurar su vivienda, ya que allí acudían en tropel para llevarse cualquier cosa de la cosa, hasta yeso de las paredes, y guardarlo como reliquia. Como se puede ver, da igual la época de la que se trate, pero siempre hay espabilados dispuestos a hacer su agosto con las miserias de la gente.

P.D. Ayer publiqué en mi otro blog una nueva entrada titulada "Enlaces"

lunes, 24 de mayo de 2010

Los fantasmas del Reina Sofía

Durante el reinado de Carlos III se encargó a Sabatini rematar un proyecto iniciado por Hermosilla, que consistía en construir un gran hospital en el que aglutinar muchos de los pequeños centros que hasta entonces había diseminados por la ciudad. Así, el Hospital General fue inaugurado por Carlos III, en 1787, con capacidad para 18.000 enfermos.

Desde entonces el hospital sufrió distintas modificaciones y mantuvo sus funciones hasta que en 1965 cerró sus puertas. Desde entonces sufrió unos penosos años de abandono e incluso se pensó en demolerlo, pero afortunadamente la Academia de San Fernando y la Dirección General de Bellas Artes se opusieron y lograron que se mantuviera en pie, e incluso fue declarado mediante Real Decreto de 1977 edificio historico-artistico. Cinco años después se decidió que este era un buen lugar para albergar el que se llamaría Museo de Arte Moderno Reina Sofía y así lo podemos encontrar hoy día.

Se dice que en sus primeros años de funcionamiento murieron en él muchas personas debido a las distintas epidemias que asolaron la ciudad. La mayoría de ellas acabaron enterradas en el subsuelo del hospital y quizás de ahí vengan los sucesos que después hicieron que este lugar sea uno de los misteriosos de la capital. Desde sus inicios se contaba que eran comunes las apariciones de gente ya muerta que anunciaban el fin a los que estaban con pie y medio en el otro mundo.

Cuando se acondicionó para museo se encontraron todo tipo de esqueletos, cadenas y grilletes e incluso cuando en 1990 se procedió a una segunda remodelación aparecieron tres monjas momificadas enterradas en la antigua capilla del hospital, que según se cuenta siguen hoy descansando bajo de la puerta principal del museo.

Todo se reavivó en 1992 cuando llegó al museo el Guernica. Desde entonces los vigilantes nocturnos comenzaron a notar sensaciones extrañas: puertas que se abrían y cerraban solas, alarmas que se disparan, gritos aterradores, y todo tipo de hechos más propios de Milenio Tres que de un museo. Hasta aquí se desplazaron técnicos en parapsicología y una médium llegó a deducir que el fantasma era real y que era un sacerdote que había muerto aquí torturado durante la guerra civil.

Hubo varios vigilantes que pidieron el cambio de puesto e incluso algunos tuvo que que pedir la baja médica. Después de las investigaciones la Consejería de Medio Ambiente afirmó que carecía de competencias sobre fenómenos paranormales y dejó los hechos correr. Desde entonces no se ha vuelto a oír nada sobre estos fenómenos pero no se sabe si es porque los fantasmas ya descansan en paz o es porque no interesa sacarlos a la luz. Si te da por visitar el museo ya sabes anda atento y vigila tus espaldas, es posible que alguno de los fantasmas te esté vigilando.

P.D. Hoy he publicado una nueva entrada en mi otro blog titulada Desamores. Si apetece echar un vistazo ya sabes.

lunes, 19 de abril de 2010

El origen mitológico de Madrid

Según la DRAE una leyenda es la relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos. Un caso claro es la siguiente leyenda, inventada durnate el reinado de Felipe III. Tras el nuevo traslado de la corte de Valladolid a Madrid surge la idea de afianzar el prestigio de Madrid, frente a sus vecinas, para lo que se decide crear una leyenda mitológica en la que se describiera una hipotética fundación épica de Madrid, al estilo de la fundación de Roma. A continuación os resumo de qué iba la leyenda:

Finalizada la guerra de Troya entre los supervivientes que intentan salvar el pellejo se encuentra el mítico príncipe Bianor, que trata de regresar a Grecia. Al no hallar ninguna nave con la que huir por el Egeo, escapa por los Dardanelos y se establece en la actual Albania, donde funda su reino. A su muerte le sucede su hijo Tiberis que tuvo dos hijos, Tiberis legítimo y Bianor ilegítimo. Para evitar la pretensión al trono de Bianor, Tiberis le concedió una gran cantidad de dinero para que junto a su madre, Manto la fatídica, abandonasen el reino y fundaran uno nuevo. Ambos se dirigieron al Norte de la Península Itálica y allí Bianor fundó la ciudad de Mantua.

Ya en Mantua, Bianor tuvo un sueño en el que Apolo le aseguraba que su destino era partir con su ejército a la tierra donde muere el sol y fundar allí una nueva ciudad. Tras el sueño, Mantua le puso a su hijo el prenombre de Ocno "el que ve el porvenir a través los sueños". Ocno decidió partir y tras diez años de viaje, recibió una noche mientras dormía una nueva manifestación de Apolo. Éste le indicaba que el lugar donde estaban acampados era el elegido para fundar la nueva ciudad y ofrecerla a los dioses. Al despertar Ocno descubrió que aquel lugar, abundante en agua y en vegetación, estaba habitado por el pueblo nómada de los carpetanos "los sin ciudad" que, según dijeron a Ocno, también esperaban una señal divina para instalarse definitivamente.

Tras contarles Ocno el sueño, su ejército y los carpetanos comenzaron a construir la muralla, las casas y el palacio de la nueva ciudad. En la construcción del templo surgió el conflicto sobre a qué deidad había que consagrarlo. Para resolver la duda Ocno convocó en sueños a Apolo y éste le reveló que la ciudad debía consagrarse a Metragirta, diosa de la Tierra, también conocida como Cibeles.

Igualmente Apolo le comunicó que para conseguir que la ciudad fuese feliz, y no surgieran más discordias, Ocno debía ofrecer su vida. Tras contar a sus súbditos la decisión de Apolo, Ocno ordenó cavar un foso y se hizo tapar con una gran piedra labrada. Carpetanos y soldados se sentaron a orar sobre la losa, hasta que la última noche de aquella luna se desató una gran tormenta y de una de las nubles descendió la diosa Metragirta sobre un carro tirado por dos leones, sacó a Ocno de su tumba y lo hizo desaparecer. Así, la ciudad la llamaron Metragirta, que pasó a Magerit y finalmente a Madrid.

P.D. Hoy he publicado una nueva entrada en mi otro blog, titulada Guiños macabros. Os espero por allí.

miércoles, 14 de abril de 2010

La calle del azotado

En la edición impresa del periódico Qué de este lunes aparecía un artículo en el que se afirmaba que la calle de Grafal, con más de siete siglos de antiguedad, era posiblemente la más antigua de Madrid. Lo que no contaba este artículo es la leyenda asociada a esta calle.

En la actual calle de Grafal, vivió hace unos siglos Hernán Carnicero, personaje que había llevado una vida plácida hasta que algún tipo de gafe se apoderó de él. Todo comenzó cuando las autoridades de la villa, debido a una denuncia anónima, supieron que Hernán le había cogido el gustillo al visitar a horas intempestivas a una de sus vecinas, Mary Gonzalbo (no se sabe si con permiso de ella o no).

Alegando que sus visitas tenían fines deshonestos, las autoridades condenaron a Hernán a ser azotado y a ser paseado en público a lomos de un asno. Para más inri la sentencia aclaraba que parte de esos azotes debía recibirlos delante de su casa. Tras una monumental paliza Hernán fue ingresado en el Hospital General donde tuvo que curarse por partida doble, ya que al daño físico recibido se le sumó el recuerdo de las burlas recibidas por parte de sus vecinos.

Al volver a casa comprobó que el asunto no estaba olvidado, y es más, las chanzas hacia él iban en aumento. Al no querer soportar más humillaciones de nadie Hernán decidió deshacerse de su casa, vendiéndola o alquilándola, pero comprobó que nadie estaba interesado en ella ya que había pasado a conocerse como la casa del azotado y por alguna incomprensible razón nadie quería vivir allí.

Harto de su suerte, una noche Hernán decidió acabar con su mal fario, y procedió a quemar su casa. Lastimosamente, el gafe seguía con él y las llamas se extendieron a las viviendas contiguas que acabaron también reducidas a cenizas. A partir de aquí la leyenda varía ya que hay quienes cuentan que Hernán fue arrestado y pasó buena parte de su vida a la sombra, mientras que otros afirman que tras comprobar el desastre causado puso pies en polvorosa, dejó al gafe atrás exhausto, y nunca más se supo de él.

Sea como fuere cuando la zona en la que estaba su vivienda se reconstruyó pasó a denominarse como calle del Azotado, y se tomó la costumbre de llevar hasta allí a todas aquellas personas castigadas por las autoridades a sufrir el mismo castigo. En el año 1747 la calle del Azotado cambió su nombre por el de calle de Grafal, en honor al Marqués de Grafal, corregidor de la villa, que vivió en este lugar.

lunes, 12 de abril de 2010

El resucitado

Que los hechos paranormales ocurren desde tiempo inmemorable es algo innegable. Otro ejemplo es el siguiente cantar que recogió Boinifacio Gil en El Libro de la Fama.

Una señora en Madrid,
no tenía más que un hijo,
y aquel se lo llevó Dios
a su eterno paraíso.

Hasta ahora todo es normal, uno de tantos críos que desgraciadamente pasó a mejor vida antes de haberla disfrutado mínimamente.

Todos los viernes del año
el niño estrena un vestido
de tafetán encarnado
y los listones pajizos.

Aquí ya viene lo extraño, y conste que no tiene nada que ver con lo del estreno de los viernes. A pesar de que ya no pertenece al mundo de los vivos la madre se empeña en que su hijo sea el mejor vestido del barrio.

Y un día dijo la criada:
- Señora entierre "usté" al niño
que ya me huelen sus carnes
como a los perros podridos.

Al fin un poco de cordura en la casa. Supongo que los guisos que hacía la criada no eran apreciados convenientemente debido al aroma que poblaba la casa por lo que decidió meterse ¿dónde no la llamaban?

- Si a ti te huelen a eso,
a mí me huelen a lirios;
Jesucristo en el altar
resucitará a mi niño;
si me lo resucitara
le haría un vestido de oro
y una lámpara de plata
para alumbrar a Dios mío-

Está claro que a cada uno le parece lo suyo lo mejor, lo que pasa es que en este caso el amor de madre era excesivo, y eso que lo compartía con el amor a Cristo.

Al otro día siguiente
el niño amaneció vivo,
diciéndole: "Madre mía
cúmplase lo prometido"
La madre se metió monja
y el niño fraile francisco.

Como no podía ser de otra forma el final no podía haber sido más feliz por lo que todos acabaron contentos: el niño resucitó, la madre recupero a su hijo, y la Iglesia captó a dos nuevos miembros para sus futuros quehaceres.

P.D. Hoy he publicado una nueva entrada en mi otro blog, titulada Caprichoso azar. Por allí os espero. Saludos.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los vaticinios de la agorera

Hacia la segunda mitad del siglo XVIII llegó a la villa de Madrid, la burgalesa María Mola, conocida como la agorea. Tras ser expulsada de su tierra por practicar malas artes, María llegó a Madrid donde no se le permitió asentarse dentro de la villa por lo que tuvo que conformarse con una pequeña tienda de comestibles, procedente de un judío, situada en las afueras de la ciudad.

Allí retomó su costumbre de realizar presagios, y debido a sus continuos aciertos, su fama se difundió extraordinariamente entre el pueblo madrileño. La clientela se agolpaba en la puerta de la tienda para consultar a la célebre maga, encontrándose entre sus visitantes un viejo franciscano que cada semana recibía de María un celemín de harina como donación para su comunidad.

En una ocasión un joven franciscano le confesó al anciano que las dudas y los remordimientos le acechaban día y noche, y su vida se estaba conviertiendo en un "sinvivir". El anciano le convenció para que visitara a María y después de vencer sus iniciales reticencias el joven se armó de valor y acudió a ver a la bruja. Ésta le condujo al sótano de la tienda y allí le hizo creer que aparecería un ángel o un demonio, si ella los evocaba, pero el fraile se negó a la oferta.

Antes de salir por piernas de aquel lugar María le profetizó: "De arriba bajará la claridad a tus dudas. Cuando mañana celebres tu Misa al alba, ángel o demonio vendrá a ti, según tengas el estado de tu conciencia". Cuando a la madrugada siguiente el acongojado franciscano se disponía a celebrar la misa observó como un extraño ser trepaba por la cuerda de una lámpara. Tenía alas y cuernos, y emitía pavorosos ruidos.

El franciscano, sugestionado por la agorera creyó que el mismísimo diablo le visitaba y cayó sin sentido junto al altar. A los pocos días el franciscano respiró aliviado: se había descubierto que María para no fallar en su adivinación había soltado una lechuza en la iglesia, y ésta atraída por la luz de la lámpara se dispuso a trepar por ella para cazar los insectos que a ella acudían.

A resultas de todo esto María Mola fue condenada a la hora y muchos de sus clientes sintiéndose estafados, arrrojaron multitud piedras sobre su cadáver. A partir de entonces la calle en la que vivió comenzó a llamarse calle de la Agorera, nombre que con el tiempo, y debido a la degeneración del vocablo, terminó conociéndose como calle de la Gorguera. Hoy día se llama Núñez de Arce y es una de las calles que salen de la céntrica Plaza de Santa Ana.

P.D. Hoy he publicado en mi otro blog una nueva entrada titulada Sueños. Por allí os espero.

martes, 16 de febrero de 2010

Carnaval fantasmagórico

Aprovechando que estamos en Carnaval os dejo con una historia acaecida en el año 1853. Casualidades de la vida, Danimetrero la ha publicado en su blog este lunes así que aunque para algunos ya esté repetida aquí queda.


Martes de carnaval. Un diplomático alemán acude a un baile de máscaras al Teatro Real. Tras pasar un tiempo en compañía de unos y otros, decide retirarse en solitario a uno de los palcos para observar desde allí la fiesta. De repente una esbelta mujer, vestida completamente de negro, aparece en el palco portando una bella rosa blanca en su mano derecha.

Sin matener ningún tipo de converasación previa la mujer extiende su mano hacia el diplomático y le dice: "Sígueme". A pesar de que la frialdad de su mano hizo estremecer al diplomático, éste deseoso de ver en qué acababa tan extraña aventura decide acompañarla. Al llegar a la zona de baile la mujer se dirige de nuevo al diplomático y le pregunta "¿Te atreves a acompañarme?". La respuesta es afirmativa por lo que salen a la calle
- ¿Tienes coche? pregunta el diplomático.
- Mañana tendré el más lujoso de Madrid, pero esta noche voy a pie.
- Hace frío para estar andando por ahí.
- Para mí no, ¡yo estoy más fría que la noche!

Pese a insistir el diplomático en que le dijera dónde iban sólo obtuvo la callada por respuesta. Después de andar unos minutos llegan a la calle Alcalá, y a la altura de la Iglesia de San José se detienen.
- Ya hemos llegado. Es aquí.
- ¡Qué broma es ésta! No iras a entrar a la iglesia a estas horas y con ese traje.
- Es sólo un momento, no te detendré mucho más.

Por una de las puertas laterales la pareja entra en el templo, sorprendentemente abierto a pesar de lo tarde que ya era. Una oscuridad estremecedora domina la entrada a la iglesia, pero tras avanzar unos pasos descubren cómo en la nave central hay un ataúd débilmente iluminado, cubierto con paños negros. Antes de llegar a él la mujer señala el ataúd y dice:
- No se lo digas a nadie, pero me pusieron ahí esta mañana. Adiós.

La enmasacarada desaparece dejando en suelo la rosa blanca y un trozo de tul negro de su disfraz. El diplomático sin saber quée pensar sobre lo sucedido, decide abandonar la iglesia. Durante largo tiempo camina sin rumbo fijo intentando comprender qué es lo que realmente ha sucedido. Al amanecer decide coger un coche y emprender camino a casa. Al pasar el carruaje por la puerta de la iglesia hace detenerse al cochero, entra de nuevo al templo y comprueba cómo el ataúd sigue allí.

Le pregunta a un monaguillo quién está en él y éste le contesta que es una condesa que ha muerto el domingo anterior. Al asomarse comprueba que allí descansa una bella joven vestida con un traje negro acompañada de un ramo de rosas blancas idénticas a la rosa que la desconocida portaba la noche anterior.

viernes, 5 de febrero de 2010

La monja de las llagas. ¿Farsante o mártir?

María Josefa Dolores Ansatasia de Quiroga y Capopardo "Sor Patrocinio" es otro caso en el que se demuestra que en España el gris no existe, ya que esta mujer despertó en la sociedad de su época amores y odios a partes iguales. Con tendencia a caer con gran frecuencia en éxtasis, era capaz de tener conversaciones de tú a tú con el Diablo, con Cristo Crucificado o con la Virgen María.

De familia de hidalgos nace en 1811, en una época en la que la lucha política entre los partidarios de la infanta Isabel II y Carlos, el hermano de Fernando VII, está en su máximo apogeo. De gran belleza e inteligencia, muy pronto da muestras de ser una gran conocedora de todo lo relacionado con los misterios de la religión.

Su carrera religiosa comienza a los 15 años, cuando tras dar calabazas a Salustiano Olózaga, que años después sería un destacado político, ingresó como educanda en el Convento de las Comendadoras. Dos años después entró, ya como novicia, en la Orden de la Inmaculada Concepción, en Caballero de Gracia, y es entonces cuando comienzan los hechos por los que ha pasado a la historia.

Estando en oración sintió una herida en su costado izquierdo, de la cual comenzó a brotar sangre profusamente. Estamos ante la aparición de la primera de las múltiples llagas que a continuación le aparecerán por pies, manos, e incluso en la frente. A partir de ahí se suceden hechos inexplicables que correrán de boca en boca.

“Si tiene las llagas cerradas, se ve como por un cristal, porque brilla la pielecita que las cubre. Si están abiertas es un pasmo, tiene como un agujero y se ven los tendones o nervios. Desde que se abrieron, raro es el día que no le sale sangre de las llagas.”

Tras uno de sus éxtasis declaró que un Cristo Crucificado presente en un lienzo de su convento se dirigió a ella diciéndole: "cuidame tú porque mis esposas me han abandonado". En otra ocasión recibió de manos de la Virgen una imagen de Nuestra Señora del Olvido, que nadie nunca había visto en el convento: “Me entregó la soberana Reina esta portentísima Imagen, este encanto de los Cielos y la Tierra, y empezó en el cielo una celestial música, entonando la salve y otros sagrados cánticos; todos los cortesanos del cielo se daban parabienes”

Entonces comienza su particular calvario. Acusada de visionaria y falsaria, se abre contra ella un juicio civil, debido a su "impostura artificiosa y fanática", del que finalmente sale culpable. Se dice que uno de los artífices del proceso fue Olózaga, ya gobernador civil de Madrid, que no ha olvidado el despecho recibido años atrás.

Algunas fuentes cuentan que al ver cómo evolucionaban los acontecimientos, Sor Patrocinio declaró ante el tribunal que un padre capuchino le entregó una reliquia que al aplicarla al cuerpo, causaba una llaga que debía mantenerse abierta para seguir padeciendo, y ofrecer a Dios los dolores como penitencia y así alcanzar su perdón. Sus defensores aseguran que esta confesión la hizo bajo amenazas.

Se la condenó a destierro y pasó nueve años de exilio. A la edad de 33 años regresó a Madrid, y desde entonces su vida fue continuo vaivén en el que suceden destierros y perdones. Con sus milagros y profecías se gana a Isabel II, y se asegura que sus consejos pasaron a tener mucho peso en distintos temas de gobierno. Sus confidencias le reportaban donativos con los que Sor Patrocinio se dedicó a reformar y crear conventos, residencias y escuelas para niñas pobres.

“Yo os digo: Hijas mías, amaos las unas a las otras; uníos en perfecta caridad; hablad poco y siempre bien de vuestras hermanas si queréis llegar al reino de los cielos. Tened siempre una piedrecita en la boca para que vuestra lengua no se precipite nunca a decir cosas inconvenientes, sino que se mueva sólo para bendecir a Dios y para hablar de cosas sencillas e inocentes.”

Sor Patrocinio muere a los 80 años, dejando tras de sí un debate abierto que aún hoy continúa. ¿Heridas hechas o regaladas por Dios?, ¿Visiones reales o fruto de su imaginación? Cada uno tendrá su opinión. ¿Cuál es la tuya?


lunes, 25 de enero de 2010

El hortelano que hablaba con el diablo

Durante buena parte del siglo XIV la peste y la sequía eran el pan nuestro de cada día en Madrid. Hambre, enfermedades y muerte hacen mella en la población que ansiosa de encontrar soluciones tienen a brujas, videntes y hechiceros como remedio a sus males. La mayoría de éstos tarde o temprano son descubiertos en sus engaños y acaban en la miseria, pero hay algún caso en el que los profesionales de los sortilegios consiguen vivir como verdaderos reyes gracias a sus poderes.

Este es el caso de Martín Perdomes, hortelano de Navalcarnero, que alcanzó las más altas cotas de popularidad debido a sus repetidas tertulias con el diablo. Un buen día Martín contó a todo aquel que quiso escuchar que en uno de sus viajes a Madrid, donde acudía a vender su género, el diablo le había asaltado y le había hecho secretas confesiones. En días sucesivos vuelve a hablar de sus charlas con el diablo pero la gente afirma que todo son invenciones. Cansado de ser ninguneado, Martín decide ofrecerles una prueba definitiva de que lo que dice es cierto.

En la capital hace muchos meses que no cae una gota de agua pero Martín asegura que gracias a sus íntimas conversaciones puede afirmar que antes de setenta y dos horas una gran tromba de agua caerá sobre la ciudad. Es fácil, sólo hay que esperar para desenmascararle. No se sabe si Martín tenía más conocimientos de meteorología de lo normal, si realmente Satanás le contó algo, o si simplemente la suerte le acompañó, pero antes de que acabara el plazo dado, sobre Madrid cayó una tormenta de las que hizo época.

Este fue el espaldarazo para Martín que a partir de entonces comenzó a recibir encargos de todo tipo de gente para que les ayudara a vencer las tentaciones que Satanás un día sí y el otro también les tendía. Como de tonto no tenía ni un pelo, poco a poco sus bolsillos se fueron llenando hasta el punto de que decidió montar su propio consultorio en una casa en la Ribera de Curtidores y abandonar su antiguo oficio. No había color, charlando con Satanás ganaba más y se cansaba menos.

Su reputación llegó hasta el punto de que los mismos Reyes le invitaron a cenar al Alcázar para conocer más sobre sus habilidades y ésto hizo que aún su fama creciera más. Como no hubo ocasión en la que Martín no acertara éste acabó sus días rodeado de todos los lujos imaginables y teniendo cada noche como invitado de tertulia al maligno.
Paco Porras, toma nota.

lunes, 11 de enero de 2010

La calumnia del diablo

La entrada de hoy tiene su origen en el Romancero Popular y nos cuenta la leyenda, o hecho verídico, eso queda en gustos, acaecido hace unos cuantos siglos. Nos cuenta el suceso acaecido en el seno de un matrimonio madrileño bien avenido, que en pocas horas pasó de vivir un cuento de hadas a protagonizar una orgía de sangre y muerte.

Todo comienza cuando el marido debe emprender un viaje de negocios y deja en casa a su mujer que está a punto de dar a luz.

En la ciudad de Madrid, que es ciudad nombrada y buena,
residía un caballero que trata en paños de seda;
Isidro se llama él, su esposa doña Manuela.
A este tal le ocurrió un viaje de su casa a treinta leguas;
ella se abrazaba de él y él se abrazaba de ella.
- ¿Cuándo has de volver, Isidro, Isidro, cuándo es tu vuelta?
- Prenda de mi corazón, lo más pronto que pudiera.


En el viaje es abordado por un fraile que le pone al día de todo lo que se cuece en su casa cuando él no está presente. Isidro conocedor de la rectitud y honestidad de su santa esposa decide hacer oídos sordos al fraile pero finalmente las pruebas que le ofrece hacen mella en él.

Se cogió dos mil doblones, se marchó para la recua.
En el medio del camino el demonio le saliera
vestido de religioso porque no le conocieran.
- Vuélvete, Isidro, a tu casa, que tu mujer te la pega.
- Eso no lo creo yo, que mi mujer es tan buena,
que en lo que ha que estamos juntos no he visto maldad en ella.
- Pues si no lo quieres creer mira aquí las siete vueltas
de corales que la diste cuando otorgaste con ella,
que me los dio su amigo que conmigo se confiesa.


La ira y la repentina sensación de que un par de apéndices empiezan a brotarle en su cabeza hacen que el tratante decida regresar a casa, donde es jubilosamente recibido:

Se volvió Isidro a su casa lleno de cólera ciega;
al entrar en el portal con la criada se encuentra.
- Buenos días, mi señor, su venida sea buena;
ya ha parido su señora, ya ha parido y está buena;
ya hemos bautizado al niño con gran regocijo y fiesta.

Isidro no escucha. No quiere saber nada de niños, sólo le preocupa ese dolor que por momentos se apodera de su sien. Por ello decide ir en busca de Manuel y poner las cosas "en orden".

El se ha subido a la sala donde está doña Manuela.
- Ven aquí, perra, la dijo, adónde están las siete vueltas
de corales que te di?, y a quién los has dado, perra?
- Toma la llave, Isidro, que en el arca de allí afuera
las siete vueltas están tales cuales ellas eran.


No hay tiempo que perder. A él, macho como el que más no le van a engañar con palabrería. La zalamería es algo que ha dejado de tener efecto sobre él.

Iba tan acelerado que no atendió a la respuesta;
la dio siete puñaladas y a las menos se muriera;
con la sangre que arrojaba de sus delicadas venas
ha manchado siete colchas y ocho sábanas de seda.

De allí se fue a la cocina donde estaba la tetera
dando de mamar al niño, le dijo de esta manera:
- También has de morir tú, también es razón que mueras,
que naciste de tu madre y algo heredarás de ella.
Le ha agarrado de los pies, contra un cimiento le diera,
hasta que el pobre angelito echó los sesos afuera.


Isidro sale de casa como alma que lleva el diablo sin saber cuál es el siguiente paso que debe dar. Yo que la criada me quedaba bien guarecido ya que cuando la sangría comienza no se sabe en dónde o con quién acaba.

Se cogió dos mil doblones, se marchó para la recua,
y en el medio del camino el demonio le saliera,
vestido de religioso porque no le conocieran.

- Padre, ya he matado al ñiño y mi mujer muerta queda.
- Pues si has matado al niño y tu mujer muerta queda,
más adelante no sigas que está la justicia entera,
y te vienen a prender los parientes de Manuela;
y lo que puedes hacer atarte con esta cuerda
que en mi cuerpo se ciñó y en el tuyo se ciñera.


Parece ser que la "valentía" de Isidro ya ha tocado fin por lo que mientras mira y remira la cuerda ofrecida, surge el milagro. Sin saber de dónde procede, una voz femenina, dulce y armoniosa llama la atención de Isidro. Es la Virgen.

Estando en estas razones, una allí viniera.
- Anda, demonio, al infierno y deja las almas buenas;
vuélvete, Isidro, a tu casa, que tu mujer está buena.
- ¿Cómo me volveré yo si mi mujer muerta queda?
- Vuélvete, Isidro, a tu casa, que tu mujer está buena.

Isidro incrédulo ante lo que acaba de escuchar decide regresar a su hogar. La hora del arrebato terminó.

Se volvió Isidro a su casa todo lleno de tristeza;
a la entrada del portal y al subir de la escalera
ya sintió llorar al niño y cantar doña Manuela.
Postradito de rodillas allí perdón la pidiera;
que le ha cegado el demonio, que si no él no lo hiciera.


Y es así como felizmente Isidro encontró a su mujer y a su recién nacido esperándole con los brazos abiertos, no sabemos si por alegría o por miedo. Desde entonces, nunca más se supo de los desvaríos de Isidro y parece ser que aquel fue el día en el que que decidió que eso de matar la sed y la soledad a base de arrobas de vino bronco y peleón tenía que pasar a la historia.

(Aclaración: Las palabras en cursiva se corresponden con el Romance original titulado La calumnia del diablo).