
Un día que los críos vieron que el cazador se había ausentado decidieron acercarse a la casa y coger la piel. Una vez que estaba en sus manos uno de ellos, el más valiente, decidió pinchar la piel con unas tijeras y vio que estaba rellena de paja. El muchacho siguió clavando las tijeras en la piel ante el regocijo general hasta que el cazador hizo acto de presencia. Aunque los muchachos salieron corriendo el cazador cogió al muchacho de las tijeras y sin pensarlo un segundo, de un golpe seco, le clavó un enorme cuchillo en el pecho.
Cuando la madre llegó allí, avisada por los otros chiquillos, encontró horrorizada a su hijo moribundo sobre un gran charco de sangre. Desesperada, la madre cogió al niño y lo llevó ante la imagen de la Virgen de las Maravillas, rogándole que le salvara la vida. Según se cuenta la Virgen consiguió salvar al niño por lo que el suceso fue corriendo de boca en boca y desde entonces la calle comenzó a conocerse como la calle del Lobo. Esta calle situada junto a la Plaza de Santa Ana es hoy conocida como calle Echegaray.
Cuando la madre llegó allí, avisada por los otros chiquillos, encontró horrorizada a su hijo moribundo sobre un gran charco de sangre. Desesperada, la madre cogió al niño y lo llevó ante la imagen de la Virgen de las Maravillas, rogándole que le salvara la vida. Según se cuenta la Virgen consiguió salvar al niño por lo que el suceso fue corriendo de boca en boca y desde entonces la calle comenzó a conocerse como la calle del Lobo. Esta calle situada junto a la Plaza de Santa Ana es hoy conocida como calle Echegaray.

Menuda historia Miguel...pone los pelos de punta. Besos en el día de la Constitución
ResponderEliminarComo siempre, aprendemos un poco más de Madrid contigo...
ResponderEliminardirty saludos¡¡¡¡¡
Gran historia, siempre se parende algo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Como siempre, interesante historia...
ResponderEliminarCarpe Diem
Hay miles de leyendas por todo Madrid, no sabía que esta calle antes se llamaba así.
ResponderEliminarMuy fuerte el relato, se ponen los pelos de punta.
Besos, Miguel.
Gracias por vuestras palabras. Aunque ya he publicado un montón de ellas, aún quedan por ahí unas cuantas para sacar.
ResponderEliminarSaludos