San Roque, Inclusa, San Luis Obispo, Red de San Luis, Patriota Manzanares, ... Si variados son los nombres que esta céntrica calle, que une la Puerta del Sol con Gran Vía, ha tomado a lo largo de la historia, también variadas son las leyendas que intentan justificar el origen de su actual nombre. De todas ellas quizás la más verosímil es la que relaciona el nombre de Montera con la pasión que desataba una mujer que aquí habitaba entre los hombres de la Villa y Corte.
Se trataba de la esposa del montero mayor de Felipe III, una mujer de rompe y rasga, de cuya belleza tenían constancia en muchas leguas a la redonda. A pesar de la probada honestidad de esta dama, su donaire y elegancia provocaba que los más bajos instintos se desataran entre los galanes de la ciudad. Así, ya fuera de día o de noche, las inmediaciones de su casa estaban siempre atestadas de futuros pretendientes deseosos de conseguir sus favores.
Tanto es así que cada vez que salía de paseo o a oír misa en la cercana iglesia de San Luis, el inconfundible sonido de las espadas podía escucharse tras de ella, y los pinchazos y estocadas que se lanzaban por doquier sus téoricos pretendientes era el pan nuestro de cada día. De hecho raro el día en el que los corchetes y alguaciles no intervenían para intentar atajar las disputas celosas entre los galanes, que incluso en algunos casos acababan con la muerte de alguno de ellos.
Cuando todo esto sucedía este lugar no era más que un lodazal lleno de todo tipo de inmundicias que arrojaba la gente desde sus casas. Por suerte hoy el aspecto de la calle dista mucho del de entonces, y en ella, junto a trampantojos y un graffiti superviviente de Muelle, abundan todo tipo de comercios distribuidos por toda la calle y los pasajes comerciales aledaños, aunque predominan los locutorios, las tiendas de tatuajes las de compro oro y los sex-shop.
Pero a pesar de todo esto, la calle sigue siendo conocida por los cortejos que se dan en ella, aunque en este caso el agasajo sí que es atendido, siempre y cuando haya euros de por medio. Y es que por desgracia esta calle es famosa por la gran cantidad de prostitutas que durante las 24 horas del día campan a sus anchas por ella. Así, mientras que los viandantes transitan a toda mecha imbuidos por el estrés madrileño es curioso observar como en cada soportal una prostituta espera pacientemente la llegada de un nuevo cliente.
Hartos de la situación, hace un año la asociación de vecinos de Montera colgó distintos vídeos en Internet para mostrar la cruda realidad de lo que tienen que aguantar día a día. Para intentar arreglar la situación, el Ayuntamiento ha tomado distintas medidas instalando allí un edificio de la Policía Municipal, peatonalizando la calle y colocando cámaras para mejorar la seguridad. Con esto se pretende conseguir que esta calle tenga una importancia comercial similar a sus vecinas Preciados o el Carmen, aunque por desgracia, a día de hoy el comercio que sigue reinando es el de la carne.

Se trataba de la esposa del montero mayor de Felipe III, una mujer de rompe y rasga, de cuya belleza tenían constancia en muchas leguas a la redonda. A pesar de la probada honestidad de esta dama, su donaire y elegancia provocaba que los más bajos instintos se desataran entre los galanes de la ciudad. Así, ya fuera de día o de noche, las inmediaciones de su casa estaban siempre atestadas de futuros pretendientes deseosos de conseguir sus favores.
Tanto es así que cada vez que salía de paseo o a oír misa en la cercana iglesia de San Luis, el inconfundible sonido de las espadas podía escucharse tras de ella, y los pinchazos y estocadas que se lanzaban por doquier sus téoricos pretendientes era el pan nuestro de cada día. De hecho raro el día en el que los corchetes y alguaciles no intervenían para intentar atajar las disputas celosas entre los galanes, que incluso en algunos casos acababan con la muerte de alguno de ellos.
Cuando todo esto sucedía este lugar no era más que un lodazal lleno de todo tipo de inmundicias que arrojaba la gente desde sus casas. Por suerte hoy el aspecto de la calle dista mucho del de entonces, y en ella, junto a trampantojos y un graffiti superviviente de Muelle, abundan todo tipo de comercios distribuidos por toda la calle y los pasajes comerciales aledaños, aunque predominan los locutorios, las tiendas de tatuajes las de compro oro y los sex-shop.
Pero a pesar de todo esto, la calle sigue siendo conocida por los cortejos que se dan en ella, aunque en este caso el agasajo sí que es atendido, siempre y cuando haya euros de por medio. Y es que por desgracia esta calle es famosa por la gran cantidad de prostitutas que durante las 24 horas del día campan a sus anchas por ella. Así, mientras que los viandantes transitan a toda mecha imbuidos por el estrés madrileño es curioso observar como en cada soportal una prostituta espera pacientemente la llegada de un nuevo cliente.
Hartos de la situación, hace un año la asociación de vecinos de Montera colgó distintos vídeos en Internet para mostrar la cruda realidad de lo que tienen que aguantar día a día. Para intentar arreglar la situación, el Ayuntamiento ha tomado distintas medidas instalando allí un edificio de la Policía Municipal, peatonalizando la calle y colocando cámaras para mejorar la seguridad. Con esto se pretende conseguir que esta calle tenga una importancia comercial similar a sus vecinas Preciados o el Carmen, aunque por desgracia, a día de hoy el comercio que sigue reinando es el de la carne.










































