lunes, 31 de agosto de 2009

El encuentro entre la sabiduría y la ignorancia

Sabiduría e ignorancia, aunque difíciles de definir, son dos conceptos completamente opuestos pero íntimamente relacionados. Ambos podemos encontrarlos en Madrid representados en el Paseo del Prado, al lado del Ministerio de Sanidad. Allí entre los jardines aparece un monumento dedicado por el Ayuntamiento de Madrid «a la memoria del magisterio» del escritor, periodista y filósofo Eugenio d'Ors.

Fallecido en 1954, este monumento fue idea del arquitecto Victor D’Ors hijo de Eugenio. Inaugurado en 1963, el monumento consta de dos partes: por un lado aparece un medallón que representa el busto del escritor y por el otro aparece una figura femenina tratando de calmar, con un gesto de su mano derecha, a un dragón.

En este particular duelo al sol, la mujer, representa a la sabiduría, y frente a ella está el dragón representando a la ignorancia. Para rematar el conjunto, aparece un extenso texto del escritor: "Todo pasa, una sola cosa te será contada y es tu obra bien hecha..."

En este tiempo que nos ha tocado vivir, en el que por desgracia en muchísimas ocasiones tiene más éxito, y también más reconocimiento, el ignorante que el sabio no está de más recordar algunas sentencias que nos dejan bastante claro cuál es la relación entre ambas:
"Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría". (Salomón)
"La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia" (Sócrates)
"La sabiduría y la razón hablan; la ignorancia y el error ladran" (Arturo Graf )
"Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber."(Benjamin Disraeli)

O simplemente: "Sólo sé que no sé nada."

viernes, 28 de agosto de 2009

Madrid y el desnudo anónimo

La entrada de hoy llega de la mano de Juan Rey, al que conocí en la web de tus relatos. Autodefinido como vago profesional, Juan tiene entre otras, aficiones como chapotear descalzo en los charcos, pensar en sexo, y comprarse los zapatos dos números más pequeños. Según él me comentó, las palabras con las que nos muestra su particular visión de Madrid le salieron una noche en la que el alcohol fue su principal inspiración. Veamos cómo quedó el combinado.


Madrid y el desnudo anónimo
que por delante el deneí y por detrás

el tapón de corcho.


Barbieri, Fuencarral,
el Polanas y el mariconismo.

El vicio, el tricio, el triciclo

y el pinchazo en la rueda de plástico

que tiene un niño

que abarca el océano con sus brazos.


Mientras,

la Virgen de Guadalupe le dice no

a la Nueva España

y manda al caimán

a convivir con cinco gatas.

El colilo se enfunda los dientes,
se traga las lágrimas.

Las cuencas y el Amazonas
en salazón...

como una anchoa.


Vermú de grifo y bocadillo de culomares.

Dieta mediterránea en el mar Caribe

pasando por Cantabria,
Córdoba

y todos los filos

de las ciudades cortantes.

( y luego dicen que las mejores navajas son las de Albacete...)


De Cabestreros a Castradores

dos restaurantes

de negros

con cinco tenedores.


Contenedores del humor

que mana de las piernas

de la Virgen de Guadalupe.

Félix y el caimán,

Rodríguez de la Fuente.

Huevos y mantequilla... ..
¡que en esta casa no hay aceite!

miércoles, 26 de agosto de 2009

Madrid crisol de razas

Las respuestas de hoy llegan gracias a Iván Lasso, un madrileño que actualmente reside en Ecuador, y que lleva ya algo más de cuatro años sin pisar la ciudad. Si quieres conocer más de él tienes para elegir ya que tiene distintos proyectos en funcionamiento. Micronte un blog en el que nos enseña sus pequeños cuentos; la web Proyecto Autodidacta, en la que podrás conocer algo más sobre la informática con la ayuda del cómic; el blog The Max, un webserial de acción y Todo está dicho un blog personal.


1. ¿Qué te seduce y qué te hastía de Madrid?
La gente, la variedad de gustos y tendencias que se exhiben; y la multiculturalidad, ese crisol de razas en que se ha ido convirtiendo. ¡Es magnífico! Y el centro (de manera flexible) desde Lavapiés hasta la Gran Vía.

2. ¿Qué le falta y qué le sobra a Madrid?
Cuando estuve la última vez, me dió la impresión de que Madrid había perdido naturalidad, espontaneidad.
Le sobraba tal vez planificación, formalidad, rigidez.

3. ¿Qué edificio, monumento, escultura es el que más te gusta de Madrid? ¿Hay alguno al que le tengas especial antipatía?
Hay tantos... Pero me gusta mucho La Cibeles y, por supuesto, la botella de Tío Pepe, símbolo de la puerta del Sol.
La verdad es que no le tengo antipatía a ninguno en especial (el amor de lejos mitifica)

4. ¿Qué medio de transporte utilizas para moverte por Madrid?
Metro y autobús. De verdad, cuando estás lejos, el metro se extraña y mucho.

5. ¿Cómo definirías el cielo de Madrid?
Como aquel en el que haré el sempiterno agujerito para seguir viéndolo.

6. ¿Cuál es la canción que para ti describe mejor esta ciudad?
Yo me bajo en Atocha de Joaquín Sabina.

7. ¿Madrid, Atleti o ninguno de los dos?
No me gusta el fútbol, pero me siento más afín al Atleti.

8. ¿Gallardón, Aguirre o ninguno de los dos?
Tierno Galván, el viejo profesor.

9. ¿Cuál es tu zona favorita para ir de cañas o vinos?. ¿Cuál es tu restaurante favorito?
De cañas o vinos, solía ir en sus tiempos por los aledaños de la Plaza Mayor, llegando hasta el Anciano Rey de los Vinos (¿aún existe?). Ahí, el asunto iba por botellas ;-) Y los bajos de Argüelles (ah no, que por ahí era de "minis").
De restaurantes, no "sabo", no contesto.

10. ¿Cuál es tu barrio favorito de Madrid?
El mío: Arganzuela.

lunes, 24 de agosto de 2009

El muerto al hoyo y el vivo al bollo

Cansado de escuchar en las noticias lo despejadas que están las calles de Madrid estos días de agosto, me apetecía traer hasta aquí uno de esos lugares que no necesitan que sea verano para que estén vacíos, al menos en apariencia. Situada junto al Parque de San Isidro, en la Calle Comuneros de Castilla, se encuentra la Sacramental de Santa María construida entre 1841 y 1842 sobre lo que era la ermita de San Dámaso.

Su existencia se debe en parte a José Bonaparte ya que al decretar que ya no podían enterrarse a los difuntos en las iglesias, surgen los cementerios estatales así como los camposantos de las archicofradías y las sacramentales, en los que éstas enterraban a sus afiliados.

El "honor" de ser el primero en descansar en esta Sacramental recae sobre Domingo González de León, enterrado aquí un 19 de julio de 1842. Poco tiempo después la política de enterramientos cambió y a partir de 1844 empezaron a llegar hasta aquí todos aquellos pobres que morían en el Hospital General, al desaparecer el pequeño cementerio que éste tenía.

Aquí descansan la actriz cómica Loreto Prado, el general y ministro de la guerra Polavieja, Francos Rodríguez, alcalde de Madrid en dos ocasiones, y el escritor y dramaturgo Jardiel Poncela. Recientemente, en 1999, se despositaron en la capilla de la Sacramental los restos del beato Bernardino Obregón, personaje íntimamente relacionado con la historia de este lugar ya que fundó en 1580 de la Archicofradía del Hospital General, cuya función era tanto el cuidado del cuerpo de los enfermos así como la salvación de sus almas.

La Cofradía de los hermanos obregones era conocida popularmente con el nombre de "los hermanos del hoyo", ya que sus miembros pedían limosna en la puerta de la iglesia del Hospital General para el "hoyo" o fosa común, en el que descansarían los restos de los más pobres.

Hoy esta Sacramental, pequeña, tranquila, y casi olvidada, observa desde su posición al estadio Vicente Calderón, y con pena asume que tarde o temprano, por desgracia será temprano, este lugar de reunión de algunos amantes del fútbol descansará junto a los habitantes del cementerio el sueño de los justos.

viernes, 21 de agosto de 2009

El pollo

La entrada de hoy llega gracias a TitoCarlos autor de Soy Tito Carlos, un blog "de un gato pucelano que regala historias". En esta entrada nos relata uno de sus recuerdos de su infancia cuando vivía en el madrileño barrio de Argüelles.

Todos los domingos por la mañana mi padre iba a visitar a su hermana y me llevaba con él. Me encantaba demostrarle que me conocía el camino de casa al metro y del metro a casa, pensando en que algún día lo haría sin compañía. Recitaba el nombre de las pocas calles por las que pasábamos y todas las estaciones de metro. Bajábamos por la calle de Galileo porque siempre se encontraba con amigotes y tomábamos Fernando el Católico hasta Magallanes, parando un ratito en Casa Ricardo, para saludar y eso; un poco a la derecha está la glorieta de Quevedo, y al metro.

Nos desplazábamos hasta Goya y andábamos hasta la salida de Metro de Velázquez, que era cuesta abajo y ahí vivía mi tía. A la vuelta tomábamos el metro en Velázquez, porque hasta Goya es cuesta arriba, y hacíamos el trasbordo. Saludaba a mi tía y me iba a la cocina; alucinaba en aquella cocina. Era tan grande como mi casa entera; su mesa era como la del comedor de mi casa y cabían cuatro sillas, cuando en la mía no cabía la banqueta y no había ni mesa. Pero lo que más me impresionaba era la nevera, de esas con curvas en las esquinas y ningún ángulo, dando la impresión de una cosa gorda, y con ese picaporte tan raro para abrir su puerta y que hacía “pfffssss!” cuando se cerraba…

Mi tía tenía cocinera; era muy simpática, y siempre me daba una pera de agua o melón fresquito que sacaba de la impresionante nevera. Creo que mi padre nunca se enteró que a media mañana tomaba esas cosas, porque él, que era muy listo, sabría por qué regresaba a casa con tanta hambre. Y es que con esas limpiezas de estómago, las ganas de comer que me entraban al medio día eran espantosas.

Me pasaba el camino de vuelta recordando a mi padre el hambre que tenía, y siempre, como un reloj, había la misma escena frente al bar ‘La Ría del Narcea’, sita en Fernando el Católico frente a lo que eran Galerías Preciados de Arapiles pero por la parte de atrás, antes de llegar a Escosura. Este bar tenía un cartel que decía ‘El pollo dorado’ y tenían la primera máquina asadora de pollos que he visto en mi vida, y estaba colocada de forma que se viera bien desde la calle, churruscándose, dando vueltas y chorreando grasa… a veinte minutos de la hora de comer. “¡Papaaa, cómprame un pollo!”, y a pesar de las negativas yo no me movía observando el girar de los pollos e insistiendo a gritos aquella petición, hasta que mi padre me cogía de la mano y me arrastraba mientras seguía gritando. “¡Jóoo, yo quería un pollo!”

Era así todas las veces, pero no pasaba nada, llegábamos a casa despotricando, comía y ya estaba, pero no se qué pasó aquel domingo, quizá mi padre se enfadó con su hermana y venía calentito, no sé. Me cogió por los brazos y me levantó a su altura, apretaba los labios como para decir algo espantoso, pero en vez de eso me metió en volandas en el bar y me sentó en una silla junto a una mesa. “¡Póngale un pollo al niño de los….!” Gritó a un camarero que se reía mucho, yo creo que es que ya nos conocía de otros domingos. Me plantaron un pollo en la mesa, un poco de pan y un vaso de agua.

Mi padre se quedó en la barra tomándose una cerveza y sin quitarme ojo observó como arrancaba los muslos y me los llevaba a la boca chorreando grasa por la comisura de los labios y por mis deditos, mis manos y mis muñecas; tras los muslos desmenucé las pechugas y me las comía en pequeños trozos acompañando con pan y agua que tuvieron que reponerme varias veces. Me comí la piel churruscadita y rechupé las alitas, deliciosas, antes de mordisquearlas y acabar con ellas, y pedí un plato para los huesos; tuve que insistir, no me lo querían dar, pero es que tenía que quitar todos los huesos y huesecillos, ya rechupados, para poder mojar el pan cómodamente. Una vez limpio el plato consumí un servilletero tratando de que desapareciera toda la grasa de mis manos y mi cara, y me puse en pie ante mi padre que iría por la tercera cerveza y dije mientras sacudía una mano sobre la otra “¡Ya está!”.

El camino a casa fue lento y me salió sin querer un eructo laaargo que incluso me asustó, más que nada por si recibía un coscorrón de mi padre, pero parecía cansado para eso. Mi padre era la autoridad de la familia, así que no pasó nada cuando llegamos a casa tarde para comer, y dijo que ese día ni él ni yo comeríamos. Me puse a jugar mientras mi padre se echaba una siesta. Recuerdo aquel pollo como el mejor que he comido en mi vida, pero no recuerdo la razón por la que dejé de exigir comerme otro; no lo volví a hacer. Pasábamos por el mismo sitio y saludábamos amigablemente a los camareros, pero no volví a entrar en aquel paraíso del pollo asado.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Detesto a los que odian Madrid porque es lo que toca

Las respuestas de hoy nos llegan gracias a Susie Derkins que me mandó estas respuestas a mi correo. Como no dispone de blog ni web (no es necesario) sólo pudeo deciros que en el correo que me mandó ella se autodefine como "madrileña hasta la muerte, enamorada de esta ciudad y de su gente".

1. ¿Qué te seduce y qué te hastía de Madrid?
Me seduce Madrid en sí, su esencia y su gente, mis recuerdos en ella, caminar, descubrir, sus calles, edificios, bares, ambiente... Me hastía el tráfico y la gente que odia Madrid porque es lo que toca...

2. ¿Qué le falta y qué le sobra a Madrid?
Le falta un buen alcalde (y un carril bici). Le sobra la polución que algunos días nos visita...

3. ¿Qué edificio, monumento, escultura es el que más te gusta de Madrid? ¿Hay alguno al que le tengas especial antipatía?
Me encanta el edificio Metropoli y la Biblioteca Nacional (por supuesto el edificio de Correos también...pero eso creo que es algo obvio), pero me encanta descubrir nuevos sitios increíbles donde menos te lo esperas. Le tengo especial manía al Bernabéu y a la Cibeles por motivos obvios...

4. ¿Qué medio de transporte utilizas para moverte por Madrid?
Siempre que puedo el bus, para poder ver Madrid, y cuando no queda más remedio, el metro.
El Cercanías también lo cojo muchísimo, pero más que para moverme por Madrid, para ir a sus pueblos.


5. ¿Cómo definirías el cielo de Madrid?
Increíble. Nunca sabes qué te vas a encontrar, y aún cuando hay polución tiene un especial encanto, sobre todo de noche, cuando se ven las luces del centro a lo lejos.

6. ¿Cuál es la canción que para ti describe mejor esta ciudad?
Me quedo con tres: Yo me bajo en Atocha de Sabina, Calles de Madrid de Quique González y Madrid de Pereza.

7. ¿Madrid, Atleti o ninguno de los dos?
Atleti, sin duda y con orgullo, siempre.

8. ¿Gallardón, Aguirre o ninguno de los dos?
Ninguno de los dos, pero tampoco otros. Por favor!!!! Alguien diferenteeeeeee!!!!

9. ¿Cuál es tu zona favorita para ir de cañas o vinos?. ¿Cuál es tu restaurante favorito?
Me quedo con la zona de La Latina o Lavapiés. En cuanto a los restaurantes hay mil, y me es imposible elegir. Aún así me quedo con cualquiera en el que atiendan bien, la comida esté buena y esté muy bien acompañada... Me gustan mucho los de la cadena de la Gloria de Montera y demás... comida buena a un precio justo.

10. ¿Cuál es tu barrio favorito de Madrid?
Pues aparte del mío, me quedo con Latina o Chamberí....

lunes, 17 de agosto de 2009

Una comida con mucha historia

Si quieres quedar bien con tu acompañante, y cenar en un sitio caro, sí es caro, pero lleno de historia por los cuatro costados, te recomiendo el restaurante la Capilla de la Bolsa. Allí estuvo la primera Bolsa de comercio y valores, y de ahí el nombre de la calle en la que se encuentra, calle de la Bolsa.

Durante la Edad Media aquí estuvo la ermita de Santa Cruz relacionada según la leyenda con la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, es decir, con los míticos templarios. Posteriormente funcionó como como Colegio de Notarios e incluso como lugar de reuniones de Las Tres Flores de Lys, también llamada La Matritense, la primera logia masónica en Madrid.

Como cualquier lugar con historia que se precie aquí también se dieron sucesos misteriosos. En una ocasión varios feligreses contemplaron un inexplicable hecho acaecido en la torre de la ermita, denominada por su altura "la atalaya de la corte". Desde allí un extraño ser advirtió que venía desde el otro mundo para anunciar el inminente fin del Imperio español de los Austrias. A pesar de que su aparición se repitió en alguna ocasión más nunca se supo darle una explicación a este hecho.

En lo que se refiere al restaurante hay que decir que se han conservado los arcos, columnas y bóvedas originales. Allí, rodeado de esa decoración, a la vez que disfrutas con sus platos puedes escuchar música en directo gracias al piano de cola que está situado en el antiguo coro de la capilla en el salón principal.

Como la llegada de nuestra segunda hija estaba próxima, me acerqué hace unos días junto a mi mujer y pudimos disfrutar de unos platos bastante buenos en lo que se refiere a presentación y calidad.

Lógicamente todo esto hay que pagarlo y por eso comer aquí te saldrá por unos 55 euros, pero creo que merece la pena por todo lo mencionado en esta entrada. Así que si quieres tener una velada especial, este es un buen lugar para poder disfrutar de una buena cocina, rodeada de historia por los cuatro costados.

viernes, 14 de agosto de 2009

El hombre del cajero

La entrada de hoy nos llega gracias a Fran Pomares, autor del blog Calle Mayor en el que este periodista nos da su visión del otro Madrid, ese Madrid que se intenta ocultar pero que por desgracia está ahí, vivito y coleando.

Rolando echó el pestillo de la puerta. Era un sitio pequeño, iluminado por una luz blanca que más parecía la de un depósito de cadáveres que la de un cajero automático en el centro de Madrid.

La pantalla del dispensador de billetes mostraba un mensaje en constante parpadeo: "Hipoteca fácil". Rolando sonrió amargamente al leerlo.

Fuera del cajero, la calle era un hervidero de gente camino de casa tras un día duro de trabajo. El sol se había escondido hacía un par de horas tras la Casa de Campo. La ciudad estaba ya a merced de los faros de los coches, neones y farolas.

Rolando echó un último vistazo a través del cristal del habitáculo bancario. Se giró y se tendíó de nuevo sobre el suelo arropándose con una sucia manta a la espera de que de nuevo el sol o la señora de la limpieza de la sucursal le despertaran.

Decenas de personas duermen cada noche en Madrid en cajeros automáticos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Me seduce el olor a pueblo de las calles viejas de Madrid

Después de un pequeño parón, retomo la actividad de este blog con las respuestas que me envió Conchy Navarrete de la Asociación Amigos del Foro Cultural de Madrid a mis diez preguntas sobre Madrid. Esta asociación es un grupo de gente enamorada de Madrid que busca dar a conocer toda la historia, cultura, tradiciones y en definitiva todo el encanto que tiene nuestra ciudad.


1. ¿Qué te seduce y qué te hastía de Madrid?
Me seduce el olor a pueblo de sus calle viejas, el silencio del centro de la capital de España, sus rincones únicos que te trasportan al pasado, el seguir siendo Villa.
Me hastía la crítica sin mesura, sin juicio y sin una pizca de agradecimiento a quien esta ciudad acoge sin reservas, sin puertas.


2. ¿Qué le falta y qué le sobra a Madrid?
Le falta admiración por parte de los que vivimos en Madrid.
Le sobra la gente que vive y no sabe donde está la Cibeles...

3. ¿Qué edificio, monumento, escultura es el que más te gusta de Madrid? ¿Hay alguno al que le tengas especial antipatía?
Miles, me gustan, pero diré que la Fuente de Villanueva en el Parque del Oeste, un poco más que otros miles.
Antipatía, algunos “Cementales “ hechos sin arte y sin amor a la arquitectura.


4. ¿Qué medio de transporte utilizas para moverte por Madrid?
El metro y el bus. No conduzco.

5. ¿Cómo definirías el cielo de Madrid?
Ensoñador.

6. ¿Cuál es la canción que para ti describe mejor esta ciudad?
Está por hacer, pero la de Agustín Lara Madrid, Madrid, Madrid, tiene peso.

7. ¿Madrid, Atleti o ninguno de los dos?
Los dos son madrileños, los dos le dan patadas al balón, no hay diferencia.

8. ¿Gallardón, Aguirre o ninguno de los dos?
El alcalde y el presidente/a, de Madrid, sin nombre.

9. ¿Cuál es tu zona favorita para ir de cañas o vinos? ¿Cuál es tu restaurante favorito?
Para ir de cañas o vinos tanto Huertas como La Latina.
En cuanto al restaurante, cualquiera que me trate bien. Hay muchos la verdad, pero Alatriste está bien.


10. ¿Cuál es tu barrio favorito de Madrid?
Los Jerónimos -Atocha-

viernes, 7 de agosto de 2009

¡No compre aquí!

Manolo Blahnik, Jimmy Choo, Sergio Rossi , Ernesto Espósito, Pedro García..., ninguno de estos diseñadores, famosos hoy día, estaban detrás de ese cartel que me traía por la calle de la amargura: “No compre aquí, vendemos muy caro”.

Siempre que de pequeño me acercaba con mi familia al centro, y pasaba junto a ese cartel, mi cabeza chirriaba. "¿Cómo pueden poner eso?" "Así nadie se acercará a comprar". "Ellos mismos están echando a los clientes". Pensamientos parecidos a estos me venían a la cabeza, y es que por mucho que lo intentara no me explicaba como podían intentar vender así.

Poco sabía entonces sobre publicidad, y poco conocía sobre técnicas para atraer al cliente. El cartel ahuyentador se encontraba en la Puerta del Sol, y pertenecía a Los Guerrilleros, una cadena madrileña de zapaterías que utilizaba la ironia como forma de reclamo.

Hoy, muchos años después, el eslogan sigue presente en su negocio aunque supongo que con todo lo que los críos hoy saben, no les resultará chocante. Con sus precios asequibles y su gran variedad de productos, esta zapatería continúa desde 1962 intentado que nos calcemos sus zapatos y copremos sus complementos.

Dicen los que entienden de esto que aunque no son productos de gran calidad la relación calidad-precio es inmejorable y de hecho ahí siguen casi ciencuenta años después intentando competir con las nuevas firmas que abarrotan el mercado. Está claro que aquí no te vas a gastar miles de euros en un par de zapatos y no podrás presumir del glamour y la sofisticación que te prometen otros sitios, pero saldrás contento y con la cuenta corriente sin números rojos.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Prefiero los barrios del sur, pobres pero con más humanidad

Hoy responde Mamen, autora del blog Mi azul de Mar, a las diez preguntas sobre Madrid. En su caso, es la segunda vez que participa activamente en el blog ya que hace un tiempo publiqué un relato suyo, “Un Madrid en guerra” en el que nos recordaba algunas de las miserias de nuestra triste Guerra Civil.


1. ¿Qué te seduce y qué te hastía de Madrid?
Me seduce la variedad que ofrece en cuanto a ocio, museos, visitas, parques, restaurantes, teatros, cines...
Me hastía la gente, demasiada en todas partes.


2. ¿Qué le falta y qué le sobra a Madrid?
A Madrid le falta limpieza, cuidado en sus calles y educación en sus ciudadanos. Así como una norma que regule los locales tradicionales y antiguos para que no se conviertan en comercios impersonales como los todo a un euro, que proliferan por lo que eran los barrios típicos de Madrid. Todo lo típico se va perdiendo.
¡Por su puesto le sobran OBRAS y zanjas!


3. ¿Qué edificio, monumento, escultura es el que más te gusta de Madrid? ¿Hay alguno al que le tengas especial antipatía?
Mi preferido es el Angel Caído del Retiro, por eso de ir un poco “en contra de las normas” y representar al diablo.
Antipatía le tengo, y mucha, a las torres mastodónticas que se construyeron en los terrenos de la Ciudad Deportiva del Real Madrid.


4. ¿Qué medio de transporte utilizas para moverte por Madrid?
El Metro, lo más rápido (a veces, pero de volar nada).

5. ¿Cómo definirías el cielo de Madrid?
Contaminado, atmosférica y lumínicamente. No se ve ni una estrella, pero con unos bellos y anaranjados atardeceres que puedo observar desde mi terraza, eso sí, no sé si la causa son las partículas suspendidas en el ambiente, pero bonitos son (osea que sigo opinando que está contaminado, jaja)

6. ¿Cuál es la canción que para ti describe mejor esta ciudad?
Uff, las de Sabina, nuestro hijo adoptivo por excelencia, tiene muchas, pero por ejemplo su “Pongamos que hablo de Madrid”

7. ¿Madrid, Atleti o ninguno de los dos?
Siempre fui del Madrid por herencia familiar, pero por personalidad debería de haber sido del Atleti. La verdad que hoy me la traen al fresco los dos (con perdón)

8. ¿Gallardón, Aguirre o ninguno de los dos?
¡Por favor! NINGUNO.

9. ¿Cuál es tu zona favorita para ir de cañas o vinos?. ¿Cuál es tu restaurante favorito?
Para cañas y vinos prefiero el Centro, La Latina, y la Cava Baja. No tengo restaurante favorito.

10. ¿Cuál es tu barrio favorito de Madrid?
Los del sur siempre. Los míos son aquellos de la ropa tendida , las amas de casa charlando de ventana a ventana con los rulos puestos y los mercados de barrio. La panadería del señor Pedro y la frutería del señor Angel. Pobres pero con mucha más vida humana que los del norte.

lunes, 3 de agosto de 2009

Amores sangrientos

El responsable de la historia que hoy llega aquí es el polifacético Samsa, autor de Samsablog un lugar donde podrás disfrutar de multitud de textos, vídeos, viñetas, ... En este caso la historia que nos regala se desarrolla en el Metro de Madrid y tiene un final no apto para corazones sensibles. No digáis que no os avisé.

Apoyado contra aquella valla esperando que abriera el metro comprendió que las copas no curan la nostalgia. Al final los recuerdos encuentran un resquicio para arrugarte el alma. La plaza de Tirso estaba llena de cadáveres esperando a resucitar. El olor a orina, los panfletos de gente que compra oro, y los briks de vino se acumulaban en el suelo.

Con las manos en los bolsillos intentaba protegerse del frío del fin de la madrugada, mientras se maldecía por haberse tomado las últimas tres copas. Apenas podía articular palabras. Movía la cabeza con la flexibilidad de un pollo al que le han roto el cuello.

Los ruidos de los cierres de los quioscos advertían que la estación de metro abriría de un momento a otro.

Sus amigos se habían ido escabullendo a lo largo de la noche. Al final acabó con una copa de un falso ron añejo a precio de saldo mirando obsesivamente a las últimas supervivientes del local. La última esperanza tenía el pelo moreno y camiseta a rayas. Un par de besos. Trataba de acordarse del nombre mientras se abrían las puertas de un largo trayecto a casa. En vano, desistió de acordarse. Quizás empezase por eme.

Bajó las escaleras sujetándose de la barandilla. En cada paso se hundía como un bloque de hormigón en el océano hasta que su pie hallaba el siguiente peldaño. Superó con un asombroso automatismo el proceso de sacar el billete del abono, introducirlo en la estrecha ranura, sortear el torno, recoger al billete y volver a depositarlo correctamente en su abono. Se sentía como un muerto viviente arrastrando los pies, dirigido por una única neurona que le marcaba el camino de regreso a casa.

Al llegar al andén contempló que le quedaban catorce minutos aún hasta que llegase el metro. Se apoyó contra la pared y se dejó caer resbalando con poca suavidad hasta el suelo. Aquel repentino movimiento llamó la atención de un miembro de seguridad que adornaba su porra con una banderita de España.

Se miró los brazos y su color no le pareció muy diferente al de las paredes amarillas del andén. Se pregunto si había adquirido la habilidad de mimetizarse o si simplemente estaba enfermo.

El guardia de seguridad se acercó hasta él y se le quedó mirando. Intrigado por la persona que se había colocado justo en frente de él alzo la mirada y trató de reconocerle. No le conocía.
- Ahí no se puede estar.

Se quedó en silenció unos instantes, tratando de conectar adecuadamente las letras que se le acumulaban en su pastosa lengua.
- ¿Me oyes? Te he dicho que ahí no se puede estar.

Guiñaba los ojos tratando así de despejarse un poco y enfocar tanto la vista como las palabras que llegaban a sus oídos.
- ¡Que te levantes cojones!

Se levantó haciendo un movimiento inverso al anterior. Haciendo fuerza con la espalda contra la pared consiguió recuperar la verticalidad. El guardia se marchó con una sonrisa sádica en la boca.

Al llegar el metro se sentó en el sitio más alejado de todos los demás pasajeros y cerró los ojos. Calculó las siguientes paradas para asegurarse que se podía dejar vencer por el cansancio. Tirso de Molina – Sol - Gran Vía - Tribunal acudieron a su memoria con la cadencia propia de la canción y luego tuvo que esforzarse un poco más para recordar que seguía Bilbao, Iglesia, Ríos Rosas y por fin Cuatro Caminos.

Esa voz. Se despertó dudando si había escuchado su voz. Miró a los lados tratando de cerciorarse si solo había sido producto de su estado o de un sueño. No la vio, así que volvió a cerrar los ojos.

Esa risa. Volvió a recuperar la consciencia sobresaltado. Esta vez miró más detenidamente a la gente que ocupaba su vagón. La vio. Se había cortado el pelo. No estaba sola. Su corazón y su cabeza se alternaban en sus funciones. Sístole – Puta – Diástole – Puta – Sístole – Puta – Diástole – Puta. No le había visto. Estaba muy ocupada seduciendo al chico que estaba con ella. Esa risa de nuevo. Jodida puta.

El tren se encontraba parado en Iglesia. El amarillo del andén le hizo mirarse de nuevo los brazos. Tenía que estar enfermo.

Al llegar a Cuatro Caminos se quedó sentado. Clavaba los ojos con tanta fuerza en la pareja que los pasajeros que se percataron de su rabia alternaban la mirada como en un maldito partido de tenis.

La pareja se bajó en la siguiente parada, Alvarado. Iban de la mano. Reían. Se besaban. Se abrazaban. Se tocaban. Parecían tan felices.

Se tapó la cabeza con las manos con desesperación cuando toda esa información fue procesada por su sistema emocional.

Salió detrás de ellos. Al llegar a su altura cogió a la chica del cuello con el brazo derecho y haciendo fuerza con su pierna izquierda logró estamparle la cabeza contra la pared del andén. El resto del cuerpo cayó al suelo sin oponer ninguna resistencia. La cabeza se le ensangrentó en unas décimas. Unos pequeños espasmos hacían que sus pechos se movieran como si estuviera haciendo el amor con la muerte.

Apoyó la espalda contra el andén y se dejó caer de nuevo hasta el suelo. El chico empezó a gritarle algo y a golpearle en la cara. Golpeaba duro, con rabia. Sus ojos daban miedo. Debía estar loco. Empezó a sangrar. Notó como se le reventaban los labios y perdía uno de los dos palatales. El chico cesó y se acercó al cuerpo de ella pidiendo que alguien consiguiera ayuda. Gritaba mucho. Era molesto.

Sus sangres se habían encontrado en el suelo formando un reguero que se precipitaba gota a gota a la vía. Era bonito. Se miró preocupado una vez más los brazos, estaban completamente amarillos, apenas se podían diferenciar de las paredes del andén.