

El encargado de acondicionar el edificio fue Antonio Sillero, siendo sustituido más tarde por Juan Bautista de Toledo. Es de clasicista, y alberga en su interior importantes obras de arte. Sobre todo, destaca del conjunto la iglesia, levantada sobre una sola nave cubierta con bóveda de cañón y cuyas obras fueron terminadas en 1564, siendo solemnemente inaugurado por Felipe II. También es interesante la excelente decoración de la escalera principal, realizada por Agostino Miteli y Micaelangelo Colonna.
En el siglo XVIII el monasterio sufrió importantes obras de restauración, destacando la que en 1756 hizo Diego Villanueva. Sin embargo, su reforma más importante fue realizada tras el grave incendio de 1862, en donde se perdió el excepcional retablo mayor, obra de Gaspar Becerra.
Aunque sigue habitado por religiosas, el convento pertenece al Patrimonio Nacional, pudiéndose visitar en su interior una magnífica colección de más de diez mil obras de arte, realizadas por artistas como Juan de Mena, Gregorio Hernández, o Francisco Ricci entre muchos otros.

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