martes, 16 de diciembre de 2008

La Plaza de Jacinto Benavente

Situada a pocos pasos de la Plaza Mayor y la Puerta del Sol se encuentra esta plaza, una de las más concurridas del centro de Madrid. Su origen es la antigua Plaza de la Aduana Vieja, que unida a las obras de ensanche realizadas al final de la calle Carretas, y la demolición de una manzana entera de edificios finalizada la guerra civil le dio a la plaza su aspecto actual.

En ella destacan la Casa de los Cinco Gremios (primera sede del Banco de España), el teatro Calderón (hoy horriblemente llamado Häagen Dazs), la estatua en homenaje a los barrenderos de Madrid y la cruz recordando a los peregrinos que realizan el camino de Santiago junto al Centro Gallego. Sin embargo todo esto queda para futuras entradas porque hoy me interesa mostrar la vida de esta plaza, ya que se trata de un lugar de encuentro para todo tipo de gente.

Aquí se juntan gente de paso, ciudadanos ociosos sin nada mejor que hacer que dejar pasar el tiempo allí sentados, indigentes con ganas de echar una cabezada, emigrantes latinos provistos de sus correspondientes latas de cerveza, prostitutas bien entradas en años (algunas hace tiempo que cumplieron los cincuenta), decrépitos clientes deseosos de ver "limpios" sus bajos instintos por estas trabajadoras y todo tipo de personajes que te puedas imaginar.

Siempre que pasó por allí me acuerdo de la letra de una canción de Serrat "La aristocracia del barrio" que aunque no está inspirada en este lugar, creo que refleja de una forma bastante fiel el espíritu de vida que aquí se palpa.

Entre el bar y la bolera
rondan por la acera
salpicando betún y brillantina.
En el índice una alhaja.
El pelo a navaja.
Controlando al barrio desde una esquina.

Óyeles silbar...
Parecen estar
esperándote vecino
para jugar
un mano a mano a los chinos.

Son la aristocracia del barrio.
Lo mejor de cada casa
tomando el sol en la plaza.

Tienen a su madre anciana,
virgen a la hermana
y en las Ramblas a una que es del asunto.
Un padre que murió un día
y la filosofía
del tapete, el compañero y el punto.

Míralo jugar...
Sin pestañear...
Nació chulo y sin remedio.
Pide con seis
y se planta en dos y medio.

Son la aristocracia del barrio.
Tahúres, supersticiosos,
charlatanes y orgullosos.

Trafican en transistores,
en encendedores,
en cosméticos y en bisutería
hasta que el cante de un socio
les cierre el negocio
como poco por seis meses y un día.

Igual que se van
reaparecerán
hechos un figurín, pero
con el color y el perfume del talego.

Son la aristocracia del barrio.
Tránsfugas independientes
mejorando a los presentes.

Si les sigue usted los pasos
verá más de un caso
que en la puerta de un Juzgado de Guardia,
por la hembra y el retaco
deja hasta el tabaco
y hurga en las demandas de La Vanguardia.

Envejecerán
horneando pan.
Cada quien muere a su modo.
Qué se va a hacer.
Ha de haber gente pa' todo.

Y la aristocracia del barrio
sentimentales y buenos
en el bar, le echan de menos.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Historias del árbol de Navidad

Llegó el momento. A estas alturas de mes creo que ya se puede empezar a hablar de la Navidad. Aunque desde hace meses (cada año antes) nos bombardean sistemáticamente con estas fiestas, no fue hasta el pasado día 28 cuando en Madrid dio comienzo "de forma oficial" la Navidad. Ese día se encendieron los nueve millones de bombillas que el Ayuntamiento ha instalado en distintos lugares de la capital. Complementando a todas esas luces se han "plantado" diez árboles de Navidad que intentan dar aún más espectacularidad al alumbrado.

Aunque mi espíritu navideño anda algo oxidado, siempre he sido más de belenes que de árboles, de Reyes que de Papá Noel. Curiosamente esta tradición arbórea, que llegó a España a mediados del siglo pasado, va restando año tras año protagonismo al niño, el buey y la mula. Se cree que su origen está en Alemania, cuando en la época precristiana los pueblos germánicos colocaban en sus hogares plantas de hojas perennes como símbolo de fertilidad, así como alejar del hogar las enfermedades y los malos espíritus.

Entonces no se adornaban los árboles con guirnaldas u otros abalorios, sólo en algunos casos se colgaban las cabezas de sus enemigos como trofeo (¡cómo cambia el cuento!). Como en muchos otros ritos y fiestas paganas, la implantación del cristianismo hizo que todo esto se adecuara a la nueva religión imperante, y por ejemplo se eligió el abeto como árbol de referencia ya que su forma triangular simbolizaba la Santísima Trinidad.

Según una leyenda la tradición de iluminar el árbol se debe al protestante Lutero, que una noche de invierno quedó impresionado por el brillo que dejaban las estrellas al destellar entre los árboles. Para reproducir la situación colocó un árbol en su casa e le instaló en él unos alambres en las ramas para sostener velas encendidas. Esa tradición se extendió pronto entre los alemanes, y de ahí a EE.UU. donde se convirtió en un verdadero ritual.

Este año varios diseñadores han sido los encargados de iluminar la Navidad madrileña; por ejemplo, el tradicional árbol de la Puerta del Sol, formado por un conjunto de triángulos blancos, es obra de Devota & Lomba. Mientras tanto, ajenos a la supuesta modernidad que ofrecen Modesto Lomba, David Delfín o Agata Ruiz de la Prada, las vendedores de abetos de la Plaza Mayor, con sus sencillos mandiles, tratan de aprovechar estas fechas para sacase unos cuartos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Fons Vitae, Fons Mortis

Un 10 de diciembre de 1906 uno de nuestros investigadores más insignes alcanzó uno de los puntos culminantes de su carrera. Hace 102 años, Santiago Ramón y Cajal veía recompensado su trabajo y su aportación a la neurociencia con la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Con este galardón, recibido a los cincuenta y cuatro años, este navarro culminaba sus muchos años de investigación para logar importantísimos avances en el conocimiento de la estructura del sistema nervioso.

Como reconocimiento a su labor, en 1926, Alfonso XII inauguró en el Retiro una escultura erigida en su honor. En ella el escultor, Victorio Macho, presenta al sabio recostado como si se tratara de un enterramiento etrusco. A izquierda y derecha de él brotan dos chorros de agua y encima de cada uno de ellos aparece un bajorrelieve. En uno de ellos se puede leer "Fons Vitae" y en el otro "Fons Mortis" y lógicamente representan respectivamente el nacimiento de una nueva vida y la muerte de otra. Para rematar el conjunto, detrás de Ramón y Cajal, aparece Minerva, diosa que prolongaba a voluntad la vida de los mortales y obtenía la felicidad tras la muerte.

En un país en el que en numerosas ocasiones menospreciamos lo propio y alabamos las virtudes de todo lo que viene de fuera, no está de más recordar que aquí también han nacido personas que con su esfuerzo y trabajo en el mundo de la investigacón han conseguido que nuestra vida pueda ser más satisfactoria.

Quedan para el recuerdo algunas de las citas más célebres de Ramón y Cajal:
"Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas."
"Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia"

"Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia"

martes, 9 de diciembre de 2008

La loca noche de amor del Guardia de Corps

Muy cerca de la Plaza de la Villa está la calle Sacramento, una de las vías con más leyendas de Madrid. La de hoy tuvo lugar una fría y desapacible noche de 1745, y tiene como protagonista a Juan de Echenique, capitán de la real guardia de Corps, que con su bien ganada fama de mujeriego y jugador, dedicaba sus ratos libres a cumplir devotamente con sus dos pasiones. Esa noche caminaba apesadumbrado después de perder bastante dinero en una timba, cuando a la altura de la calle Sacramento comprobó como la suerte volvía a sonreírle. La melodiosa voz de una hermosa joven, asomada a una ventana, le animaba insinuante para que subiera a casa.

Impresionado por su belleza, Juan no tardó un instante en aceptar tan apetecible proposición. De dos en dos subió las escaleras hasta que llegó a la habitación donde le esperaba la desconocida, y como no podía ser de otra forma, con ella disfrutó de una de sus más locas noches de pasión. En uno de sus pocos momentos de descanso entre faena y faena, las campanas de la cercana Iglesia de San Justo le devolvieron a la realidad: era la hora de volver a Palacio para realizar el relevo de la guardia. Se vistió lo más rapidamente que pudo y abandonó la casa no sin antes besar una vez más a aquella maravillosa mujer.

Al llegar a la calle Mayor Juan notó que en su precipitada salida había olvidado su espadín en la casa. Deshizo el camino andado y cinco minutos después estaba de nuevo frente a la casa. Al llegar llamó varias veces pero nadie contestaba, es más, un grueso y oxidado candado cerraba aquel lugar a cal y canto. Extrañado por la situación decidió insistir hasta que un vecino alarmado por los golpes se asomó al balcón y le dijo que era inútil que llamara allí porque la casa llevaba cincuenta años abandonada. Juan no dio crédito a tales afirmaciones e insistió, por lo que el vecino le dejó por imposible y volvió, a terminar los deberes con su mujer. Valiéndose de sus mañas, Juan logró entrar en la casa y comprobó atónito como lo que antes era lujo y opulencia se había convertido en un conjunto de mugre y telarañas.

Sorprendido, su corazón casi le da un vuelco cuando tras quitar el polvo de un cuadro situado en la habitación del pecado, vio como la mujer pintada era su amada. La fecha del cuadro no dejaba lugar a dudas, estaba pintado hacía medio siglo. Aterrado, como si hubiera visto al mismo diablo, intentó escapar pero en su huida tropezó con un sillón del que colgaba más reluciente que nunca su espadín. Juan tomó todo aquello como una señal inequívoca del más allá, y tras llegar a casa decidió abandonar su anterior vida e ingresar en un convento. La casa fue derruida años después y hoy se encuentra allí un aparcamiento municipal.

sábado, 6 de diciembre de 2008

El Monumento a la Constitución

Tras los trágicos años de la guerra civil, y después de una penosa posguerra, con la muerte de Franco se abrieron de par en par las opciones para al fin crecer como país, y poder vivir intentando aparcar los odios y rencillas que se habían ido enquistando durante todo ese tiempo. Después de celebrarse en junio de 1977 las primeras elecciones democráticas, el 6 de diciembre de 1978 (ya han pasado 30 años) se celebró el referéndum en el que aprobó la actual Constitución.

Parecía lógico que este texto, primer reflejo de la nueva libertad que había sido arrinconada durante cuarenta años, tuviera un monumento que nos recordara lo mucho que costó llegar hasta allí. En Madrid el Monumento a la Constitución se encuentra en los Jardines del Museo de Ciencias Naturales, junto al paseo de la Castellana. Inaugurado en 1979, este homenaje del pueblo de Madrid a la Constitución, es obra del arquitecto Miguel Ángel Ruiz-Larrea. A pesar de no ser uno de los monumentos más bonitos de Madrid, más bien todo lo contrario, habrá que olvidar su estética y pensar en lo que representa.

Como de este tipo de arte no entiendo mucho he tenido que buscar qué pretendía el autor con su obra. Según he leído, se trata de un cubo de mármol atravesado por cuatro tramos de escaleras que, en su desarrollo, se cruzan en medio de otro cubo vacío de dimensiones a la medida del hombre, situado en el interior del primero.

El autor pretendió que el monumento fuera algo transitable para las personas y pudiera ser atravesado. Así el cubo actuaría como una cavidad maternal que nos mima y protege, intentando asemejarse a lo que la Constitución quiere ser para los españoles. Además con el color blanco pretende expresar los valores éticos que los ciudadanos proyectaban en el texto constitucional.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Trampantojo en la calle de la Cruz

"¿Me engañan los ojos o el deseo? Donde existió un teatro ahora sólo es calles o ¿la calle toda ahora es un teatro? ¿Me engañan los ojos o el deseo?" Estas palabras aparecen en una medianera del nº 27 de la calle de la Cruz, junto al trampantojo, realizado en 1990 por Angel Aragonés, que recoge una panorámica más o menos actual de la calle Espoz y Mina.

Allí estuvo el Corral de Comedias de la Cruz, uno de los más famosos "teatros" del Madrid de hace unos siglos. Inaugurado en 1579, fue un simple corral descubierto hasta que en 1743 se construyó el primer edificio, y allí aguantó hasta que en 1859 fue derribado. Su popularidad se debía en parte a que en él se representaban algunas obras del Siglo de Oro, especialmente de Lope de Vega y Cervantes. Sin embargo fue más conocido aún por ser el lugar preferido de Felipe IV, que acudía allí para disfrutar (en los dos sentidos) con la actriz, Mª Inés Calderón "La Calderona".

En 1627, con dieciséis años, La Calderona debutó en el Corral de la Cruz y pronto su belleza y su arte llegaron a oídos de Felipe IV, que a falta de cosas mejores en las que gastar el tiempo, acudió raudo al teatro. La belleza de la joven le cautivó y de inmediato la convirtió en una de sus amantes. De esa relación nació en 1629 Juan José de Austria, al que Felipe IV tardó trece años en aceptar como hijo legítimo. El que finalmente le reconociera no se debió lógicamente a ningún test de paternidad sino a la falta de herederos varones. De los doce hijos que tuvo en sus relaciones oficiales, sólo tres llegaron a los 18 años, y de estos el único varón fue Carlos II "El Hechizado", que no nació hasta 1661.

Más preocupado por las faldas que por el gobierno, el llamado “Rey Planeta” o “el Grande”, vio impasible como el imperio español comenzaba su inexorable declive. Queda para la posteridad una memorable frase en la que Francisco de Quevedo le comparó con un agujero: “más grande cuanta más tierra le quitan”.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Lucha contra el Sida

Hoy, 1 de diciembre, se conmemora el día mundial de la lucha contra el SIDA, epidemia de finales de siglo XX causada por la infección del VIH. La elección de esta fecha se debe a que un 1 de diciembre de 1981 fue diagnosticado el primer caso de SIDA en el mundo. Desde entonces, esta enfermedad ha matado más de 25 millones de personas en todo el mundo, haciéndola una de las epidemias más destructivas.

La idea de dedicar un día a la lucha contra el SIDA en el mundo se originó en la Cumbre Mundial de Ministerios de la Salud de 1988, dentro de los programas para la prevención del SIDA. El lema propuesto para este vigésimo centenario es: “Actúa, detén el Sida. Juntos podemos”. Con él se pretende reforzar la prevención del VIH a través de relaciones sexuales responsables y luchar contra la discriminación que todavía sufren los enfermos de sida.

La campaña busca respetar sus derechos, luchar contra la discriminación, usar el preservativo y concienciar de la necesidad de realizarse la prueba del VIH en el caso de mantener relaciones no seguras. Y es que actualmente casi la mitad de los nuevos casos de sida en España se deben a relaciones sexuales no protegidas. Así unas 150.000 personas padecen este virus en nuestro país, cada año hay 3.000 nuevos casos, y unos 1.500 enfermos fallecen por este causa.

La semana pasada se ha colocado, junto al Ministerio de Sanidad, un lazo rojo, símbolo mundial para la solidaridad con las personas VIH positivas y con aquellos que conviven con él (fotos 1 y 2). Además en la Plaza Vázquez de Mella, hay otro enorme lazo de hierro fundido pintado en color rojo sobre barandillas de acceso a un aparcamiento público realizado por Teresa Sapey e inaugruado en septiembre de 2005 (fotos 3 y 4).

Vaya desde aquí mi apoyo a todos los que de un modo u otro sufren esta enfermedad que durante mucho tiempo estuvo maldita, e incluso fue celebrada por algunos cafres que veían en ella una especie de castigo divino para todas aquellas personas que se salían de lo que ellos consideraban el camino correcto.

viernes, 28 de noviembre de 2008

La Plaza de Gabriel Miró

Es posible que el nombre de esta plaza no diga mucho a la mayoría de la gente que lea esta entrada, y sin embargo es uno de los lugares más típicos de Madrid. Si en vez de haber nombrado así la entrada lo hubiera hecho diciendo Parque de las Vistillas todo habría quedado más claro. Lo de Vistillas se debe a las buenas vistas que desde aquí se tienen del Manzanares, la Catedral de la Almudena o la Casa de Campo.

Lo que a principios del siglo XX fue un mercado en el que se vendían melones procedentes de distintos puntos de la provincia, se ha convertido actualmente en un lugar de encuentro en el que poder tomar una cerveza en alguna de sus terrazas, o disfrutar de las fiestas de San Isidro o La Paloma. Como tantos otros sitios, este lugar no ha podido escapar a los graffitis que invaden Madrid, y tampoco ha podido evitar que sirva como campamento para distintas personas sin hogar.
Curiosamente en la plaza en ella hay varios monumentos que recuerdan a distintos personajes, y sin embargo ninguno recuerda al escritor alicantino Gabriel Miró. Allí se encuentra el busto de Ignacio Zuloaga, pintor que tuvo su estudio en este lugar; un monumento a la Violetera (foto 5) y otro, el más destacado de los tres, al escritor Ramón Gómez de la Serna (foto 7). Este último, padre de la frase "Madrid es no tener nada y tenerlo todo", destacó por su extensa producción literaria, y por ser el inventor de las llamadas greguerías a las que él mismo definió como: «Humorismo + metáfora = Greguería».

Junto a la plaza destaca el Seminario Conciliar, de estilo neomudéjar, inaugurado en 1906 (foto 6). Este edificio se levanta en el solar en el que estuvo emplazado el Palacio del Duque del Infantado, y más tarde el del duque de Osuna.

No está de más recordar que este lugar como la mayoría de los rincones del Madrid antiguo, tiene su propia leyenda. Todo viene cuando en 1886 un aldeano afirmó que allí se le apareció la Virgen acompañada de San Pedro, San Juan y una comitiva angelical, ¡nada más y nada menos!. Durante un tiempo fue este lugar un punto de reunión de numerosos devotos que deseaban ver a la Virgen y conseguir que sus súplicas fueran atendidas.

Por suerte o desgracia, la Virgen tenía otras cosas mejores que hacer y no volvió por estos lares por lo que con el tiempo las reuniones fueron perdiendo adeptos hasta que finalmente terminaron. Si este aldeano hubiera nacido cien años más tarde seguro que lo de la vidente de El Escorial habría quedado en un juego de niños.

martes, 25 de noviembre de 2008

La casa de los lagartos

Esta curiosa casa situada en el número 1 de la calle Mejía Lequerica, muy cerquita del Palacio de Longoria, es otra de las muestras del arte modernista en Madrid. En este caso, según los entendidos entre los que no me encuentro, el edificio sigue las directrices del modernismo austriaco, mucho más racionalista y menos recargado que el francés o el belga. Esta corriente encabezada por Otto Wagner está en la línea de lo que se construía, a finales del siglo XIX y primeros del XX, en Viena. Así en la fachada se pueden observar un gran número de elementos decorativos caracterizados por su simetría y su gran sencillez geométrica.

El edificio fue proyectado en el año 1911 por Benito González del Valle, que recibió el encargo de hacer viviendas de alquiler. Se construyó en un solar de menos de cinco metros de profundidad, y esto se comprueba fácilmente ya que al observar el edificio se ve como sus fachadas laterales son minúsculas. Tanto es así que el conjunto es unas once veces más largo que ancho.












Sin embargo a pesar de la curiosidad de su ancho y siendo una de las pocas muestras en Madrid del estilo austriaco citado, lo que siempre ha llamado la atención de la gente que por allí pasa es el remate del edificio. Si te fijas podrás ver como agarrados a la parte superior de la fachada, se encuentran unos grandes lagartos que parecen intentar alcanzar la azotea.

Cuando los veo inevitablemente me acuerdo de esos muñecos de Papá Noel que mucha gente cuelga ahora de sus ventanas y balcones cuando llegan las Navidades. Siempre he sentido más simpatía hacia los Reyes Magos que a Papá Noel, y por ello no me gustan demasiado (más bien nada) estos muñecos. Además creo que para escalar fachadas como nadie ya está Spiderman, aunque viendo al que se pone algunas veces en la Plaza Mayor me da por pensar que ya ni eso.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Cuernos Reales en la calle del Lazo

A muy pocos pasos del Teatro Real se encuentra la calle del Lazo, lugar cuyo nombre está relacionado con un crimen pasional en el que se vio envuelto nada más y nada menos que uno de los monarcas más destacados en la historia de nuestro país. Aunque en política no fue muy determinante, las grandes aportaciones de Alfonso X "el Sabio"en el campo de la cultura le merecieron el apelativo con el que ha quedado para la historia.

Además de su amor por el arte, el derecho y la ciencia, Alfonso X como buen rey español tenia otra pasión desenfrenada, las mujeres. Aunque fruto de su matrimonio con Violante de Aragón nacieron once hijos, fuera de esta relación tuvo alguno más ya que por su posición conseguía que nadie le negara sus favores. Una de sus amantes, María Delanda, vecina de la calle del Espejo, pasó a la leyenda por su traición amorosa al rey.

Prendado Alfonso por su belleza, decidió regalarle a la muchacha un lazo para que lo luciera en sus citas reales. Cada vez que se encontraban para disfrutar juntos de los placeres de la carne, ella acudía radiante con su lazo bien visible. Esto fue sucediendo así hasta que un día el rey salió preocupado de la casa de su amada porque ella no llevaba el lazo. Como esto volvió a repetirse en otras ocasiones el rey empezó a sospechar que algo raro estaba pasando. Tras mandar a uno de sus hombres que vigilara de sol a sol a la mujer, sus peores temores se vieron confirmados.

Según el "detective" todos los días María recibía en su casa a un apuesto joven que era el que realmente gozaba de su amor. Como eso de la corona no debe quedar muy bien con unos reales cuernos, pocos días después el joven aparecía cosido a puñaladas en un callejón. Junto al cuerpo inerte quedó un lazo cubierto con la sangre del desdichado amante, y desde entonces aquel callejón recibe el nombre de calle del Lazo para recordar así aquel trágico suceso.